Política

Abrir el año

La apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso supone el puntapié inicial al calendario que se marca cada gobierno en el año que da comienzo. De alguna forma, se moldea la agenda parlamentaria y también las discusiones que van a formar parte del debate público sobre la cual oficialismo y oposición intentarán llevar agua para cada molino, sobre todo en un año, como este, marcado por una elección de medio término, de las cuales aún no hay precisiones.

En retrospectiva, los diferentes inicios de sesiones dejaron perlitas y momentos históricos, algunos que aún resuenan y forman parte del imaginario colectivo. Si se analizan con el diario del lunes, se advierte que algunos discursos en el parlamento significaron la defensa y la propuesta de las políticas públicas implementadas.

Iniciemos por quien nos acaba de abandonar. El comienzo de los años 90 trajo una suerte de aire renovador que proponía poner fin a viejas discusiones y dar comienzo a otro país. Hay de hecho, algunas frases que casi como latiguillo de la política, resuenan en muchas ponencias: “poner a la Argentina de pie (…) para los que están olvidados en el subsuelo de la Patria”.

El tigre de los llanos del siglo XX en poco más de media hora, con el cabezón Duhalde de ladero y algunos observadores que fumaban tranquilamente en el recinto, daba comienzo a la privatización del Estado. En una lectura rápida, con algunos tropezones cual Mauricio Macri (minúsculos, vistos en comparación) se corría el velo de la política que venía: “Nuestro sistema tiene dos pilares, dos exigencias. La libertad y la justicia social; […] La Argentina no puede seguir siendo un país populista con bolsillos vacíos.” Se escuchaba y se aplaudía. Se proponía alcanzar el objetivo un capitalismo humanizado”. Concluyendo que, para alcanzarlo, sería necesario una reforma económica drástica.

Si tuviéramos que resumirlo en los caracteres de un tuit, diríamos que: “La privatización de activos públicos, privatización de empresas públicas, eliminación de regulaciones, apertura al mundo, la ausencia de controles innecesarios, no constituyen un mecanismo para ponerle una bandera de remate a nuestro estado nacional, todo lo contrario.” Carlos Saúl inauguraba una nueva época para el Peronismo, que sería resistida por algunos pocos, y acompañada en mitad de la década por gran parte del pueblo argentino.

El fin de siglo trae la sien/ cebada de podredumbre, cantaba Silvio Rodriguez y Argentina era un claro ejemplo. La revista dominical Viva, de Clarín, ponía en tapa a la joven guardia: Lopérfido, Antonio De La Rua y Lombardi se mostraban exultantes y confiados en la gestión. El primer fracaso político de estos personajes se produjo con escándalos en el mismo Congreso: la renuncia de Chacho Alvarez y el discurso de Chupete que defendía la reforma laboral, luego reconocida popularmente como “ley Banelco”. Su corto discurso comenzaba con una idea que jamás llevaría a cabo, mi gobierno tiene una estrategia sencilla y clara: crecer, crecer y crecer. Crecer con desarrollo social”. Como quien oculta la basura debajo de la alfombra, exponía que era necesaria la intervención del PAMI, la cual rápidamente se perdía al enunciar la postura del gobierno sobre las coimas en el Senado.

“¿Alguien puede pensar que yo, Fernando de la Rúa, que he sido elegido presidente por el pueblo de mi Patria, estoy en contra de los trabajadores; que yo, Fernando de la Rúa, estoy en contra de la familia obrera? ¡Por favor!”. Sin embargo de esta forma, comenzaba la flexibilización laboral que traía bajo el brazo la descentralización de las negociaciones obreras y las rupturas de los convenios colectivos de trabajo.

La sociedad se rompió, sobre todo su capa media. La sociedad ahorrista que salió apoyando los “piquete y cacerola, la lucha es una sola” iniciaba el siglo con los bolsillos acorralados. Luego la visión del piquete-cacerola se volvería a desdibujar, pero con otro Estado y otra economía, nuevamente con los bolsillos ahorrados, pero con otras perspectivas y otros reclamos. Ahora Duhalde estaba en el centro de la escena, y había tomado apunte de la calle, uno de sus puntos altos como dirigente. Buscando el apoyo popular, algo que le resultaría esquivo electoralmente decía: “Si hubo algo que durante décadas distinguió a la Argentina, fue la existencia de su clase media –culta, progresista y cosmopolita– y la movilidad social ascendente.” Todo eso estaba en ruinas, junto a las arcas del Estado. Todo formaba parte de la misma fragmentación. Sus medidas como el Plan Alimentario Nacional y el Jefas y Jefes de hogar formaba parte del discurso y de la política pública que intentaba poner paños fríos en una olla a presión.

