Economía

Hacia una Sustentabilidad de la Deuda Externa

A un año de haber iniciado el gobierno, el Frente de Todos se encuentra resolviendo una de las problemáticas más pesadas que conforman la herencia del fracaso de clase que significó el macrismo, la deuda externa. Durante el gobierno de Mauricio Macri se tomaron 44 mil millones de dólares de deuda externa con acreedores privados bajo legislación extranjera y 44 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El problema no es la deuda externa en sí misma, sino el proyecto económico en el que se circunscribe. Estos fondos no fueron utilizados para financiar un proceso de desarrollo nacional, sino que contribuyeron a sostener un dólar barato para sostener la bicicleta financiera y facilitar la fuga de capitales. De este modo, el gobierno de Macri ha dejado al país en una delicada situación financiera con una deuda externa insostenible. Esto fue reconocido por el propio Fondo Monetario Internacional en febrero de 2020. En septiembre de ese mismo año y en medio de una crisis económica mundial sin precedentes por la pandemia de COVID-19 se logró un acuerdo de reestructuración de deuda con los acreedores privados con papeles bajo legislación extranjera. Con este gran logro del gobierno del Frente de Todos se consiguió despejar los vencimientos de capital hasta 2025.

Todavía queda pendiente la renegociación del crédito con el Fondo Monetario Internacional para poder finalmente resolver una parte sustancial del legado del gobierno anterior. El actual acuerdo con el Fondo fue firmado en 2018 y contemplaba un crédito que llegó a alcanzar los 57 mil millones de dólares, de los que se han tomado como deuda 44 mil millones de dólares. Se trata de una línea de crédito de corto plazo conocida como stand by facility. Esta línea de crédito no requiere reformas estructurales por parte del Fondo Monetario Internacional. Debido a su naturaleza de corto plazo, en 2021 la Argentina debería afrontar importantes vencimientos de capital e intereses con el FMI. Esta situación y la crisis económica internacional hacen que se vuelva necesario refinanciar la deuda existente para un plazo más largo. Esto implicaría dejar de tener una línea de crédito stand by para pasar a tener un extended credit facility. Esta última es una línea de crédito de más largo plazo pero que requiere reformas estructurales de parte del Fondo Monetario Internacional para su continuidad. En este sentido, el gran desafío que afronta el gobierno es arribar a un acuerdo que no implique una serie de reformas que terminen siendo perjudiciales para el pueblo y la propia sostenibilidad de la deuda. Un plan de ajuste fiscal y monetario exacerbado como el implementado durante los últimos dos años del Macrismo tendrá como resultado una recesión que implica que el peso de la deuda sobre el producto bruto interno se vuelva aún mayor. Esta ha sido la situación vivida por la Argentina entre 1999 y 2001, los recurrentes ajustes exigidos por las misiones del Fondo Monetario Internacional profundizaban la recesión. Esta situación generaba una reducción en la recaudación impositiva lo que demandaba un ajuste recesivo aún mayor. Se conformó un verdadero círculo vicioso que desembocó en el colapso económico, social y político de la crisis de 2001 de la cual nos ha llevado mucho tiempo recuperarnos.

Es importante destacar que con Kristalina Georgieva ha habido un cambio en el discurso del Fondo Monetario Internacional. Por lo tanto, las negociaciones podrían implicar una salida a través del crecimiento económico y las exportaciones. La primera diferencia sustancial de política económica con relación al Macrismo y al 2001 es la existencia de controles de capitales. El mal llamado cepo cambiario ha impedido que en esta crisis mundial sin precedentes el peso argentino utilizado para las importaciones sufriese una devaluación similar a la de los tipos de cambio financieros. El control de capitales ha permitido una reducción sustancial de la tasa de interés que de haberse mantenido en los niveles sufridos durante el Macrismo hubiera implicado una recesión aún mayor que la experimentada en 2020. Por otro lado, se ha llevado adelante un cambio en la fórmula de movilidad jubilatoria que vuelve a la fórmula implementada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que logró una importante recuperación de los haberes previsionales y va a lograrlo nuevamente. Esta nueva fórmula ya ha sido consensuada con el Fondo Monetario Internacional y hace que la recuperación de las jubilaciones vaya de la mano con el crecimiento de la recaudación del Estado, garantizando la sustentabilidad. Además, lejos de promoverse una reforma laboral se ha sostenido la vigencia de la doble indemnización para proteger el nivel de empleo.

En conclusión, es importante aprender de nuestra historia para no perder de vista que el ajuste recesivo no es el camino para la sustentabilidad de la deuda. La deuda puede llegar a ser sostenible en el marco de una política de crecimiento económico y desarrollo de largo plazo. El desarrollo productivo sostenible (ecología integral que es social y ambiental) se construye profundizando varias de las políticas actuales del gobierno del Frente de Todos, como la Ley de Economía del Conocimiento. Desde el neoliberalismo se nos quiere hacer creer en un antagonismo entre sector público y privado. En cambio, el verdadero camino es el Estado Emprendedor capaz de articular y potenciar al sector productivo en desmedro de la especulación financiera.

Nicolás Pérez Soto
Sobre el autor
Economista de Ideas por el Desarrollo (IxD)

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