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Un año de política exterior de Alberto

Señales que luego fueron hechos (*)

Las primeras acciones en materia de política exterior de Alberto Fernández comenzaron antes de su asunción: una gira por Europa que arrancó en España visitando a Pedro Sánchez y luego en Portugal a Antonio Costa en donde conversaciones y declaraciones en torno a la negociación con el FMI fueron claves. Dos países vistos desde la “centro- izquierda”.

En Latinoamérica tenemos una visita al entonces presidente Evo Morales –previo al golpe de estado- y al entonces presidente de Perú Martín Vizcarra, hoy renunciado en una crisis institucional y política muy fuerte del país andino. Los contactos con el presidente de México, López Obrador, nunca dejaron de pasar desapercibidos y mucho menos desde la creación de lo que se llamó el GRUPO DE PUEBLA (en la ciudad de Puebla en México), que reunió a más de 32 dirigentes progresistas entre ellas y ellos, ex presidentes, como Dilma Rousseff y Lula Da Silva. Esto se pudo leer como una clara señal de Alberto Fernández de rechazar el Grupo de Lima, conformado por dirigentes de gobiernos neoliberales de la región, alineados a las políticas estadounidenses.

La visita a la casa de Pepé Mujica en Uruguay al final de la campaña electoral, considerado por varios sectores de la oposición como un referente, fue digitada en ese sentido.

Todos los gestos, acciones y omisiones políticas no sólo dieron señales de un horizonte de hacia dónde estaba mirando el entonces candidato a presidente argentino, sino también sobre cómo se darían efectivamente esas relaciones a posteriori. A nadie se le escapó que Brasil sea un ausente en su agenda política y su #modoinstitucionalista respecto a Venezuela.

Primer desafío. Golpe de estado en Bolivia el 10 de noviembre

Alberto Fernández, presidente electo, no había tomado funciones, y precisamente un mes antes del acto formal de su asunción se encontró ante uno de los mayores desafíos político institucionales: un golpe de estado en el país vecino de Bolivia

Sin ahondar en todas las causas que produjeron un hecho irreparable en el pueblo boliviano, el presidente electo tomó un protagonismo inédito como si fuera ya presidente.

No sólo rechazó la intervención de las fuerzas de seguridad interiores y exteriores en la democracia boliviana y declaró explícitamente que se había “consumado un golpe de estado” contra el presidente Evo Morales, sino que tuvo un papel estratégico y decisivo en la preservación de la vida del propio Morales y su vice, Álvaro García Linera. Como si fuera presidente en funciones, llamó a sus pares de Paraguay y México, con quienes coordinaron su salida efectiva del país. Algo que sin duda alguna quedará en la historia latinoamericana.

Una vez en gestión

Breve mención, pero criterio ineludible a la hora del análisis, es que a tan sólo tres meses de comenzada la gestión, la pandemia atraviesó al mundo y por default, a todo el gobierno y sus objetivos.

El presidente puso a cargo de la política exterior a un referente de la política doméstica. Un ex gobernador de la provincia de Buenos Aires durante la gestión de Néstor Kirchner que compone la unidad de un espacio diverso y heterogéneo que llevó al Frente de Todos a la presidencia: Felipe Solá. Sin sorpresas en el gabinete aquí, dado que fue un hombre que lo acompañó en todas las cuestiones de política exterior en la previa electoral. De los pocos votos cantados. Solá, visto por algunos como una de las caras más ortodoxas y cercano a Massa, pronto sufriría las caras de la coalición frente a un escenario extraordinario y excepcional que trajo la pandemia COVID 19.

La primera visita fue nada más ni nada menos que a México el 4 de noviembre 2019. La fecha tendrá valor pocos días después. En la previa al encuentro el mandatario mexicano expresó algo que Fernández repite incansablemente: «Lo más importante es apegarnos a nuestra política exterior. Los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos, cooperación para el desarrollo, solución pacífica de las controversias; esos principios son los que nos guían»

Potente definición de AMLO. Podríamos decir que es LA definición de política exterior.

La política internacional norteamericana en nuestro continente

Venezuela funciona para muchos como figura para el disciplinamiento del resto de la región hace ya más de una década. El bloqueo económico, el ataque mediático permanente y el financiamiento de la oposición venezolana por parte de Estados Unidos, es un dato irrefutable de la realidad contemporánea. A esto se le suman los errores y deficiencias propias de un gobierno bolivariano que no encuentra el camino de salida, ni de paz, ni de prosperidad para su pueblo.

