Editorial

Femicidios: la reproducción y respuesta más cruenta del sistema patriarcal

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¿Qué hacemos?

«La violación no es un acto sexual, es un acto de poder, de dominación, es un acto político» Rita Segato.

En Las estructuras elementales de la violencia (2003), la antropóloga Rita Segato se dispone a desarrollar nueve ensayos que analizan la estructura patriarcal y que tratan de generar un modelo de comprensión de la violencia. Ese análisis lo hace a través de un trabajo etnográfico y psicoanalítico en las cárceles de Brasil entrevistando a hombres violadores. En su primer capítulo describe lo que ella llama la “violación cruenta”, que es la cometida en las calles por asaltantes desconocidos y la estadísticamente menos significante dentro de todas las violencias sexuales.

En el caso de los femicidios pasa algo similar. El femicidio podría ser definido como la violencia hacia las mujeres en el punto de mayor gravedad, como el extremo de una línea de continuidad que incluye el desprecio, los maltratos verbales y psicológicos, la violencia política y económica. ¿Existe acaso una acción tan explícita de disciplinamiento más marcada que la muerte? ¿Acaso no termina siendo la más cruenta?

El reciente femicidio de Úrsula Bahillo, así como los de Lucía Pérez y Micaela García –entre tantos otros-, vuelve sobre varias aristas de análisis pendientes que tenemos como sociedad, pero existe una que le toca al Estado como institución: la observación de su propia fuerza de seguridad y sus instituciones judiciales desde la perspectiva feminista. Algunas líneas para reflexionar.

El cuerpo femenino, el territorio y el derecho

El jurista Carl Schmitt en El nomos de la tierra (1950) plantea que la “ocupación de la tierra” inaugura el ámbito legal en general, es decir, el derecho sobre un lugar, una ubicación.1 Suele decirse que en las sociedades pre modernas el cuerpo de la mujer era un lugar de conquista entendido como un medio. ¿Qué quiere decir esto? La mujer no era un sujeto, sino que la agresión hacia su cuerpo era una agresión hacia su marido/padre/honra familiar, así como también representaba un objeto de intercambio y de control de reproducción. Con la sociedad moderna, según nos enseñan algunos relatos de progreso, devino la emancipación femenina y por tanto las mujeres asumieron estatus de sujeto. Pero ese pasaje no estuvo exento de violencia.

El cuerpo femenino sigue siendo “lugar”, “ubicación”, “territorio” de conquista/dominación/sujeción/apropiación y de eliminación, entendiéndolo no solo como cuerpo material sino también en sus múltiples dimensiones. El ejemplo más visible sigue siendo el de las guerras territoriales –en su sentido más literal- y para eso no hace falta irse al medioevo ni a países muy lejanos.

En 2017 las Fuerzas de Guerra del Régimen Israelí (IDF) realizaron una encuesta a las mujeres que formaban parte del ejército. Allí se encontraron con que una de cada seis mujeres soldado había sido acosada sexualmente […]. Asimismo, la Asociación de Centros de Crisis por Violación en los territorios ocupados por Israel, publicó que recibió en el mismo año unas 47 000 llamadas.2

Estos datos resultan preocupantes, más teniendo en cuenta que solo respondió el 15,6% de las mujeres soldado.

En una reciente nota de Periodismo y Justicia3 se dieron a conocer datos sumamente interesantes sobre las fuerzas de seguridad bonaerenses a través de un informe de la Auditoría General de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad de la provincia:

  • En los últimos siete años, 1 de cada 9 policías bonaerenses fue acusado de violencia de género.

  • 21 formaban parte de la Comisaría de la Mujer en el momento de la denuncia.

  • Hubo 5.954 uniformados varones acusados de violencia machista entre 2013 y 2020.

  • 364 de esos casos ya tenían medidas de sanción previas.

  • De los 5602 restantes, fueron sancionados y expulsados sólo 984.

  • En este momento 4618 siguen en funciones: más del 80%.

  • Sobre los expulsados: se dividen entre exonerados, que no pueden volver; y cesanteados, que luego de dos años pueden pedir la reincorporación

  • Sobre los sancionados: el castigo que les espera es ser apartados por un tiempo breve -durante el que se cobra la mitad del sueldo- y asistir a un curso de capacitación en género al que llaman “pena accesoria”.

  • Sólo 83 efectivos recibieron capacitaciones y son aquellos que tienen sumarios abiertos entre el 2013 y el 2017.

Estos datos relevan cuestiones sustantivas e inmediatas para revisar y accionar dentro de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, y sin intención de ofrecer un panorama completo de la problemática, el Observatorio de las Violencias de Género de Ahora Que Sí Nos Ven dio a conocer las cifras de femicidios en Argentina del año 2020, elaboradas a partir del análisis de medios gráficos y digitales de todo el país. Allí se consigna que sólo el 5% de los agresores pertenecían a alguna fuerza de seguridad. Esto nos dice también que la policía es parte del problema, pero no su totalidad.