De nuevo el peronismo

Con Duhalde el peronismo había recobrado la escena pública luego del interludio de la Alianza. La elección de Nestor Kirchner, haría tomar nuevamente al movimiento político creado por Juan Peron, las riendas de la Nación, y con esto nuevas políticas públicas y nuevos rumbos. Los doce años de gobiernos supondrían la vuelta al gobierno presente en los órdenes sociales y sobre todo económicos.

Nestor daba su último discurso en el Congreso en 2007 y también ponía en disputa el país que venía. La discusión entre jóvenes y viejos en el oficio político, el cántico en las gradas, los papelitos de tribuna que daban comienzo al acto mostraban que algo estaba transformándose en los sillones del poder. En el lugar opositor se veía a Macri, Pinedo, Bulrich, De Narvaez y Tonelli, tomando nota de los dardos presidenciales. Kirchner pedía un cambio cultural y moral. Desde ahí la discusión judicial: las preguntas sobre la corte removida, y sobre el poder no electo.

El pase lo tomaba Cristina Fernandez, y con ella, las sesiones maratónicas con discursos que superaban ampliamente las dos horas y los datos continuos de la gestión previa y la proyección futura. El 2008 comenzaba con los números económicos y una posición: en 100 años, era la primera vez que el país crecía a tazas sostenidas más de cinco años. El resumen de aquella apertura estaba comprendido en aumentar los puestos laborales y buscar el menor índice de desempleo posible, un 5% era el objetivo. La presidenta por entonces decía:Este acuerdo tiene participación de los distintos sectores, con distintos grados de intervención y tiene, también distintos capítulos. El primero es el capítulo económico. El segundo es el capítulo de la infraestructura económica y social. El tercero es el capítulo del conocimiento, comprendido en la educación, la ciencia y la tecnología. Y el cuarto capítulo del acuerdo es el de la salud y el desarrollo social.

El círculo del Kirchnerismo en el poder cerraba en 2015 con mismos tonos. CFK ponía énfasis en que: “Este gobierno no va a hacer ni a tomar una sola medida que atente contra la sustentabilidad de los empleos y la sustentabilidad de las empresas, ¡porque no somos idiotas, señores!. ¡Si se caen las empresas, se nos caen los trabajadores! No es que seamos buenos con los empresarios. Sabemos que los necesitamos como parte indisoluble de un proyecto de trabajo industrial. “

De nuevo una Alianza

La disputa entre Scioli-Macri se definió en un ballotage que levantó la mano ganadora del lado amarillo. Otra vez una Alianza disputaba el poder al Peronismo. La unión de diferentes sectores detrás del Jefe de gobierno porteño se cimentaba en la ruptura de la política previa y el perfilamiento a la politica empresarial en el Estado. Los Ceos de empresas tomaban el control en los ministerios y el discurso se envolvía en la pesada herencia que debía ser superada con un shock de medidas económicas para dejar atrás el mundo de fantasía, que decían, había vivido el pueblo argentino durante los años previos. El hijo de las empresas privatizadoras del Estado, comentaba: Quiero ser claro sobre el punto de partida, ya que venimos de años en los que el Estado ha mentido sistemáticamente, confundiendo a todos y borrando la línea entre la realidad y la fantasía.”

En el momento de expresar el rumbo que iban a tomar algunas cuestiones, sincera algo que le pesa: “Si bien hay una importante inversión pública, esto no se tradujo en una escuela basada en la innovación, la exigencia y el mérito.” El modelo educativo que iba a estar en disputa durante toda la gestión, en todos los órdenes (en CABA incluso) comenzaba a sentir la baja de inversión en el sector. Luego iría por las tasas de los servicios públicos: “Nos encontramos con un precio mayorista de la electricidad diez veces por debajo de su costo y una gran variedad de precios minoristas en cada provincia, generando una profunda injusticia hacia alguien que vivía en el interior respecto de los que vivían en el área metropolitana.” Como la otra Alianza iba a tirar sobre la mesa, algo que nunca vería el horizonte: el Plan Belgrano.

La alianza peronista

Cuando parecía que la vía de la reelección tenía un futuro certero, una movida del tablero iba a poner a la formula Fernández-Fernández, dentro de una alianza de gran parte del arco peronista, de nuevo en juego. Los esfuerzos del Macrismo por incluir al peronismo adentro, poniendo el anzuelo en Pichetto, no alcanzaron y el oficialismo perdió la elección en primera vuelta.

