Economía

El Gorosito

Historias mínimas (la estepa)

Anochece tarde. Pasadas las 22 horas aún es de día. Una línea roja proyectada desde el horizonte que solo es interrumpida por las siluetas de algunas estaciones de bombeo de gas y petróleo desperdigadas en la inmensidad nos golpea la frente mientras esperamos que algún buen samaritano nos levante al borde de la ruta para nuestro regreso. Después de un día largo, la casi noche nos encuentra en las afueras de Las Heras, a un tercio de camino entre la costa y la cordillera. El viento es intenso y fresco y los pocos vehículos que circulan por el camino son camiones y pick ups de empresas relacionadas con el quehacer petrolero. Las ráfagas nos arriman unas cajas de cartón que desarmamos y metemos entre nuestras ropas para tratar de capear el frío. La idea, como siempre, es llegar, descansar y al día siguiente volver a recorrer lo que aún queda pendiente.

La venta es buena. Vendemos prácticamente a mitad de precio de lo que vende cualquier tienda del ramo en la zona. El circuito es el siguiente: comprar la ropa en Buenos Aires, enviarla en camión al local de Caleta y desde ahí salir, bolso en mano, todas las semanas a vender pueblo por pueblo, puerta por puerta. Nos va bien, se acercan las fiestas y la gente ya cobró el sueldo, el aguinaldo y los bonos que otorgan las empresas a fin de año. Tienen guita fresca. Es diciembre del ‘83.

Cien años de peronismo

Incluso después del despojo sufrido durante la dictadura del ‘76 al ‘83 (recordemos que casi el 20% de la deuda externa argentina contraída durante este período es endeudamiento de esta empresa estatal), YPF seguía siendo la principal empresa estatal argentina y una de las petroleras más importantes del continente. Desde su creación en 1922, en las postrimerías del primer gobierno de Yrigoyen, la historia de YPF es la historia del desarrollo nacional argentino. Su carácter estratégico queda en evidencia en el accionar del coronel Mosconi, quien queda al frente de la misma a partir de la llegada de Alvear al sillón de Rivadavia. La fuerte expansión operativa explica mucho más que un incremento sostenido en la producción estatal de hidrocarburos (tengamos presente que ya en 1925 estaba operativa la refinería de Ensenada, con lo que el Estado estaba en condiciones de producir combustibles y derivados del petróleo), explica además el desarrollo de vastas zonas del territorio nacional que hasta ese momento estaban muy poco pobladas. En torno al crecimiento vertiginoso de YPF se produjo en las décadas subsiguientes un importante flujo migratorio interno y fueron naciendo nuevos pueblos y ciudades. La historia de YPF es también la historia del rol del estado en la administración de los recursos estratégicos de nuestro país. Como diría Raúl Larra: “Cuando los criollos en los albores de la patria expulsan a los rubios ingleses, adquieren la medida de su estatura”. Con YPF el pueblo argentino comienza a tener conciencia de su capacidad para administrarse a sí mismo.

Vacas y oro negro

Cuando sucedió el nacimiento de YPF, el 3 de junio de 1922, ya la explotación y extracción de petróleo era una actividad pujante en nuestro país. Desde el 13 de diciembre de 1907 cuando una cuadrilla del Ministerio de Agricultura descubrió petróleo en la zona de Comodoro Rivadavia, la actividad no había cesado de crecer y además del rol del Estado, había convocado a numerosas empresas privadas nacionales y extranjeras. Esta dinámica en la que casi desde su inicio hubo una tensión entre una perspectiva nacionalista y estratégica del recurso y el negocio privado, siempre fue sostenida y permitió que al momento de la fundación de la empresa nacional el 40% de la explotación total estuviera en manos de emprendimientos privados, la mayoría de capital inglés y estadounidense.

Ahora bien, en el caso argentino, el capital privado no siempre estuvo a la zaga de la iniciativa estatal. Si bien durante el gobierno de Sarmiento ya existían informes geológicos que hablaban del potencial petrolero de la provincia de Mendoza y de la necesidad de que fuera el Estado el que tomara la iniciativa para explorar, a falta de iniciativa de los capitales privados, había antecedentes de empresas de capital privado y nacional, como la Compañía Jujeña de Kerosene, que desde 1864 y a partir de una habilitación del Congreso Nacional había comenzado a operar en los afloramientos de petróleo existentes en la provincia norteña. Mismo caso el del español Francisco Tobar con su mina “República Argentina” o el de la Compañía Mendocina Explotadora de Petróleo fundada por el padre del artista plástico Fernando Fader en la década del 80 del siglo XIX. Todos estos emprendimientos nacionales de capital privado tuvieron diferentes derroteros ya que chocaron con fuertes impedimentos a la hora de desarrollar su logística debido a la precariedad de la infraestructura existente en los territorios. Los antecedentes mencionados les permitieron a algunos autores relativizar el mito tan enraizado sobre el nacimiento de la “Argentina petrolera” haciéndolo coincidir con la fundación de la petrolera estatal. Más allá de esta cuestión puntual, lo que sí es dable destacar es que desde el comienzo de la actividad petrolera en nuestro país el capital nacional privado estuvo presente explorando y explotando el recurso.

