Editorial

Diez años después

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Las partes y el todo

Se cumplen diez años del fallecimiento del expresidente Néstor Kirchner. Diez años que para un país que ya cumplió doscientos años de vida parece poco. Y sin embargo la Argentina del 2010 parece lejana y antigua.

¿Pero quién fue Kirchner? ¿El militante de la JP en los 70? ¿El gobernador pragmático de los años 90? ¿El emergente progresista de la política no partidaria de las asambleas del 2001 y el 2002? ¿O el presidente almacenero que decía llevar las cuentas del Estado en un pequeño cuaderno Gloria? ¿Cuál de todos esos Kirchner fue realmente el expresidente? La respuesta obvia sería decir que fue todas esas versiones y algunas cuantas más. La aún más obvia para quienes hacemos este medio, pero tal vez menos hegemónica en el mundo de la política, es que Néstor Kirchner encarnó como nadie el pensamiento de Juan Domingo Perón. 

El peronismo se basa en una doctrina, y como tal tiene sus reglas, pero no es un dogma, tiene contradicciones: avances y retrocesos, momentos retardatarios y momentos progresivos. Pero, sobre todo, podríamos decir que el peronismo es interpretar lo que las mayorías, en una coyuntura histórica determinada, exigen a la clase política.

Si la Argentina del año 2010 nos parece lejana, ni hablar la del año 2004. En esos primeros meses en donde la inseguridad y los secuestros exprés inundaban los canales de televisión y la sensación instalada era que no se estaba seguro en ningún lado, sucedió el lamentable secuestro y asesinato de Axel Blumberg. Aquel crimen conmovió a gran parte de la sociedad que se encolumnó detrás de las propuestas punitivistas del entonces auto proclamado ingeniero. Néstor Kirchner, que meses antes había propuesto a Eugenio Zaffaroni como ministro de la Corte y había bajado los cuadros de los presidentes de facto de la última Dictadura, no dudó en enviar al Congreso un proyecto que modificaba el Código Penal y proponía penas más duras para los delincuentes.
En el peronismo y en Néstor Kirchner no hay Palacios de Invierno tomados de la noche a la mañana, hay conducción estratégica, gradualismo político y sentido de la oportunidad.

Néstor en números

A esta altura de los acontecimientos intentar analizar a Kirchner desde un pretendido objetivismo político es una tarea casi imposible. La política la hacen los hombres y las mujeres y la cuentan también los hombres y las mujeres. Intentar analizar a los protagonistas políticos de nuestro país como el objeto de estudio impoluto al que el cientista llega y no mancha con sus subjetividades no tiene sentido. Sin embargo, creemos que es tarea del periodismo surfear de la mejor forma posible el barro y las emociones políticas. Por ello para analizar a Kirchner hay que ver qué hizo durante su presidencia, cuáles fueron sus logros y sus fracasos, cómo tomó el país y cómo lo dejó. Miremos entonces:

– Más de cuatro años de crecimiento sostenido a un promedio de 8,5% anual, el período más extenso de crecimiento en los últimos cien años de historia.

– Equilibrio macroeconómico en el área fiscal y externa. Superávits gemelos inéditos: superávit del 3% del PBI en promedio y un salto positivo en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que promedio un 4,8% del producto.

– Reservas Internacionales. Nivel récord: pasaron de 14 mil millones de dólares en el año 2003 a 46 mil millones de dólares en diciembre del 2007.

– La recaudación alcanzó máximos históricos, incrementándose 6% del PBI.

– La inversión pública creció a tasas anuales del 50% y superó el 23% del PBI.

– La Argentina salió del default reestructurando su deuda por más de 67 mil millones de dólares y   canceló el total de la deuda con el FMI. En el año 2003 la deuda externa representaba el 130% del PBI, para el año 2007 era del 74%.

– La industria fue el motor de la recuperación, creció ininterrumpidamente por cinco años seguidos.

– Se redujo la desocupación a menos de un dígito por primera vez en veinte años. Pasando del 20,4% en 2003 a 8,4% en 2007.

– La pobreza que era del 55% en el año 2003, se redujo al 26% para diciembre del 2007.

Si se cree que el peronismo se basa en el ascenso social de la mano de un Estado que planifique la economía sin volverse totalizante, dinamice la industria nacional, genere trabajo registrado y de calidad y repare las desigualdades allí donde se presenten, si convenimos que una de las definiciones centrales del peronismo tiene que ver con estos índices que presentamos, entonces el gobierno de Kirchner fue sin dudas un gobierno peronista. Claro se puede creer en esto o no. Kirchner lo creía.  

Si diez años después

Diez años pasaron desde aquella mañana en que mientras esperábamos el censo, nos fuimos enterando perplejos que había fallecido Néstor Kirchner. A esta altura podemos decir que a Kirchner lo extrañan propios y ajenos: para amarlo o para odiarlo. Con tan sólo cuatro años de gobierno dejó marcada su huella en la historia tumultuosa de este periférico país al sur del mundo. Nosotros también lo extrañamos.

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