Economía

La puesta en marcha en 2021

A continuación del anterior escrito, Encarando el 2021, en el cual se destaca la importancia crucial del cambio de modelo económico, se procederá a describir algunas de las cuestiones centrales de las cuales dependemos para lograr la recuperación de la actividad, el empleo y el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, al mismo tiempo que se recordarán algunos puntos de conflicto que abren oportunidades, pero que por eso mismo enfrentan cuestionamientos permanentes por parte del poder concentrado a través de los medios de difusión que manejan.

La memoria activa significa no olvidar, que implica el Nunca Más, y al mismo tiempo tener presente fórmulas que fueron efectivas en el pasado. La referencia es al mecanismo que puso de pie al país luego de la explosión del 2001, que fuera el símbolo del final de la crisis causada por la convertibilidad. Esto es, que desde el 2002-2003 la activación de la actividad interna generadora de empleo fue propulsada por el lado de la demanda, vale decir, por el consumo interno, que compone más del 65% del producto total (PBI).

Por ende, es impostergable expandir el poder adquisitivo de los ingresos, para que los salarios y jubilaciones percibidos alcancen para una mayor capacidad de compra. Ese logro propicia que aumente el consumo, lo cual tracciona automáticamente una mayor producción para satisfacerlo, que a su vez requiere de una mayor ocupación laboral, disminuyendo así el desempleo. Ese mecanismo se vuelve un efecto multiplicador que se expande virtuosamente, porque la mayor actividad conduce a mayor ganancia para las empresas que venden más, y entonces el Estado también recauda más, por impuestos al consumo, a las ganancias, aportes y contribuciones a la seguridad e inversión social. Todo esto explica la expansión del mercado interno, que es el 75% de la actividad total del país, de la cual forma parte el consumo mencionado anteriormente.

Complementariamente con esto, se reitera que el presupuesto 2021 destina recursos importantes, tal vez inéditos por su magnitud a la obra pública y la vivienda, además de engordar las partidas asignadas a salud, educación, ciencia y tecnología, conectividad y desarrollo. Si se ejecutan con eficiencia y velocidad servirán como émbolo keynesiano. Pero claro, si bien es cierto que, en función de todo lo expuesto, se prevé un aumento en la actividad, eso no significa que disminuya la desigualdad. Esta mención viene a recordar que con el primer gobierno de Menem ha ocurrido un crecimiento del producto nacional, coincidente con aumentos de pobreza, inequidad y otros males adicionales como endeudamiento y desindustrialización. En consecuencia, será importante diseñar políticas que ataquen los mecanismos de concentración de riqueza.

En este mundo tan desigual, en el cual se verifica que especialmente en los momentos de crisis, la velocidad de acumulación de riqueza de los sectores concentrados se acrecienta, es vital el accionar de gobiernos denominados progresistas, que son aquellos que se proponen implementar medidas conducentes a disminuir la injusticia, la exclusión y la pobreza. Aquí en Argentina, el rótulo puede emparentarse con popular, populista o peronista, aunque la especificación terminológica no se aborde en este momento.

Un asunto vital respecto al cuidado de los intereses de los argentinos es el sector externo. Para visualizarlo con un ejemplo: si se crece un 6% pero la fuga de dinero al exterior se incrementa un 10%, el conjunto de la sociedad argentina se vuelve más pobre. ¿Cómo puede ser que haya hambre en un país que produce alimento para más de 400 millones de personas? Una respuesta a esta pregunta se responde vinculando algunas de las cuestiones mencionadas: la concentración de poder en pocas empresas que ofician de intermediarias entre nuestro país y el extranjero, que han naturalizado su hábito de subfacturar exportaciones, sobrefacturar importaciones, tercerizar con empresas dominadas en el exterior, evadir impuestos, y extorsionar al gobierno nacional para que devalúe o quite retenciones para incrementar su riqueza haciendo abuso de su poder. Queda a la vista que este accionar empobrece de inmediato a todos los habitantes de nuestro país a excepción de los pocos que manejan dólares.

