Internacional

Política internacional y peronismo. Entre la estrategia y la táctica

Las últimas decisiones en política internacional agitaron el frente interno de la militancia. El debate sobre la decisión del Gobierno de acompañar la resolución contra Venezuela; impulsada por Brasil, Chile, Perú y Uruguay; impactó en el micromundo político y en los algoritmos de las redes. Ante esta situación nos preguntamos: ¿Cómo fue la política internacional durante el primer peronismo?

Claro está que la presente nota no intenta cubrir diez años de una prolífica obra en materia de política internacional, sino trazar algunos lineamientos y brindar algunas herramientas de análisis.

A modo de aclaración, llevar adelante una política internacional soberana en países semicoloniales implicó desaprender cien años de dominación británica en la temática, es decir, nuestra agenda en política internacional fue diseñada desde la Foreign Office. De esto se desprende otro elemento y es que el peronismo ya no solo interpela la cuestión nacional producto de impulsar una agenda soberana en sus decisiones, sino también incorpora la cuestión internacional en la agenda de gobierno.

En primer lugar, podemos partir de la frase de Perón que “toda política es política internacional”, un binomio que se convierte en nombre, acción y sustantivo. Con lo cual, Perón durante estos diez años, estuvo obligado a hacer política en el escenario internacional. Esto implica, avanzar, retroceder, negociar, persuadir, trasgredir y, a veces, apretar el acelerador.

El peronismo surge con una agenda marcada, Perón debía gobernar con la sombra de las Conferencias Yalta Y Chapultepec. Además, debía desmontar un consenso en materia de política internacional que vinculaba su trayectoria con cierta inclinación a los totalitarismos. Hacia este período, existe toda una campaña internacional para bloquear el acceso argentino a la ONU. Perón deberá mostrarse con amplitud, con vocación de apertura y con la necesidad de crear una nueva legitimidad que le permitiese construir consenso en el escenario internacional.

En paralelo, esto coincide con una reconfiguración en la región del poder central, Estados Unidos comienza a querer hacer pie en Latinoamérica. Desde 1930, como resultado del traslado del conflicto internacional al hemisferio norte, Estados Unidos abandona sus pretensiones imperiales en la región. Esto, sumado a la retirada paulatina de Gran Bretaña, lleva a que la región aproveche la transición imperial y comience su proceso de industrialización.

Los sucesos dan cuenta de la inmadurez imperial de los Estados Unidos en la región, fallará en 1943 en su intento por instalar bases militares en Uruguay, fracasará con la estrategia de Braden con la Unión Democrática y, en Brasil, el intento de golpe de estado impulsado por Estados Unidos es evitado por Getulio Vargas.

Con el fin de la Guerra, la historia comienza a adquirir otro rumbo, y la Conferencia de Chapultepec presidida por un Rockefeller es una clara señal. En la conferencia, el lobby americano propone prestar amplias facilidades para el libre tráfico y la inversión de capitales, y otorgar tratamiento igualitario a los capitales nacionales y a los extranjeros. Lo que conduciría al fin de la industria sustitutiva.

Pero la política no solo implica negociar, a veces también, golpear y sorprender. Así fue que la primera medida en política internacional del peronismo fue el restablecimiento de las relaciones comerciales con la URSS, situación que desconcierta no solo a la opinión internacional sino también al Partido Comunista local. La respuesta a esta decisión fue el embargo de 1600 millones de dólares por parte de bancos británicos y norteamericanos.

Este será uno de los momentos de mayor enfrentamiento con los Estados Unidos, Argentina se niega a ratificar pactos con la OEA, a formar parte del FMI y del Banco Mundial. En paralelo, se suscribe en el Congreso Nacional los acuerdos de Chapultepec, situación que despertó el encono de algunos sectores nacionalistas que acompañaron a Perón, quienes durante las sesiones interrumpieron al grito «Patria sí, Colonia no».

Será un momento de tensión entre el Canciller Juan Atilio Bramuglia, de procedimientos moderados, y el agregado ante la ONU, José Arce. Este último afirmará que entre la unidad latinoamericana y la panamericana, nuestro país se queda con la primera. Arce ya empezaba a desarrollar en estas presentaciones posiciones equidistantes también con la URSS.