Historias mínimas 2 (la parábola del Rastrojero)

El local es pequeño, casi un pasillo, pero muy bien ubicado (queda a dos cuadras del Gorosito). A pesar de su pequeñez la gente se las rebusca para entrar. La ropa está exhibida en las paredes. Lo atienden mis primas, las hijas de Alberto. Nosotros nos dedicamos a la venta ambulante ¿Por qué ir a vender ropa a Santa Cruz? Simplemente porque en la región la ropa es carísima, tres o cuatro veces lo que cuesta en Buenos Aires.

Entrando a Caleta por ruta 3 desde Comodoro lo primero que se ve son tres inmensos depósitos de petróleo. Son cilíndricos, como tanques australianos, pero obviamente más altos y con tapa. Un sinfín de cañerías de los más diversos diámetros recorren su derredor. Se ven también un par de estaciones de bombeo. Saliendo de Caleta para el lado de Cañadón Seco a no más de kilómetro y medio hay un playón de YPF con vehículos en desuso, abandonados. Algunos camiones y cientos de Rastrojeros pudriéndose bajo los efectos del sol y el viento cargado de sal que llega desde el mar. Bajamos. Paseamos por el lugar. Algunas camionetas parecen estar enteras, casi como para ponerles la llave y salir andando. Pero no, el lugar es un cementerio. Se quedan ahí para siempre. A unos cien metros, de entre los camiones, sale un grupo de martinetas, son como perdices, pero más grandes. Su carne es muy rica, dicen. Hace diez días asumió Alfonsín.

¿Bandera de remate?

La privatización de YPF formó parte de un paquete de decisiones ejecutivas que modificó drásticamente los contornos del Estado argentino. Y fue apoyada con un fervor medido por los representantes políticos de todas las provincias productoras de petróleo. Es que el proceso privatizador tenía como horizonte, entre otras cosas, la provincialización de las riquezas subterráneas. La transformación de la empresa estatal en una sociedad anónima no implicó su extranjerización y mucho menos que los Estados nacionales y provinciales dejaran de tener la principal palanca de mando en las decisiones respecto del rumbo de la empresa. La pérdida de este rol central en el manejo de la política energética nacional se produjo en 1998 con la venta de las acciones que poseía la Nación a la española Repsol que pasó a controlar casi la totalidad de la compañía.

La privatización de YPF fisuró un cosmos. Agrietó un orden social en el que convivían pueblos e identidades entrelazadas por la historia de la empresa nacional, pero también por la herrumbre y los despojos de un modelo de Estado argentino que lejos de caracterizarse como tractor del desarrollo ya había mostrado sus límites y estaba en franca decadencia. Hubo sí una tragedia y es que como consecuencia del fuerte endeudamiento durante el gobierno de Menem el país terminara renunciando a las riendas para diseñar su política energética y las entregara a una empresa cuyo modelo de negocios no tenía como norte el desarrollo nacional.

En días en los que desde algunas usinas de opinión se agita la idea de reestatizar la empresa, viene bien recordar que el actual esquema de mayoría accionaria en manos del Estado es más que suficiente para llevar adelante una política energética que represente el interés nacional. Hoy YPF tiene un rol central ineludible frente a los desafíos que presentan el desarrollo y la explotación de nuevas fuentes de energía renovable y no renovable. Y está en condiciones de afrontarlos con holgura, precisamente porque su diseño amalgama dirección pública con interés privado. Hubo un mundo que amamos, pero ese mundo ya no existe. De ese mundo nos quedan amores, imágenes y anécdotas imborrables. Está bien que así sea: somos también lo que fuimos. Pero sería un error intentar volver a ese lugar que ya no está, y aunque este ejercicio tenga cierto encanto está también cargado de zozobra. Tanto encanto y zozobra como podría tener, después de cuarenta años, verse obligado a volver a hacer dedo al costado de una ruta en la estepa patagónica.

Mariano Pugliarello
Sobre el autor
Herrero. Diletante. En vías de desarrollo.

Comments (1)

  1. Avatar
    Cristina Lospennato

    muy exceleten abrazo y felicito el Diletante, cuando estuvimos en Caleta me impresiono la Caleta Natural ubicado entre el Complejo Deportivo Municipal y la Playa de Tanques de petróleo sobre la costa, fue declarada Reserva Natural Municipal para preservar el área y la biodiversidad marina que existe en el lugar. Le pusieron Olivia en honor a la esposa de un teniente de navío que la descubrió. El nombre no lo sé. (data extraida en la misma Caleta ) Fe li ci ta cio nes

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