Economía

Encarando el 2021

Luego de un año de gobierno peronista, es oportuno efectuar un análisis tanto del transcurso del 2020 como del estado de situación desde el cual afrontar el inicio del año siguiente. Pero claro, para realizarlo con responsabilidad, es imprescindible considerar tanto el punto de partida como la indagación sobre si se modificaron aspectos estructurales en el paso de un modelo económico a otro. Es decir, en el pasaje de un modelo de valorización financiera, a uno de corte productivo-industrial con uno de sus pilares fundamentales en la reconstrucción del mercado interno.

Con vistas a lograr identificar variaciones, atenderemos las características fundamentales de lo hecho durante los cuatro años de la presidencia de Mauricio Macri: la apertura indiscriminada de las importaciones, la desregulación del comercio exterior e interior de la nación, la liberación del mercado cambiario, la configuración de la valorización financiera como rector organizador de la sociedad en detrimento de la economía real generadora de empleo, y la liberación de capitales especulativos (no productivos). Todo esto trajo resultados esperados, pero en una escala que superó las expectativas aún de los pesimistas.

Los gobiernos comprendidos entre el 2003 y el 2015 promovieron la actividad tecnológica y científica, redujeron el desempleo del 20% al 6%, la pobreza del 54% al 27%, la deuda externa en moneda extranjera del 160% al 11% y consiguieron los salarios mínimos y jubilaciones mínimas más elevadas de Latinoamérica. La canasta básica del 2015 se valuaba en $4.000, los salarios mínimos en $6.000 y las jubilaciones mínimas en $5.000, lo que significa que con un salario mínimo se podía comprar una canasta y media. Por su parte, el PBI, que es el valor de riqueza que produce el país anualmente, se ubicaba en el puesto 20 dentro de 190 países.

Bajo otro paradigma económico, desde diciembre de 2015, los resultados de las políticas favorecieron un modelo de concentración de riqueza, destrucción de la industria y el empleo con la consiguiente desfinanciación del Estado y la creación de un endeudamiento insostenible: el desempleo ascendió al 11%, la pobreza al 41%, la deuda externa en moneda extranjera al 50% y el PBI descendió al puesto 27. La canasta básica equivalía en 2019 a $32.000, habiéndose incrementado a una tasa del 65% por año, perteneciendo a la tasa de inflación más alta desde 1991, en tanto que los salarios mínimos alcanzaban tan sólo los $17.000 y las jubilaciones mínimas apenas $13.000, quedando a la vista que un salario mínimo pasó de comprar una canasta y media, a media canasta.

Para favorecer a la bicicleta financiera, que es ingresar libremente dólares, cambiarlos por pesos que capitalizan a altísimas tasas de interés para volver a cambiarlos por dólares y fugarlos libremente, se agigantó el endeudamiento externo y se destruyó la actividad productiva de bienes y servicios. Esto se explica porque las tasas de interés elevadas encarecen toda operación a crédito, contrayendo aún más toda actividad de consumo e inversión, y dinamitando las viabilidades de la planificación productiva.

En este sentido, se perjudicó al conjunto de la sociedad, por ejemplo quitado los medicamentos gratuitos a los jubilados y bajado de categoría de Ministerio a Secretaría a una importante serie de organismos públicos claves como Salud, Trabajo, Ciencia, Tecnología y otros. Durante su campaña, Alberto Fernández, describió que con los intereses que se le pagaba a los capitales especulativos alcanzaba para devolverle los medicamentos gratuitos a los jubilados. Y así fue.

Los organismos recuperaron la categoría de Ministerios y se reincorporó a su trabajo a los científicos que el gobierno de Macri despidió. Pero en el camino hacia restaurar un modelo productivo cayó desde el aire la pandemia del Coronavirus.  Para peor, con el país explotado financieramente y sin posibilidades de acceso al crédito, hubo que efectuar un Gasto Social inusitado para compensar el deterioro ocasionado por la única receta para prevenir el caos sanitario, que fue la cuarentena seguida de aislamiento social preventivo y luego distanciamiento social preventivo. Este deterioro a nivel global ocasionó el mayor cese de actividades de todos los tiempos. Sin embargo, gracias a asistencias como el Ingreso Familiar de Emergencia y la Asistencia al Trabajo y la Producción, el daño fue indudablemente menor al que hubiese padecido la sociedad argentina. Y producto de haber vuelto a financiar el sistema de salud, luego de cuatro años de desfinanciación, Argentina evitó que ese sistema se desborde cuestión que sufrieron numerosos países, incluido algunos desarrollados.

Por supuesto, muchos fondos especulativos que quedaron atrapados y no pudieron salir en 2019, quisieron hacerlo en 2020. Las herramientas fueron diversas, como comprar dólares en el mercado informal o comprar bonos en pesos para venderlos en dólares en el exterior. Estas operaciones elevaron el precio del dólar informal y con ello se generó una amplia brecha entre el dólar formal e informal que empujó al aumento especulativo y precautorio de precios. En el medio de todo este movimiento desestabilizador, se consiguió reestructurar la deuda externa postergando los vencimientos para dentro de cinco años.

Las consecuencias de lo antedicho son varias. En primera instancia, el Estado no tendrá que pagar a los acreedores externos, disponiendo de esos fondos para impulsar a la economía hacia una recuperación. En segundo orden, el tiempo ganado permitirá discutir sobre quiénes tienen que pagar esa deuda. Si un pueblo que se empobreció, o los sectores financieros que se enriquecieron con esta.

El gobierno de Alberto Fernández, los enfrentó emitiendo Bonos atados al dólar oficial, consiguiendo calmar el mercado cambiario. Asimismo, el congelamiento de tarifas contribuyó a calmar la inflación y el restablecimiento de la administración del comercio exterior e interior de la Nación confluye a un escenario en el cual la recuperación será posible. La capacidad ociosa de la industria, que ya era del 50% a consecuencia de la destrucción del período anterior de gobierno, hace pensar en una rápida puesta en marcha, que se condice con el presupuesto presentado para el 2021 que espera un crecimiento de más del 5%, estabilidad cambiaria, baja de inflación, aumento de empleo y recomposición del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones.

La evolución del cuadro expuesto de diciembre de 2019 luego de este año tan revoltoso, muestra la canasta básica en $50.000, incrementada en 55%, salario mínimo en $22.000 y jubilación mínima en $20.000. Los vientos aportados por un significativo incremento en la inversión social por parte del Estado, dirigidos a infraestructura, conectividad, construcción, obra pública, desarrollo y mecanismos de inclusión y reinserción social, permiten construir una expectativa optimista, para salir del desastre y erigirse nuevamente con el horizonte de justicia Social.

Julián Denaro
Author Details
Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

Comment here