Alberto Fernández asume y el panorama no pinta clarificador en términos económicos ni sociales. En los primeros días de marzo del 2020 el mundo veía de reojo lo que sucedía en China. Lo primero que urgía era la resolución de los pagos de deuda. La centralidad del discurso pasaba por ahí. Lamentaba: “Solo en el año en el que estamos, en el 2020, los vencimientos de capital representan el equivalente a 48.968 millones de dólares. A ello deberíamos adicionarle 14.838 millones de dólares en conceptos de intereses de esa deuda.”

Otro de los puntos álgidos que puso sobre la mesa fue el tratamiento de la Interrupción Voluntaria del Embarazo. Pero la gestión de la pandemia se comió la agenda anual, y cuando todo parecía diluirse, sobre fin de año, cual Ginobili en la recordada palomita frente a Serbia y Montenegro, pone el tanto que había propuesto. Uno de los proyectos más discutidos en los últimos años y que esta vez, con definición del Ejecutivo por la positiva, tomo el impulso y se convirtió en Ley.

Un año casi de pandemia, y corre el reloj del año electoral intermedio. Un termómetro que muestra la recepción social sobre el camino recorrido, y que renueva esperanzas o comienza a poner el signo de precaución a todo mandato.

El balance del año pandemia abarcó todos los programas que Fernández implementó para hacer frente a la contingencia. Muchos de esos programas parecen lejanos, pero sirvieron para emparchar temporalmente la economía local con el objetivo puesto en la sostenibilidad primordial familiar. No obstante, los números acechan, y lejos de tirar la pelota afuera, es tomado en cuenta: “Durante el primer semestre del 2020 la pobreza aumentó 5,4 puntos porcentuales (de 35,5% a 40,9%). Es una situación grave, que vamos a revertir”, afirmó el presidente y continuó “En esta crisis inmensa la pobreza creció menos que entre 2017 y 2019, cuando subió de 25,7% a 35,5%.”

Luego puso sobre la mesa la “gran” problemática: la vacunación. Con el detalle claro de las gestiones hechas, pero ensuciadas por el Ginesgate, Alberto tomo la posta y sin tapujos lo volcó al discurso. Expresó lo que hizo, y en cuanto a su posición, nadie puede reclamarle nada: “Cuando se dijo que aquellas reglas habían sido transgredidas, me he encargado de recabar la información pertinente. Aún cuando en lo personal me causaran mucho dolor, tomé las decisiones que correspondían.”

Desde algunos sectores se analizó que el discurso comienza a separarse del centrismo dialoguista que había propuesto en un principio. Habrá que esperar si esta nueva dirección se acentúa y forma parte del relato electoral. Pareciera que es temporal y envuelto en este tropiezo, como un mecanismo de defensa. Lo cierto es que la confrontación directa no aportó puntos al Peronismo en los últimos años.

Teniendo en cuenta lo relatado en el año 2020, pasó la factura de la renegociación de la deuda: “Este logro, permitió que Argentina se vea favorecida con un ahorro de 34.800 millones de dólares entre el período 2020-2030.” Era el momento de la perlita del día y la chicana a Iglesias. La mano de Cristina y los miles de memes que adornaron las redes. Después, los dardos apuntan a Macri y la toma de deuda. Por primera vez se pone en boca del presidente, los que muchos reclaman: La judicialización del crédito y sus gerenciadores internos. Como profesor de Derecho, pone la tipificación del delito y dice: “No puede ser visto de otro modo que no sea una administración fraudulenta y una malversación de caudales públicos como nunca antes habíamos registrado.”

Al pasar la mitad de la exposición el clima del presidente y del recinto fue elevándose. Fue el momento en que empezó a proponer los tratamientos legislativos de diferentes cuestiones. Incluso, algo que parecía sustancial para el futuro. Fernández dijo algo cierto, el Peronismo ha pagado las deudas, ha mejorado la economía y la oposición aprovecho el viento de cola para endeudarse. Asi, mientras la pesada herencia formaba parte del discurso interno, el primer viaje al Foro de Davos llevaba los números de la gestión Kirchnerista, que prestaba los avales para la toma de deuda. En este sentido, la implementación de la Ley que establece que todo endeudamiento en moneda extranjera, bajo ley externa y con prórroga de las jurisdicciones deberá tener el aval del Poder Legislativo, forma parte de un engranaje que ponga un cierre al tratamiento directo del poder ejecutivo con los organismos de deuda.

Por otra parte, el presidente toma nota de los reclamos citadinos, espacios esquivos en términos electorales. El control de precios, el impuesto a las ganancias y la ley de cannabis forman parte de las charlas y debates de cualquier café, mesa de domingo y grupos de whatsapp. Será en este sentido donde el gobierno necesitará afianzar y demostrar que puede controlar el mercado y asegurar un crecimiento sostenido. Hasta el momento, la política de precios y la inflación han sido problemas transversales que afrontaron todos los mandatos post-democracia.

