Política

Peronismo: Historia (breve) de un paréntesis

En un momento de profunda crisis e inestabilidad en el capitalismo global, en un momento donde no solo “no sabemos hacia dónde nos dirigimos, sino que tampoco sabemos hacia dónde deberíamos dirigirnos”1, en un contexto de extrema fragilidad en las democracias occidentales y de ruptura institucional en varios países latinoamericanos, evocar, en este tempestuoso octubre del 2020, a un tipo seguro, que sabía, invirtiendo la premisa de Hobsbawm, hacia dónde deberían dirigirse los destinos de la Nación, se vuelve casi una necesidad política. Ese hombre era Juan Perón. Su obra, el Peronismo.

Nacido un 8 de octubre y resucitado un 17 por una marea plebeya inesperada, se podría decir que Perón fue el hombre que convirtió una fuerza política en un destino (la frase, épica, fue oída por quien esto escribe a Jorge Asís durante el auge macrista en un programa de TV).

El hombre que sobrevivió a todo: no solo a bombardeos, atentados, golpes de estado, sino también a la principal arma de destrucción masiva del neoliberalismo, esto es, la aniquilación del pasado y, como contrapartida, la instauración del presente permanente como único tiempo posible.

Lo evocaremos, entonces, a Juan Perón, como el mentor principal de la construcción del paréntesis más profundo en la historia argentina, esto es, el peronismo, esa irrupción extraordinaria entre las grandes tragedias nacionales del siglo XIX y XX. Paréntesis que excedió su mera ebullición coyuntural para convertirse en huella, en cosmogonía coherente, capaz de disputar futuros sentidos de la realidad.

En primer lugar, un paréntesis de nacionalismo popular entre elites pro-británicas y elites pro-norteamericanas. Una batería de medidas en función de un desarrollo industrial soberano, autóctono, que emergía de la posguerra, en el que el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), era algo así como un soldado espartano perdido en los ´50, entre el pacto Roca-Runciman y la era del liberalismo “a lo Chicago” de los Alsogaray/Martínez de Hoz.

En segundo lugar, un paréntesis donde lo social dejó de ser una “cuestión” para convertirse en la integralidad del aparato de medidas tomadas por el estado. Un paréntesis para la clase obrera entre la miseria de inicios y fines del siglo XX. El chalet californiano entre el conventillo y la villa miseria. Un sistema político construido para llevar bienestar a los “desheredados” (palabra rescatada del islam al discurso político por otro gran dirigente, olvidado en el siglo XXI, el peronista egipcio Gamal Abdel Nasser) donde los del fondo de la tabla podían mostrar con orgullo casas, vacaciones, buenos salarios, progreso, acceso a la educación en todos sus niveles, etc.

Es decir, un paréntesis de Justicia Social entre clases dominantes despectivas y represoras. Entre la “Ley de residencia” y los bombardeos del ´55; entre las represiones al movimiento obrero en el Centenario de la patria y los fusilamientos de José León Suarez; entre la “Semana Trágica”, la Masacre de Trelew y los 30.000 desaparecidos de la última dictadura.

La mejor síntesis que encontré a este paréntesis, la realizó el contraalmirante Rial, funcionario de la Revolución Libertadora, quien, didácticamente, le explicó a una comitiva de la CGT que esperaba reunirse con el presidente de facto Lonardi, en qué consistía el golpe de estado que derrocó a Perón en 1955: “Quiero aclararles que esta revolución se hizo para que el hijo del barrendero muera barrendero”.2 Al peronismo, suelen explicarlo mejor sus detractores.

Pero esta caprichosa construcción histórico-literaria no se agota ahí. En estos tiempos donde la fuerza pareciera prevalecer sobre la razón, cabe recordar que Juan Perón logró que las fuerzas represivas del estado se emparenten, aunque más no sea transitoriamente, con otro proyecto político de país distinto al del liberalismo de las clases dominantes. O, mejor dicho, siguiendo el lineamiento previamente establecido, un paréntesis de humanidad en las fuerzas armadas entre los genocidios del siglo XIX, a gauchos e indios, y el gran genocidio político de 1976-1983.

El último paréntesis de este arbitrario recorrido nos lleva a lo que podemos llamar el paréntesis democrático. Podemos pensarlo en dos planos:

En el plano “Formal”, el peronismo llega al poder por elecciones limpias, gana las legislativas de medio término y reelige presidente. Son, nada menos, que 10 años de democracia formal, entre los 53 años de golpe tras golpe que arrancan con la “década infame”(1930) y finalizan con la caída del “Proceso de Reorganización Nacional” (1983).

En el plano “Conceptual” de este paréntesis democrático, podemos decir que el peronismo impulsó una clase y un género, en esa herética costumbre de promover a los de abajo.

La clase fue la obrera, que ahora llegaba a los estamentos más altos de la política: Diputados, Senadores, miembros del gabinete y hasta delegados de las comitivas diplomáticas que representaban a la Argentina en el exterior. Un gobierno obrero en un estado burgués.

El género fue el femenino, donde el peronismo aumentó exponencialmente el rol participativo de las mujeres en la política, con logros como el Partido Peronista Femenino y la obtención del sufragio para las mujeres. Eva, no solo como “Jefa Espiritual” sino como armadora política, agitadora de masas, líder indiscutible del proceso. ¿Será casualidad que las dos únicas presidentas mujeres de nuestra historia, la siempre incómoda, para los sectores de la izquierda peronista, María Estela Martínez de Perón y, la siempre incómoda, para los sectores de la derecha peronista, Cristina Fernández de Kirchner, hayan sido peronistas?

Reflexión final. Los paréntesis no ocurren por generación espontánea. Enormes placas tectónicas se agitan debajo del suelo para salir en algún momento a la luz. Son pueblos. Son pensamientos. Son injusticias. Contradicciones. Mareas a la deriva, que por distintas circunstancias confluyen en una misma coordenada de tiempo y espacio. Son, sobre todo, luchas inmemoriales que abren fisuras en el bloque dominante de poder para aflorar como el magma. Perón condujo esas complejas fuerzas al paréntesis Nacional-Popular más profundo de nuestra historia. Saliendo de la parsimoniosa contemplación de la realidad hacia la sucia intervención en la misma.

Como diría un gran amigo, entre administrar y transformar, el peronismo debe transformar la realidad. Dilema válido, en este tempestuoso octubre del 2020, para una coalición política en el poder que se propone abrir un nuevo paréntesis de nuestra agitada y difícil historia.

1 Hobsbawm, Eric. Historia del Siglo XX. Crítica. 2006.

2 Campana, Gustavo. Recuerdos del Peronismo. Colihue. 2018.

Jonatan Acevedo
Sobre el autor
Historiador – Universidad Nacional de Luján

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