Es inadmisible que estos grupos concentrados conserven el manejo sobre la cadena alimentaria empobreciendo a todos. En un extremo se aprovisionan de los pequeños productores acopiando insumos, bienes intermedios y productos finales, pero presionándolos para pagarles menos, aprovechándose de la urgencia de quienes no tienen holgura financiera. En el otro extremo forman precios aún por encima de la inflación, y utilizan los dólares recibidos por exportaciones como si les pertenecieran sólo a ellos, cuando son el resultado de toda una cadena conformada por muchos eslabones.

Urgentemente, el pueblo a través del Estado, deberá administrar y regular toda la cadena de producción, distribución y comercialización de alimentos, tanto en el mercado interno como externo. De ser posible, se requeriría de una empresa pública testigo que haga visible el oscuro accionar de las corporaciones que ocupan posiciones dominantes. Para esto, aún no está resuelto el tema Vicentín, luego de la multimillonaria estafa efectuada durante el gobierno de Macri.

La Ley de Góndolas también viene a colaborar para evitar los abusos de las grandes firmas, ya que se establece un tope de ocupación del 30% del espacio de venta físico o virtual para cada oferente, debiendo haber un mínimo de 5 marcas en cada góndola y abriendo un espacio del 25% para las pequeñas y micro empresas y otro espacio para cooperativas, empresas de la agricultura familiar y economía popular. De esta forma, se cuida a los pequeños para que puedan insertarse en los mercados, y se  establece una competencia de precios que evita los abusos de los monopolios y oligopolios, que son los formadores de precios. También se ubica a los productos que integran la lista de Precios Cuidados en lugares centrales, y las islas de exhibición cercanos a las cajas de cobranza estarán ocupados en un 50% por productos de pequeños productores y empresas medianas que fueron relegadas durante años por el accionar de las grandes empresas.

Desarrollar la producción y la industrialización atada a las fuentes de recursos conseguirá descentralizar a nuestra población, contribuyendo a evitar el increíble problema de que siendo el 8º país más grande del mundo suframos déficit habitacional, provocado porque la tercera parte de la población del país se halla amontonada en el AMBA y por el negocio inmobiliario dentro de cuyos nombres forman parte los conocidos Macri y Larreta. Esto tampoco debe olvidarse.

Otro frente de disputa consistirá en hacer más progresiva la estructura tributaria de nuestro país, para que menos sufran los que menos tienen. En este terreno, es conveniente que se aplique un impuesto a las grandes fortunas que se pague todos los años, no para quitarles riqueza sino como se mencionó anteriormente, para que la acumulen más despacio. Está suficientemente sabido que eso permite mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables.

Otro punto central, que implica miles de millones de dólares todos los años, es recuperar el comercio y el dominio sobre nuestro mar y nuestros ríos. De hecho, el Mar Argentino es la región de pesca perteneciente a un país más extensa del mundo. Para dar una idea, el mar argentino correspondiente a la provincia de Chubut equivale en superficie a toda España. ¿No sería estratégico que estos recursos queden en las arcas nacionales? Preguntas similares van para el extractivismo de la minería.

Pues bien, dada la impostergable necesidad de incrementar los ingresos populares para mejorar las condiciones de vida e impulsar la actividad productiva, se ve imprescindible atender a todos y cada uno de los condicionamientos financieros. Regular los mecanismos de concentración de ingresos, fiscalizar de manera visible las operaciones evasivas y elusivas, e impedir el saqueo de nuestros recursos tanto por las corporaciones trasnacionales, como por el poder financiero, resultan elementales para satisfacer los objetivos planteados, con vistas a conquistar soberanía nacional. Esta corresponde al pueblo y a sus intereses, y no a las pretensiones ajenas y enfrentadas a aquellos.

Julián Denaro
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Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

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