El gobierno aquí se encontró en una danza interesante, producto justamente de la propia conformación del Frente de Todos como un gobierno de coalición: por un lado, la Cancillería acompañó el informe sobre la violación a los Derechos Humanos en Venezuela llevado adelante por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, ratificándola en sus funciones por dos años más; y por el otro, absteniéndose de condenar a dicho país en la OEA.

Dos planos, uno internacional y otro nacional. La respuesta política local fue inmediata con la renuncia de Alicia Castro a la embajada de Rusia, cargo que iba a ocupar. Recordemos que Castro supo ser embajadora en Venezuela durante la gestión de la ahora vicepresidenta y luego embajadora en el Reino Unido. Los ruidos hacia adentro de la coalición gobernante tuvieron más replique interno que externo, bien aprovechados por la oposición. Pero podríamos decir que hubo empate, en línea con la visión albertista de la política exterior.

En un sentido más de acción que de reacción, podemos ubicar el intento de impulsar como candidato a presidente del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) a Gustavo Béliz, quien supo ser miembro de dicho organismo y forma parte del círculo rojo del presidente. Se trabajó desde la Cancillería junto con otros países en retrasar las elecciones, poniendo un freno al candidato de Trump, Mauricio Claver-Carone, quien finalmente ganó. Algunos dirían fracaso, otros podríamos decir que al menos se intentó. Lo que es seguro, es que por primera vez hay un presidente del BID norteamericano y claramente anti latinoamericano ¿Causalidad?

Otro organismo internacional clave fue la OEA (Organización de los Estados Americanos). Luis Almagro, en tanto representante de dicho organismo, tuvo un protagonismo decisivo en el golpe de estado en Bolivia. De hecho, es el organismo quien esgrime los argumentos alegando que las elecciones habían sido fraudulentas. Cuestión que fue desmentida. Realmente un hecho pornográfico en la política exterior.

Dejamos una declaración y posicionamiento muy fuerte de México de hace casi dos meses que da cuenta de la tensión con el organismo que preside el señor Almagro: «México sugiere al señor Luis Almagro someterse a un proceso de autocrítica a partir de sus acciones en contra de la Carta de la OEA y por lastimar la democracia de Bolivia, para determinar si aún cuenta con la autoridad moral necesaria para encabezar esta organización», expresó el subsecretario mexicano para América Latina y el Caribe, Maximiliano Reyes.

Interrogantes para un gobierno de coalición

¿Y el Grupo de Puebla? ¿Existe? ¿Se podrá consolidar una especie de renovación de UNASUR liderada por presidentes que caracterizamos como moderados?

¿Qué sabemos de Scioli en Brasil? Hace algunas semanas fue la asunción de Argentina en la presidencia pro tempore del bloque regional Mercado Común del Sur (Mercosur). Dicha presidencia trae la oportunidad de nuevas proyecciones, de las cuales la superación de los efectos de la pandemia debe proponerse bajo un bloque con matices y diversidad. En la asunción se adelantó que Bolivia es uno de los países convocados a participar como Estado parte y, se espera, pueda apostarse a una Patria Grande en donde tanto los países parte como los Estados invitados, no sean digitados por Estados Unidos como sucedió en la IX Reunión Extraordinaria del Mercosur en 2016. Sigue siendo una incógnita el socio y mayor aliado comercial, Brasil. Capítulo aparte merece el silencio respecto de Venezuela. Respondiendo al interrogante, tapado por la pandemia quizás y con algunos vaivenes de declaraciones políticas controvertidas, la relación bilateral aparece como pragmática y en un plano que manejan muy de bajo perfil las cancillerías.

En el mundo, China disputa hegemonía con un Estados Unidos que avanzó en América Latina de manera agresiva. Por allí anda un contrato comercial con el gigante asiático para producir carne porcina que no sabemos en qué quedó. Mientras, la histórica experiencia rusa en investigación nos proporciona la primera vacuna contra el COVID 19.

Resta ir conociendo cuáles son los posicionamientos predominantes del gobierno de Alberto Fernández en la pos-pandemia, y los tiempos de reconstrucción que se vienen. Está mal, pero no tan mal.

Un sabor a Alberto Fernández, ¿no?

 

(*) El presente artículo contó con la colaboración de Ernestina Rosas.

Laura Ximena Iturbide
Sobre la autora
Politóloga, docente e investigadora UNRN.

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