En torno a los debates de las grandes ciudades, se puso sobre la mesa la cuestión tarifaria, congelada por un año, y que en el contexto actual reviste la necesidad de reformular el sistema, con lo cual la expresión es notable: “Enviaré al Congreso Nacional un proyecto de ley que declare la emergencia de servicios públicos y regulados con el objetivo de desdolarizarlos.”

El final trajo tres puntos claves dentro de muchos que también serán importantes para lo sucesivo. La educación, las políticas de genero y la justicia. Cada punto fue expuesto en largos párrafos del discurso leído. Lo desmembraremos, para no ser extensos, en un punteo directo.

“Iniciamos este año con uno de los más significativos incrementos presupuestarios de la educación argentina en estos casi 40 años de vida democrática.” Como se expuso antes, forma parte de una política de continuidad Kirchnerista. Los tres mandatos entre 2003 y 2015 pusieron énfasis en leyes y presupuesto educativo. Se duplico el porcentaje del PBI, que luego fue revertido, y también se trataron temas olvidados, como la Ley de Educación Superior, aunque esto ultimo quedó en el limbo de disputas universitarias que no llegaron a puerto. Alberto tímidamente lo mencionó en su discurso, y quizás sea uno de los temas que más intereses toque a nivel empresario-universitario. La ley de los 90 permite la financiación de las universidades con los postgrados, que han sido apoyados por grandes empresas en su consolidación. Así, las materias que formaban parte de la formación de grado fueron elevadas a los títulos superiores y arancelados. Entre otras cosas, la pelea, si se da, girará en ese entorno. La financiación de los círculos universitarios y sus ramificaciones.

En segundo termino, aqueja y preocupa sobremanera la cuestión de la violencia de genero que felizmente ha sido visibilizada y por la que diferentes colectivos han propuesto la lucha en todos los ámbitos posibles. El gobierno creó el ministerio para su tratamiento, al que se le exige un mayor compromiso y políticas activas. Fernández indicó: “La Argentina logró el primer puesto en el ranking mundial de la ONU de países con políticas de género en el contexto de la pandemia COVID-19. […] Iniciaremos la construcción de 14 Centros Territoriales en distintas provincias del país para abordaje integral de las violencias por motivos de género.” Entre otros puntos, es una de las cuestiones a abordar en lo inmediato, y comenzar a tener injerencia desde el Estado en estos asuntos. La ampliación de leyes ha sido importante, pero se ha evitado la discusión y presión en algunos términos: la justicia es uno de los puntos flacos. Siendo uno de los blancos que se ataca por la falta de acción ante denuncias continuas de casos de violencia que luego terminan en femicidios. La Corte Suprema rechazó la capacitación obligatoria de la Ley Micaela. Se han dado hasta ese permitido, en una sociedad que viene marchando con antorchas y que se aproxima cada vez más a los magistrados. Las ultimas marchas apuntaron directamente a este poder como uno de los responsables de las muertes de miles de pibas en todo el país.

Tomando esto último, el discurso cerró con este punto trascendental. “El Poder Judicial de la Nación está en crisis. Es el único poder que parece vivir en las márgenes del sistema republicano.” Fernández les apuntó en todo sentido e incluso también los relacionó con la exención del impuesto a las ganancias, cuestión que viene chocando con los intereses de la clase media cuando se discute el tema. Por último también vinculó al poder judicial con la dirigencia que abandonó el Estado en 2019: Hay un fiscal procesado por delitos tan severos como el espionaje ilegal de ciudadanos o el de extorsión que sigue en funciones como si nada de esto lo afectara”.

Alberto cerró el primer hito de un año que parece que será cargado de contiendas, y que permitirá evaluar en qué parte del camino está este nuevo proceso de alianza peronista. Hasta el momento los esfuerzos en conjunto parece que no se han desmembrado y que se afianza la fuerza compacta para continuar en el poder. Más allá de las criticas justificadas internas y lo que continuamente propone la ortodoxia justicialista, lo cierto es que el perfil del presidente nuevamente tomó la centralidad de la escena, algo desdibujado por Rodriguez Larreta, pero a quien en estos momentos, se lo comienza a atacar por la prolongación de su periodo vacacional, tal como le sucedió al líder de su partido. Será indispensable medir hasta qué punto el ataque directo le rinde sus frutos, y si la estrategia volverá a los últimos años de Cristina Fernández, o por el contrario, estará dotada de la onda oscilatoria de Alberto: un día pelear, otro día arreglar.

Nicolás Boaglio
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Historiador en construcción. Filosofía bilardista.

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