Economía

Clics Modernos

No soy un extraño

Por estos días se retiran del mercado local dos jugadores de peso a nivel mundial, especialistas en deuda soberana de mercados emergentes. Los fondos de inversión PIMCO y Templeton llegaron de la mano del “Messi de las finanzas”, un exitoso trader de wall street que aterrizó en el BCRA (Banco Central de la República Argentina) de la mano de su amigo y ex compañero de la secundaria, y entre el 2017 y el 2018 compraron bonos en pesos emitidos con la esperanza de poder quitarle presión al tipo de cambio, a la inflación y a la tasa de interés. La historia es harto conocida: la escalera descendente de índices de precios al consumidor que predijo y presentó la administración “cambiemista” entre bombos, sonrisas y platillos, nunca se verificó; en cambio, se dieron índices que tenían como precedente la hiperinflación de la pre-convertibilidad. Entonces, en la medida en que la moneda argentina se fue devaluando estos fondos vieron cómo sus tenencias se enflaquecían de manera decidida. Hoy abandonan, dejando atrás pérdidas por miles de millones de dólares. De todos modos, no nos preocupemos, entre ambos manejan el equivalente a cinco veces el PBI argentino. Esto no es óbice para enviarles un abrazo afectuoso para dos que creyeron en el “Cambio”, quizá, los mayores perdedores de la gestión liderada por el ingeniero.

Los Dinosaurios

El endeudamiento de la empresa petrolera estatal YPF durante la dictadura militar inaugurada en 1976 por Videla, Massera y Agosti, y concluida por Bignone en el ‘83 explica casi el 20%, unos 8 mil millones de dólares, del total de la deuda externa contraída durante esos siete años de terror estatal. Gran parte de ese endeudamiento se efectuó mediante la transferencia de recursos a empresas privadas vía subsidios. Un ejemplo palmario fueron las áreas licitadas en 1977 para aumentar la producción por medio de la “recuperación secundaria”. YPF resignó producción propia a manos de empresas que, sin riesgo empresario alguno, prometían casi el doble de rendimientos que la empresa estatal. Casi el 10% de los pozos operativos quedaron en manos de empresas como Pérez Companc, Bridas, Soldati y el Grupo SOCMA. La firma del Estado nacional llegó a pagar a estas empresas hasta un 50% más por el petróleo extraído que lo que costaba en ese momento en el mercado internacional.

Dos Cero Uno

1974 fue el año de mayor actividad industrial de la historia económica argentina. Esto se dio en un contexto del Pacto Social comandado por el entonces Ministro de Economía, José Ber Gelbard, funcionario del tercer gobierno de Juan Domingo Perón. Con una deuda externa inferior al 10% del PBI, pleno empleo (menos de 3% de gente en edad de trabajar buscando hacerlo) y un nivel inédito de inversión bruta de alrededor del 24% del PBI, el rubro industrial más importante era en ese momento el metalúrgico que contaba en ese año con más de 50 mil empresas en actividad y empleaba a más de medio millón de trabajadores y trabajadoras. Pasados 46 años nuestro país nunca logró superar esos guarismos.

Bancate ese defecto

El 11 de noviembre de 1951 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales que llevaron a Juan Domingo Perón a la presidencia de la Nación por segunda vez consecutiva. Esa elección fue la primera en la que las ciudadanas argentinas pudieron emitir el sufragio, fue también la ratificación popular de un proceso político que había comenzado formalmente años antes, en junio de 1946.

La industrialización argentina no comenzó con el peronismo. Ya a partir de la primera guerra mundial la carestía de productos manufacturados forzó en los hechos un proceso de sustitución de importaciones que se sostuvo y se difundió con el correr de los años. Incluso, a qué negarlo, ya en el siglo XIX (la Unión Industrial Argentina se funda en febrero de 1887), había un sector industrial fuertemente asociado a la producción primaria. Lo que inaugura el peronismo es un proyecto traccionado desde el Estado Nacional de país industrial. Este desarrollo se cimentó en la expansión y el fortalecimiento del mercado interno. Si bien, como dijimos, en nuestro país había un sector industrial consolidado, el ingreso de un trabajador industrial argentino era de entre un tercio y una cuarta parte de un obrero estadounidense. Esta situación hacía que la industria nacional tuviera un mercado bastante restringido para su producción. Las transformaciones introducidas primero por Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión y luego desde su gestión presidencial escenificaron un cambio que no tenía precedentes en nuestro país y que muy bien estudia Natalia Milanesio en su libro “Cuando los trabajadores salieron de compras”. Este proceso dio nacimiento al consumidor obrero y motivó cambios sociales y culturales que dieron un dinamismo antes desconocido en la vida económica de nuestro país. La centralidad que le dio el gobierno peronista al rol del salario para dinamizar la economía nacional llevó a que entre 1946 y 1949 el salario real de un trabajador industrial creciera un 62% y el nivel de trabajadores sindicalizados, que en 1946 era de poco más de 400 mil, aumentara hasta llegar en 1951 a los 2,5 millones de afiliados. Estos números son bastante ilustrativos del estruendoso triunfo electoral de la fórmula Perón-Quijano. Más del 63% de la ciudadanía habilitada para votar se volcó por una opción electoral que le había mostrado por primera vez las bondades de la movilidad social ascendente.

También por esos días nacía en el barrio de Caballito Charly García. Hijo de un industrial argentino, se dio al noble oficio de hacer la banda de sonido del derrotero de muchos de los que sentimos hasta resistir el karma de vivir al sur, aunque esto, vale decirlo, no sea materia del presente disco.

Mariano Pugliarello
Sobre el autor
Herrero. Diletante. En vías de desarrollo.

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