Cultura

Postales de un Dios cercano

 

Anoche tuve un sueño
Que nadie merecía
¿Cuánto de pesadilla
quedará todavía?

S.R

Amanece en otro mundo. Levanto la vista y veo la última postal que compré en San Telmo hace no más de 10 días. Como quien no quiere la cosa, aborrezco a los que coleccionan cosas, pero guardo postales. Si se pudiera elegir, seguramente guardaríamos esos momentos en que fuimos felices, esos pequeños flashes en que el tiempo no importa, no transcurre. Pero bueno, al menos nos quedan esas fotos, postales. Esta última postal que puse como un santo que custodia un par de libros es de un Diego joven, de rulos, sonriente, feliz y en el mejor de los momentos para todos. La mirada al artista que lo pinta en colores modernos y la alegría transferida a todo un pueblo. Es Diego con la camiseta argentina, la del 86. Es arte por donde se mire.

El día después no puede escapar tampoco. Nos trae muchas postales. Hinchas abrazados con distintas camisetas. Cartoneros con los puños en alto. Velas por doquier, en la cancha de Argentinos Juniors, en Plaza de Mayo, sobre escombros en Siria. Su palco en la bombonera iluminado. Todas las canchas del país con las luces encendidas. Multitudes en Fiorito. Un cartel que dice “Nació acá, carajo” en las rejas del Hospital Evita. Diego es mil postales, mil vidas, mil personajes en uno, pero siempre el mismo. Su aliento constante a los deportistas argentinos, la humildad de ser el mejor y enseñarles a los juveniles de Riestra la técnica de los tiros libres. El compromiso con los de abajo en cualquier parte del planeta. Diego tirando magia en un potrero en Acerra, en pleno invierno napolitano, lleno del mismo barro, para aportar en la operación de un pibito.

 

El artista imposible

Diego Armando

Estamos esperando que vuelvas

Siempre te vamos a querer

Por las alegrías que le das al pueblo

Y por tu arte también

A.C

 

El mural, la foto, la canción, la pintura, un tatuaje. Lo que se imagine artísticamente tiene Diego. Y más. Miles de artistas en sus ceremonias paganas invocan musas para alcanzar la inspiración. Diego fue musa, divinidad. Fue la recreación de lo posible y lo imposible. El partido perfecto, el gol irracional de cualquier soñador, la mano sagrada, el rival perfecto, el contexto histórico, el mundial de mundiales, la mejor música, el calor azteca y la copa en América.

 

El genio descansa en las incontables fotografías. En la imagen del festejo con los piratas atrás, en una angustia de purgatorio que jamás podrán quitarse. En la memoria de un pibe que no entendía como la revolución mundial elegía un equipo perdido en el sur de una Italia pobre, siempre sometida a los poderosos. El pibe que sentía que Diego no sólo era el capitán del equipo, sino también el capitán de la ciudad, de todo el pueblo napolitano. El que atesora en la retina el cartel post scudetto en el cementerio que decía “No saben lo que se perdieron”. El mismo pibe que sintió el vacío del día después, que hoy nos carcome por dentro.

 

 

Discuten los pajaritos en la selva de internet, le consultan al MALBA, ¿artista?; un amigo maradoneano les contesta tomando a Enrique Symns “Para ser un artista hay que ser héroe, chamán y creador. El héroe es lo que te iguala a lo cotidiano, para ser chaman hay que querer a los demás y para ser creador hay que tener talento. ¿Alguien puede discutir a nuestro Prometeo? El que robó el fuego para repartirlo entre tanta miseria. El que le dio alegría a ese hombre que prende una vela en el altar de la patria, cuando apenas rascaba la olla. ¿Nadie ve a Ulises? El héroe en el continuo retorno, esquivando piernas de rivales y volviendo a la tierra que lo vio nacer. El que se sube a un camión para que la prensa no se alimente de sus entrañas. El que sale al balcón de la Plaza por última vez. El que no pudo esquivar la historia, ni el arte.

 

Lo que permanece

Y si Dios queda en nada o no existe,

te amaré mucho más

I.S

 

En los días grises de la historia se transforma también el sentir popular. A partir de hoy, Diego es eterno. El clima que se respira es acorde al humor social. Cualquiera puede imaginar que en muchos rincones del mundo lloramos a nuestro ídolo en igual forma. En Nápoles, Villa Fiorito, incluso en la India, con su estatua y la sensación de compartir la justicia por “mano propia” sobre el imperialismo y sus miserias.

Desde este día triste, a nosotros, los simples mortales, nos tocará vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloraremos una y otra vez. Como el tango, como el Diego, todo nuestro: para siempre.

¿Qué nos queda?

La posibilidad de ofrecerle un lugar de peregrinaje.

Sean eternos los laureles que supiste conseguir.

Nicolás Boaglio
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Historiador en construcción. Filosofía bilardista.

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