La masculinidad en pugna

Romper el ejercicio de la violencia machista significa romper de alguna forma con esta concepción mentadamente premoderna de mujer=objeto y desarticular la concepción hegemónica de masculinidad, entendida esta como “demostración de fuerza y virilidad ante una comunidad de pares, con el objetivo de garantizar o preservar un lugar entre ellos probándoles que uno tiene competencia sexual y fuerza física”4.

Sobre la primera parte, las feministas (principalmente mujeres) vienen haciendo hace ya muchos años un ejercicio de ciudadanía, autonomía y transformación muy fuerte tanto en el plano público como privado. Este ejercicio es siempre incompleto y en constante tensión.

Sin embargo, nada de eso es ni suficiente ni cercano a un cambio estructural si no tiene lugar el famoso proceso de “deconstrucción” de la masculinidad hegemónica. Aquí se abre, siguiendo a Segato, un paréntesis interesante y necesario: si bien el ejercicio de la violencia machista está ejercido principalmente por hombres heterosexuales, hombre no equivale a lo masculino ni mujer a lo femenino. De allí que minorías como lxs transgénero sufran a diario la violencia machista o que, muchas veces, los propios varones sean violentados por sus pares por ser “afeminados”.

Retomando el hilo, a partir del femicidio de Úrsula Bahillo, se viralizaron mensajes tales como:

Necesitamos urgente que los varones se hagan cargo de su parte”

Todas tenemos una amiga violentada, pero ninguno tiene un amigo violento. No dan las cuentas”

Este tipo de mensajes y los debates que se generaron alrededor de ellos fueron un sinfín. Por un lado, porque hubo un silencio e inacción explícita del cuerpo policial y de la fiscalía: desde no tomar la denuncia porque “era fin de semana”, pasando por disparar a los propios familiares y amigos/as cuando fueron a la comisaría del femicida (que era policía) para exigir justicia, hasta una medida tardía e ineficaz del fiscal. Todo esto pone sobre la superficie la responsabilidad ineludible del Estado. Institución que no es un éter sino que existen responsabilidades bien concretas del poder policial y judicial, con nombres y apellidos.

Y, por otro lado, estos mensajes hablan principalmente de un pedido cada vez más explícito hacia los varones: ROMPAN LA COMUNIDAD DEL SILENCIO. De ese silencio que implica complicidad con el violento. Quebrar la comunidad del silencio no supone romper la amistad, no es romper la fraternidad, no es romper los vínculos amorosos como valores sociales de relevancia. El pedido, por no decir EL GRITO desesperado que las mujeres hacen, es el de romper la cadena de violencia ejercida hacia ellas. Son sus amigas, compañeras, novias, amantes, primas, hermanas, madres.

No es un pedido individual, no se trata de que “vos no seas femicida”, no es una acusación, se trata de que no sean cómplices de quien ejerce violencia.

Amigo, compañero, novio, hermano, padre como quieras llamarte: que no sea tu par un violento.

De eso se habla –entre otras cosas- cuando se hace referencia a conformar una masculinidad no hegemónica.

Desafíos de una respuesta multidimensional e integral desde el Estado

Otro de los mensajes que dejó el femicidio de Úrsula fue: “el Ministerio de la mujer no hace nada” y similares.

Es interesante observar como existe mucho feminismo y confusión en torno a los acontecimientos recientes. Muchas mujeres feministas denostando el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades. Si por alguna razón creían que la creación de un ministerio –que apenas cumple un año- iba milagrosamente a hacer caer al patriarcado, muchas no entienden ni dimensionan lo que es el patriarcado en sí.

Si por alguna otra razón se cree –incrédulamente- que con la Ley Micaela iba a cambiar la configuración patriarcal estatal de un día para el otro, no se entiende ni dimensiona lo que es el patriarcado en sí.

Si por alguna razón se cree que es solo el Estado el único responsable, tampoco se entiende ni dimensiona qué es el patriarcado en sí.

Ahora bien, por muchas razones se cree que el Estado puede ser motor de muchos cambios sociales. La creación del Ministerio de las M, G Y D es una de las tantas iniciativas que fueron impulsadas de abajo hacia arriba. Es necesario que crezcan las herramientas/dispositivos/acciones que promuevan un Estado que entienda la equidad y la no violencia como la mejor forma de construir una mejor sociedad. Para ello también es necesario repensar los mecanismos ya constituidos y que han fracasado. Repensar las estrategias meramente punitivistas para pasar a herramientas de construcción de ciudadanía con perspectiva de géneros.

En un país presidencialista el peso siempre está en quien gobierna, su presidente/a. Pero es necesario que los otros dos poderes se encuentren a la altura de los cambios sociales, en especial, el poder judicial haciendo un efectivo aggiornamento de su cultura organizacional elitista y patriarcal y desarmar la comunidad de defensa de la “familia judicial” para pasar a la defensa efectiva de los derechos de lxs ciudadanxs.

La defensa corporativa de los diferentes sectores dentro y fuera del Estado es algo que hay que combatir con medidas concretas. Para el movimiento feminista no termina con la aprobación del aborto ni con la creación de un ministerio. Recién empezó. Y las reacciones serán violentas y variadas. La peor defensa es atacar lo conseguido.

1 Sobre el poder, Byung Chul Han. Editorial Herder, 2018.

4 Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Rita Segato, Prometeo Libros, 2010.

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