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“La Pollerita corta” y la democracia

“Tenía la pollerita muy corta”, no sólo remite a las violencias sexuales, también suele aparecer cuando se trata de violencias económicas y patrimoniales, físicas y/o psicológicas. Pero hay una lista interminable de frases que escuchamos a diario: que la víctima tardó en denunciar; que siempre volvía con el violento; que era bailarina y famosa; que estaba en una fiesta en plena cuarentena; que se alejó de la carpa de la familia; que había dejado la escuela; o que es una heredera de la clase oligárquica. Todos comentarios que depositan la responsabilidad en la víctima omitiendo al agresor.

El concepto que más se ajusta a la expresión “pollerita corta” es la revictimización, porque define aquellas instancias en las cuales una persona es víctima de una violencia y vuelve a sufrir episodios posteriores de agresión cuando decide denunciarla. Esto sucede cuando las víctimas son responsabilizadas; se pone en duda sus palabras; se las obligas a repetir una y otra vez la agresión sufrida; o se expone su identidad y aspectos de su vida privada para desprestigiar su denuncia.

La revictimización ha sido moneda común en las sociedades históricamente patriarcales, donde las mujeres y disidencias fuimos acusadas por todas las violencias que hemos sufrido a lo largo de nuestras vidas, sin apuntar críticas hacia la conducta de los agresores. Sin embargo, la lucha de las organizaciones de mujeres, feministas y disidencias, ha conseguido desenmascarar estas prácticas, y han puesto en la agenda pública estos temas con consignas claras como #YoTeCreoHermana o #LaProfeTeCreeSiempre, o como cantan las compañeras chilenas “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”.

Las transformaciones de la ciudadanía en Argentina se hicieron evidentes en las manifestaciones Ni Una Menos, y aunque la revictimización ocurre en distintas instituciones o ámbitos, aparece con mayor frecuencia e impunidad en los medios de comunicación y los poderes judiciales.

¿Qué tiene que ver la revictimización con la democracia? En el régimen republicano, formalmente hay tres poderes que conforman la república: el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial, pero como bien sabemos, existe un cuarto poder que son medios masivos de comunicación.

Entonces vemos que no es casual que el poder judicial y los medios masivos de comunicación, dos de los poderes que no son elegidos por el voto popular y por tanto, no deben dar explicaciones por sus acciones a las sociedades, sigan sosteniendo abiertamente la revictimización como una articulación macabra para desalentar las denuncias, gozando de un alto nivel de impunidad.

Ser víctima de una agresión o violencia es una cotidianidad para las mujeres y disidencias, y año tras año hemos construidos los debates para conseguir el acompañamiento de la ciudadanía contra las violencias patriarcales. Los poderes ejecutivos y legislativos, aunque de manera parcial y limitada, dejan progresivamente la revictimización como práctica (por madurez política o por el costo social que esto implica), a diferencia de los poderes judiciales y los medios masivos de comunicación que no tienen ningún control de la ciudadanía.

Combatir las violencias hacia las mujeres y disidencias requiere pensar en la democratización de los poderes judiciales y de los medios de comunicación, para terminar con las violencias patriarcales desde los discursos que las sostienen y las instituciones que las replican.

Laura Ximena Iturbide
Sobre la autora
Politóloga, docente e investigadora UNRN.

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