Géneros

Cuidados, derecho universal

personal de salud

En la tradición teórico-política moderna, aquello a lo que hoy llamamos “cuidados” se deriva de una actividad “natural”: la protección, alimentación y sanitización de la cría que –según se sostiene– llevan a cabo las hembras de modo necesario y, por lo tanto, también las humanas. Dicho de otra forma, de la mentada “disposición natural” hacia la cría, se deducen la protección y contención afectiva de otros/as, el aseo y la provisión de alimentos en general. En cuanto feminizados y naturalizados, los cuidados aún hoy representan una actividad muy poco valorada socialmente y, en este sentido, muy mal remunerada o directamente no retribuida.

Curiosamente, en el nuevo contexto de aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO), declarado por el gobierno de Alberto Fernández en Argentina como medida de emergencia sanitaria, se viene llamando “actividades esenciales” a varias de las tareas del Mercado peor remuneradas históricamente y vinculadas a los cuidados: cuidadoras domésticas no calificadas, auxiliares de la salud, cocineras.

La “Encuesta Permanente de Hogares” de Economía Feminista realizada durante el primer trimestre de 2020 expresa esa falta de reconocimiento simbólico –y derivadamente monetario– con claridad: el “servicio doméstico” (entre quienes debe contarse a cuidadoras no calificadas y cuya tasa de feminización es de un 95%) es la actividad ostensiblemente peor paga del Mercado. Los “servicios sociales y de salud” (cuya tasa de feminización asciende al 70%) constituyen probablemente la rama de la ocupación calificada peor remunerada, especialmente si se disocian médicos/as y funciones auxiliares (fundamentalmente, enfermeras).

Paralelamente a esta nueva nominación, circuló un imperativo, tan o más importante que la regia marcha de las “actividades esenciales”: “quedate en casa”. Entre otras cuestiones de grave tenor, ligadas a las violencia física en el ámbito doméstico hacia mujeres y niños/as, permanecer en el hogar supuso un aumento de las tareas de cuidado realizadas por mujeres, como lo demuestra de modo contundente el “Diagnóstico de la situación de las mujeres rurales y urbanas, y disidencias en el contexto de COVID-19”, publicado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, el CONICET y el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad en julio de 2020. No solo aumentaron las tareas de cuidado para las mujeres en el ámbito doméstico, sino que también se ha incrementado la brecha de desigualdad entre mujeres (que incluye la población cis, trans, urbana, migrante y/u originaria) y varones. Las mujeres se convirtieron en las principales cuidadoras y responsables de las personas que integran la novedosa “población de riesgo” y mermó la producción autorealizativa. Por ejemplo, en revistas científicas, se registra una notoria menor cantidad de producciones por parte de académicas de todo el mundo (Kitchener, 2020).

Por último, la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía de Argentina, publicó en agosto de 2020 un alarmante informe: el trabajo no remunerado, fundamentalmente doméstico y realizado en un 75.7% por mujeres, ascendió de un 15,8% del Producto Bruto Interno de Argentina (PBI) a un 21,9% durante los meses del ASPO. De este modo, se coloca en el sector de mayor aporte en toda la economía, seguido por la industria (13,2%) y el comercio (13%).

Al no haber realizado ningún tipo de previsión pública, numerosos gobiernos a nivel global fueron responsables del colapso de sus sistemas de salud y, por consiguiente, de muertes evitables. Este no es el caso de la Argentina, que desde un primer momento reconoció la necesidad de concentrar la inversión fiscal en la salud y en la protección económica de los sectores más empobrecidos. En la excepcionalidad sin precedentes provocada por la pandemia mundial, el vocablo “cuidar” y “cuidados” en la Argentina adquirió una relevancia que de ningún modo puede entenderse como retórica. Pese a ello, como recién lo notamos, la situación económica, sanitaria y personal de las mujeres empeoró de modo patente.

Walter Benjamin dijo una vez que, en épocas de crisis, las imágenes ofrecidas por la situación pueden constituir una oportunidad para una transformación social igualitaria, pero también pueden servir a los fines de las fuerzas conservadoras y contribuir así a una catástrofe. ¿Es posible que estemos ante alguna de esas imágenes peligrosas hoy? ¿Tenemos hoy la oportunidad de volver al Estado feminista? ¿Qué tipo de Estado sería ese que reconozca en la nueva normalidad la relevancia de los cuidados?

