Editorial

Voy a evocarte

Sombra terrible de Carlos voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: revélanoslo.

A los 90 años murió el dos veces presidente constitucional de nuestro país, Carlos Saul Menem. Fue además gobernador de La Rioja y Senador Nacional por aquella provincia. Con él, muere la figura política nacional que liquidó el relato de la modernidad en la Argentina.

Decir la palabra Menem sin tocarse una teta o un huevo

En los últimos años el campo popular se ha dado el trabajo a partir de plumas de la talla de Martín Rodríguez, de repensar la figura de Carlos Menem y la década del noventa del siglo pasado. Hace no mucho tiempo la izquierda Peronista y cierto progresismo urbano ni siquiera podía nombrar el apellido del ex presidente, su sola mención era sinónimo de mala suerte que había que contrarrestar tocándose la izquierda o el izquierdo. Difícil es culparlos de aquello, el Menemismo significó para los que fueron parte de la JP en los 70, el fin de la ideología de emancipación y el colapso final del caminar perpetuo hacia una utopía totalizante pero al mismo tiempo libertaria. En tanto que para los que fueron jóvenes con inquietudes políticas en los 90, la lisa y llana prostitución de la práctica política como motor de cambio social.

Sin embargo no parece ser todo tan sencillo para analizar los años noventa y la figura de Menem; y está claro que los análisis repletos de emociones no son convenientes a la hora de acercarse a una época histórica ¿o tal vez si?

De Quiroga a Bush

Cuando Carlos Menem le gana la interna del Partido Justicialista a Antonio Cafiero de forma para muchos sorpresiva, su figura era reivindicada y militada por todo el arco de lo que en los años setenta fue la Tendencia Revolucionaria Peronista, la propia conducción de Montoneros (o lo que quedaba de ella) le expresó su apoyo. La CGT combativa esa de los 14 paros a Alfonsín dirigida por Ubaldini estaba de su lado. Toda la enorme militancia política del peronismo de izquierda de los años 80 lo apoyaba. El peronismo de Perón, Evita y de la JP de los setenta volvía para ahora si poder gobernar sin las presiones infames del partido militar en decadencia. Menem era una tromba populista, llena de carisma y federalismo que arrolló primero al intento de convertir al Peronismo en una social democracia que esbozaba Cafiero, y al conservadurismo radical representado en la figura de Eduardo Angeloz.

Repitamos esto porque es de real importancia para entender lo que vino después: el Peronismo volvía a ganar de la mano de un caudillo popular, de un Facundo modelo siglo XX. Aquello no fue moco de pavo. La derrota gigante y en todos los planos que había significado la Dictadura y el aparato cultural Alfonsinista para el Movimiento político creado por Juan Perón todavía sangraba, todavía estaba abierta y en carne viva. Menem venia a redimir aquello. Y entonces que lo traigan al gorila de Alfonsín para que vea que el pueblo no cambia de idea, y que lleva la bandera de Evita y Perón. Si a esto le sumamos que las promesas de campaña del riojano, era el salariazo, la revolución productiva, el fifty-fifty y toda la liturgia peronista, la cosa daba para ilusionarse. Pero claro, como nos dice Mariano Pugliarello en su crónica “El Gorosito” publicada en En Tapa el 28 de enero pasado (https://entapa.com.ar/2021/01/28/el-gorosito/) “Hubo un mundo que amamos, pero ese mundo ya no existe”. Y así fue, en el año 1989, ese mundo que soñaban algunos ya no existía.

El mundo que si existía era bien distinto al de los años 70. Era un mundo que para empezar, comenzaba su frenético camino hacía la unipolaridad. Era el mundo de los neo conservadores, el mundo de Thatcher, de Reagan y de Bush padre. El mundo del Consenso de Washington y del fin de la historia. Era un mundo sin Vietnam, con los cubanos huyendo en balsas a Miami, con la Unión Soviética gobernada por un liberal. Un mundo donde la modernidad empezaba a morir para darle paso al multiculturalismo en todas sus variantes, pero con la premisa clara que el pos modernismo venía a instalar: ya no había ciudadanos, ahora éramos todos consumidores.

Y entonces Menem lo hizo, se afeitó las patillas y sepultó lo sueños de antaño, para que nada de lo que deba ser estatal permanezca en manos del Estado. Y de la revolución productiva, pasamos a las privatizaciones, del salariazo a la reforma laboral y como los balseros, ya no mirábamos a Cuba sino a Miami. Y llego el 1 a 1 y la fiesta menemista y los electrodomésticos, y la embajada y la AMIA y Río Tercero y Cutral Có y los 20 puntos de desocupación y los demócratas de mierda y los forros pacifistas, todos narcos, todos narcos, todos narcos…

¿Pero entonces Menem fue un traidor? Así parece. ¿Pudo haber hecho otra cosa en aquél mundo? No parece.

Pizza con Champagne

Tal vez la cuestión más denostada de la década del noventa sea la estética. Poco se discutía, desde los distintos foros del establishment, sobre todo en aquellos primeros años de convertibilidad, sobre el proyecto económico. El debate giraba en torno a cuestiones más mundanas. Pocos se animaban a discutir el programa de gobierno, pero las ropas y joyas de Zulema eran tapas de todas las revistas y causaban repulsión entre los caballeros y las damas de las capas altas pero también del periodismo progresista. Era muy fácil ser anti menemista en los noventa, con sólo criticar los tapados de leopardo de María Julia, muchos ya sentían que estaban tomando el Palacio de Invierno. La critica al “negro” que consume, al “negro” que anda en autos caros y come sushi con Mirinda es una constante a través de la historia. En los noventa esa critica estaba a la orden del día y de algún modo era la nieta de aquella del aluvión zoológico.

Alguien sabio dijo alguna vez, mientras los programas que “incomodaban” a los políticos eran furor entre la juventud. “Ojo con estos tipos, que los garcas son ellos”. Tenía razón.

Sombra de Carlos

Murió Carlos Manem, el primer presidente peronista de la democracia, el del abrazo con Rojas y el que repatrió los restos de Rosas. La historia ya se ocupará de darle el lugar que merece, pero ya nadie debería tocarse un huevo o una teta cuando escuche su nombre.

Comments (1)

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    Cristina Lospennato

    No pude evitar tocar algo. Lo bueno y lo malo de un sujeto a infiernos para unos y cuelos celestes para otros. Como siempre los unos y los otros. Excelente articulo. Abrazo

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