Editorial

De vacunas y (anti) política

¿Qué estamos debatiendo?

El escándalo del vacunatorio VIP que dejó afuera del gabinete nacional a Gines González García, vuelve a abrir el debate sobre la diferencia sideral que existe entre la política y la política pública y cómo es la propia política la que en ocasiones le tira nafta al relato incendiario de “son todos lo mismo”.

El hecho que resulte inmoral que, en el medio de un proceso de vacunación histórico donde el elemento esencial (la vacuna) escasea, haya gente que gracias a sus contactos políticos acceda a vacunarse de manera preferencial, no debería distraernos del principal debate que denota esta situación: la distancia política-sociedad.

La clase política (sobre todo aquella que se identifica con el Peronismo, pero de la otra también) en todos sus estamentos -desde el gran dirigente hasta el militante de base-, siempre atenta a elaborar grandes discursos sobre la importancia de torcerle la mano a los grandes medios de comunicación, (que sin duda generan un relato de la anti política), debería empezar a ver qué es lo que ella hace para que ese discurso tenga asidero en una sociedad que cada vez se siente más lejos de su clase dirigente.

El cuento de la buena pipa

Cuando el Kirchnerismo vivía sus horas más dinámicas; en donde miles de jóvenes, hijos de la decadencia conceptual que habían significado los años noventa, se acercaban en masa a ver de qué se trataba aquello de “militar”, el clima de época, el “vamos por todo” como slogan y práctica; hacía imaginar una posibilidad real de ensamblar a la sociedad civil con la política, costura que se había desmembrado por completo por años de tecnocracia con gorritos de Mickey Mouse. Desde los años ochenta que el peronismo no se daba una política masiva de abrir unidades básicas con el objetivo primordial de acercar la política al siempre bien ponderado ciudadano “de a pie”. Todo aquello hoy parece solo un sueño romántico que choca con una realidad en donde la nueva política se parece bastante a la antigua y la mercantilización de las prácticas está a la orden día.

Y esto no es solo un relato de ciertas fantasías húmedas/emancipatorias más afines a un centro de estudiantes de la UBA que a la realpolitik. Es intentar dimensionar que, pese a los esfuerzos genuinos de muchas y muchos, la política sigue embarcada en microclimas que tienen reglas y formas bien distintas a las reglas y formas que tiene la inmensa mayoría de la sociedad, que hay que decirlo, aunque a esta altura parezca redundante, basa su relación con la política según su día a día y no a partir de proyectos ideológicos masticados y pensados en grandes debates.

Los grandes medios de comunicación siempre al mando de los poderes fácticos generan sentido común. Ese sentido común se basa en establecer la idea de que hagas lo que hagas, nada tiene que importar tu conexión con el otro, que no importa quién gobierne, los resultados personales son solo producto de tu propio esfuerzo, etc, etc, etc. ¡Pues si! Ya lo sabemos. Ahora, ¿y la política qué hace el respecto? ¿Qué tiene que pensar un ciudadano que ve que existe un vacunatorio VIP sobre la política? De esto a interiorizar el “se robaron un PBI” hay una corta y delgada línea. Y entonces la política que promueve la reparación del tejido social, colabora y mucho para que esa sutura se haga añicos. Peor aún, le da argumentos, en este caso válidos, a los que se la pasan hablando de moral con la bragueta abierta. Y entonces la moralina totalizante que sólo produce más fragmentación social se vuelve regla. ¿Querés esto? Si. Yo no te dije si querías esto, te dije ¿querés esto? El cuento de la buena Pipa.

Hacer política de la anti política

Al gobierno de Alberto Fernández le esperan días difíciles. Lo que parecía ser un febrero bastante tranquilo y con buenas señales se convirtió en un lodazal de esos bien sucios, de esos con olor a podrido. Alberto y su gobierno habían logrado estabilizar el tipo de cambio (tanto es así que hoy el dólar blue es más barato que el dólar oficial), habían mandado al Congreso un proyecto de ley que sube el mínimo no imponible en ganancias (cuestión que beneficia a más de un millón de trabajadores) y, lo que es más importante, habían logrado la total legitimidad sobre la vacuna rusa, luego de semanas y ríos de tinta que decían que si te aplicabas la Sputnik V salías cantando la Internacional. Es más, el mismo día que estalló el escándalo, el propio presidente había anunciado la creación del Consejo Económico y Social. Todo eso ya no existe. Tic-Tac efímero dice la canción.

La política es dinámica y si la orientación es firme y no sufre bifurcaciones en el jardín de los senderos, todo tiene arreglo. Ahora tal vez sea la hora de que la política se haga cargo de esas bifurcaciones y retome aquello para lo que debería existir: interpretar las demandas de la sociedad, darle contexto, quitarle cierto grado de emotividad y a partir de allí llevar adelante buenas políticas públicas. Si la política tiene las mismas mañas que la anti política ya sabemos quién no gana. Sí, adivinaron: la política.

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