Ética del cuidado

Existió a fines de la década de 1980 una corriente conocida como de la “ética del cuidado”, que produjo textos como Public Man, Private Woman (1981) de Jean Elshtain, In a Different Voice (1982) de Carol Gilligan y Maternal Thinking (1989) de Sara Ruddick, entre otros.

In a Different Voice, publicado por primera vez en 1982, es probablemente el más importante de estos trabajos, aun cuando prorroga definiciones y metodologías binaristas que deberían ser aggiornadas. Gilligan realiza un estudio de psicología social para observar las distintas perspectivas sobre la justicia en sujetos de dos grupos, varones y mujeres, lo que por supuesto ya otorga un sesgo a su teoría. Sin embargo, ella es mucho más enfática que sus coetáneas a la hora de postular que las distintas perspectivas éticas tienen orígenes en una formación social también binarizada. En este sentido, su estudio arroja una información aun hoy atendible: existe una ausencia en los ideales de justicia masculinos que tiene que ver con la incapacidad de vincular cualquier idea de justicia a la escucha. Gilligan cree que esta ausencia está directamente asociada a los principios de la justicia tradicional y los obstáculos que imponen para que se exprese la voz de la diferencia en primera persona. De allí el título del libro.

Según Gilligan, la ética de la justicia que orienta el razonamiento moral masculino se funda en principios morales abstractos, adopta un punto de vista imparcial y trata de no involucrarse afectivamente. La ética del cuidado que orienta el razonamiento moral femenino, tiene juicios morales más empáticos, adopta un punto de vista afectivo, que se involucra en la vivencia del otro, considerándolo un “otro concreto”. La ética del cuidado es una ética de la responsabilidad por los otros.

Ahora bien, lo interesante de la teoría de Gilligan es que no busca señalar que un punto de vista ético es mejor que el otro, sino que el segundo ha sido relegado de la política porque justamente pertenece a la diferencia y no al general o universal.

Seyla Benhabib rescató tempranamente a Gilligan de las acusaciones de esencialismo, en un texto intitulado “El otro generalizado y el otro concreto” del año 1990. En ese texto, Benhabib ya no habla de una ética de los varones y una de las mujeres sino de la necesidad de criticar las teorías morales universalistas de la tradición occidental. No se trata de eliminar una teoría sino de volver más abarcativa a la tradición liberal-republicana. La universalidad no debería ser ya “un ideal regulativo que niega nuestra identidad incardinada y arraigada, sino [debería tender] a desarrollar actitudes morales y a alentar transformaciones políticas que puedan conducir a un punto de vista aceptable para todos” (1990: 6). Iris Young refuerza esta idea en La justicia y la política de la diferencia (1990):

Universalidad en el sentido de participación e inclusión de todas las personas en la vida moral y social no implica universalidad en el sentido de adopción de un punto de vista general que deja de lado las afiliaciones, sentimientos, compromisos y deseos particulares. De hecho (…) la universalidad como generalidad ha operado a menudo precisamente para evitar la inclusión y participación universales (2000: 180).

Estas ideas sobre una universalidad interactiva (más empática y cuidadosa) resultan centrales para la gestión de políticas públicas y han representado un insumo teórico realmente cardinal. Existen sobradas pruebas de cómo un Estado más empático y tendiente al cuidado constituye otro tipo de proyecto que el del paternalista Estado de Bienestar.

Ahora bien, creemos que en nuestra época se trata de dar un paso más, no solo de que el Estado tome nota de los cuidados como forma de proceder hacia los/as otros/as, sino que se trata de desprivatizar y desfeminizar los cuidados como meta inmediata de la política. Las instituciones del Estado podrían ponderar estrategias de equidad para sus trabajadoras, incorporando la idea del cuidado como derecho humano.

