Editorial

¿Un gobierno de las cosas?

Es prematuro aún realizar un balance de la gestión del gobierno del Frente de Todos. Pero sí podemos hacer algunos apuntes. Allí vamos.

Henri Saint-Simon fue un filósofo francés de principios del siglo XIX, que acuñó una famosa frase. Integraba la corriente del llamado socialismo utópico. Muy a grandes rasgos, entendía que cuando la clase obrera tomara los medios de producción y dirigiera el desarrollo industrial, la técnica reemplazaría a la política. Es decir, el mismo proceso de desarrollo industrial, sus objetivos intrínsecos, harían obsoleta la actividad política, ya que el desarrollo de la industria traería consigo los mejores tiempos para los trabajadores. Una suerte de tecnocracia proletaria. Sin política. La frase que ilustra, o por lo menos por la que se lo inmortalizó, es la de “del gobierno de los hombres a la administración de las cosas”.

Salimos entonces del gobierno de los hombres, de la política, para entrar en la administración de las cosas, en el despliegue de las fuerzas productivas. Es decir, nos dedicamos a administrar lo que hay, lo que sucede, lo dado, porque de esa forma la industria se desarrolla y la sociedad progresa. Podríamos decir que hoy tenemos una administración de las cosas, sin progreso claro, y con las capacidades industriales muy golpeadas.

¿Qué significa todo esto? El gobierno del Frente de Todos asumió en un contexto más que difícil, sabido por todos, a tal punto que efectivamente fue la opción ganadora en las elecciones. Como si la sociedad se hubiese dado cuenta de su “error” y lo quisiese enmendar rápidamente. Aquí no ha pasado nada. Vuelve el peronismo y a otra cosa. No tan fácil. Pandemia mediante, se alteró todo el tablero. Por un breve momento, brevísimo, gobernaron los hombres y mujeres, la política. Paradójicamente en el peor momento, la decisión más difícil. Quizás la última decisión: la cuarentena. Restringir la circulación, no solo de personas, sino de mercancías en una sociedad hiperconsumista. A contramano, incluso del relato inicial del gobierno: recuperar el consumo, para recuperar el círculo virtuoso de la economía. Así y todo, hubo una luz de gran acuerdo nacional. Poco duró en el país en donde los meses en política son años.

¿Y entonces? Y entonces la administración de las cosas. El gobierno entró rápidamente, quizás tempranamente, en tiempos electorales. Gestionar del mejor modo lo que tenemos, para llegar bien al 21, y tener chances en el 23. ¿Y en el medio? 40% de pobreza y más del 60% en niños y niñas. Sin dudas que no estamos endilgándole todos estos números a los casi 10 meses de gestión. Pero sí queremos decir que la administración de las cosas no modifica el panorama, simplemente lo administra. La política, es cierto, tiene que ver con lo posible. Pero no es menos cierto que también la política es eso que sucede en los márgenes. Sobre todo, la posibilidad y capacidad en los gobernantes, de correr los márgenes. ¿Es viable una vida en común con más del 60% de los niños y niñas bajo la línea de pobreza? ¿Cuánto tolera la sociedad argentina? ¿Solamente el dólar activa o desactiva la efervescencia social?

Los tiempos que corren, de nuevas derechas y aumento a nivel mundial de la pobreza y la exclusión, invitan a pensar que con la administración de las cosas no alcanza. Hay que volver al gobierno de los hombres y mujeres. A la política.

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