De a poco se va esbozando la idea de la Tercera Posición en diferentes intervenciones públicas, tanto por los agregados argentinos en el exterior como por Perón en el orden doméstico. Así, hacia noviembre de 1946, Perón afirmaba: «los partidos totalitarios realizaban toda su obra para la guerra y nosotros la realizamos para la paz.» Días después de dicha esta frase, en una función en el Teatro Colón, afirmó que el movimiento rechaza el régimen capitalista pero también el estatal puro, aclarando que Argentina debía ir hacia un nuevo sistema. Tiempo después, en el célebre discurso en la Bolsa de Comercio dirá: «pareciera que una tercera concepción pudiera conformar una solución aceptable.»

Es el comienzo de una teoría que propone una independencia de criterio, es algo más que una posición neutralista. En la idea de Tercera Posición advertimos una filosofía que contempla una cosmovisión de la vida, de lo popular, atravesada por el humanismo cristiano. El hombre, desde esta concepción, debe posicionarse por encima de los sistemas y las ideologías.

La primera reacción del Departamento de Estado fue confusión y relacionar la Tercera Posición al discurso demagógico de Perón. El temor del Departamento de Estado se vinculaba a la capacidad de Perón por organizar la unidad latinoamericana. La Tercera Posición aún es incipiente y el gobierno nacional deberá acomodarse a la dinámica de la real política, con la cual habrá concesiones, renunciamientos y avances

Dentro de los avances, se identifica la propuesta del ABC. La novedad de la unidad aduanera era relacionarse con los dos países que Argentina mantenía hipótesis de guerra, Chile y Brasil. Asimismo, identificamos como progresivo el intento de unificación a través del movimiento obrero con el proyecto Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas ATLAS, experiencia de muy corta duración. En la línea de unidad, durante este período, se advierte un marcado respaldo a países amenazados por la dinámica imperial de los Estados Unidos, como Puerto Rico y, sobre todo, Guatemala, donde Perón construye una relación fluida con Juan José Arévalo.

La Guerra de Corea y el ascenso de los Estados Unidos en la región obligaron a Perón a reformar la relación de Argentina con el coloso del norte. A esto se le suma el Plan Marshall, que fue el proyecto de reestructuración de Europa con financiamiento norteamericano. La letra chica de este plan indicaba que los dólares prestados no podían ser utilizados para comprar productos primarios argentinos. Decisión que profundizaba el estrangulamiento externo de divisas en un momento de expansión de nuestra industria nacional. De tal modo, quedaban dos posibilidades, un repliegue y aislamiento del escenario internacional o la resolución a través de la negociación. A la escasez de divisas para desarrollar la industria se le sumaba el déficit energético; en ese marco, se desarrolló una de las medidas que generó tensiones al interior del frente nacional, estamos hablando de los acuerdos con la Standard Oil de California.

Conclusiones

El Peronismo nace de la Revolución de 1943 y su historia es Revolución y Evolución, esto implica una ruptura con el proyecto de país precedente y, a veces, también significa la coexistencia con determinadas estructuras del antiguo régimen, aún lo viejo no terminaba de morir. El peronismo como proyecto de país impulsa un cambio en las instituciones, en las estructuras económicas, situación que lo empuja inevitablemente a alterar centros de poder, esquemas culturales, educativos, y también internacionales. Como proyecto, reorganiza su espacio físico, discute la soberanía de Malvinas, refuerza la presencia científica en la Antártida, prohíbe la publicación de mapas de la República Argentina que no representaban su verdadera extensión, reorganiza la cartografía contemplando la bicontinentalidad. Nacionaliza servicios públicos y recursos naturales otorgándole estatus constitucional. Como proyecto político se sustenta en una doctrina y de esta se desprende el argumento que da marco a su política internacional, es decir, un objetivo de larga duración: desarrollar la política internacional dentro de un programa estratégico, más allá de avances y retrocesos.

Emmanuel Bonforti
Sobre el autor
Sociólogo, profesor universitario

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