Existen hoy en el ámbito del derecho una serie de prescripciones que no solo tienen rango constitucional para la Argentina, sino que, fundamentalmente, aportan una mirada interesante sobre el modo de concebir los cuidados, a saber, como un derecho universal. El primer antecedente en este sentido es el Consenso de Quito (X Conferencia Regional de la Mujer, 2007), en el que los gobiernos de la región asumieron el compromiso de:

“Formular y aplicar políticas de Estado que favorezcan la responsabilidad compartida equitativamente entre mujeres y hombres en el ámbito familiar, superando los estereotipos de género, reconociendo la importancia del cuidado y del trabajo doméstico para la reproducción económica y el bienestar de la sociedad como una de las formas de superar la división sexual del trabajo”.

Asimismo, se acordó:

“Adoptar medidas en todas las esferas de la vida particular, en los ámbitos económico y social, incluidas reformas institucionales, para garantizar el reconocimiento y el aporte al bienestar de las familias y al desarrollo promover su inclusión en las cuentas nacionales” (CEPAL, 2007).

Estos acuerdos fueron ratificados en los Consensos de Brasilia (2010), República Dominicana (2013) y Uruguay (2016) donde los Estados reafirmaron su compromiso con los cuidados como derecho universal (Pautassi, 2018).

La idea del derecho universal permite pensar a los cuidados en el marco de lo común y ya no como responsabilidad exclusivamente adjudicada a las mujeres.

El nuevo contexto nos pone así ante un nuevo desafío, si los cuidados han pasado a reconocerse como tarea esencial, el siguiente paso de nuestras sociedades debería ser el de desprivatizarlos y desfeminizarlos. Para estos efectos no se trata solo de crear políticas que amplíen las bases para el diseño de sistemas de provisión pública de cuidados, sino que también se trata de una sensibilización comunitaria al respecto, la deconstrucción de los imaginarios sociales sobre las tareas menores y mayores. Quizás quienes educamos y divulgamos el conocimiento tenemos una responsabilidad mayúscula. La privatización y desvalorización del cuidado termina allí donde se detienen las metáforas e imaginarios sesgados que reproducimos en el habla mentadamente ilustrada.

Referencias

Benhabib, S. (1990). El otro generalizado y el otro concreto: la controversia Kohlberg-Gilligan y la teoría feminista. En S. Benhabib y D. Cornell (eds.), Teoría feminista y teoría crítica. Valencia: Alfons el Magnánim.

Gilligan, Carol (1982) In a Different Voice. Psychological Theory and Women’s Development. Cambridge, Estados Unidos de América: Harvard University.

Kitchener, C (2020). Women academics seem to be submitting fewer papers during coronavirus. Men are submitting up to 50 percent more than they usually would, The Lily. Disponible en https://www.thelily.com/women-academics-seem-to-be-submitting-fewer-papers-during-coronavirus-never-seen-anything-like-it-says-one-editor/

Pautassi, L. (2018). El cuidado como derecho. Un camino virtuoso, un desafío inmediato. Revista de la Facultad de Derecho de México 272, 717-742.

Young, I. M. (2000). La justicia y la política de la diferencia (S. Álvarez, Trad.). Valencia: Cátedra.

Informes

CEPAL (2007), Contribución de la economía del cuidado a la protección social. Disponible en: https://www.cepal.org/cgi-bin/getprod.asp?xml=/mujer/noticias/paginas/6/29976/P29976.xml&xsl=/mujer/tpl/p18f-st.xsl&base=/mujer/tpl/top-bottom.xsl

Dirección de Economía, Igualdad y Género (2020). Los cuidados, un sector económico estratégico. Medición del aporte del Trabajo doméstico y de cuidados no remunerado al Producto Interno Bruto. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/los_cuidados_-_un_sector_economico_estrategico_0.pdf

Economía feminista (2020), Encuesta permanente de hogares. Disponible en: https://ecofeminita.github.io/EcoFemiData/informe_desigualdad_genero/trim_2020_01/informe.nb.html

MinCyt/CONICET y MMGyD (2020). Diagnóstico de la situación
de las mujeres rurales y urbanas, y disidencias en el contexto de COVID-19. Disponible en: https://www.conicet.gov.ar/wp-content/uploads/resumen_ejecutivo_mujeres_y_covid_-_mincyt-conicet_-_mingen.pdf

Daniela Losiggio
Sobre la autora
Politóloga, investigadora de la CIC (CONICET-IIGG), Directora del PEG.

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