Política

COVID-19: Un año diferente, único, inesperado

El martes 3 de marzo de 2020 se diagnosticó el primer paciente con COVID-19 en nuestro país. Se trataba de una persona que había regresado de un viaje a Italia. Con el correr de los días, la tan temida pandemia de coronavirus se fue instalando poco a poco en nuestra vida cotidiana, y todo comenzó a cambiar. El 20 de marzo las autoridades nacionales decretaron el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO). Y entonces sí, todo cambió: nuestra vida de familia, nuestra actividad laboral, la forma de conectarse con los otros. Nos invadió el miedo, la incertidumbre, la angustia.

Vamos por partes. En primer lugar, el virus. El virus SARS-CoV-2 pertenece a la familia de los coronavirus, una especie ya conocida, por la producción de diferentes infecciones respiratorias banales, y dos epidemias que se desarrollaron en este siglo: el SARS (2002, en China y otros países) y el MERS (2013, en Medio Oriente). Estas dos enfermedades tuvieron elevada mortalidad (10 y 30% respectivamente) pero se limitaron a unos pocos miles de casos en algunos países. El 31 de diciembre de 2019, China notificó la aparición de casos confirmados por laboratorio de una nueva infección por coronavirus (SARS-CoV-2) que posteriormente se diseminó en varios países de todos los continentes.

Si bien ya conocíamos algo porque la pandemia se había iniciado 3 meses antes en otras latitudes, y recibíamos mucha información, aquí en la Argentina los equipos de salud fuimos aprendiendo día a día. Me acuerdo que los primeros pacientes eran internados más bien con un criterio epidemiológico, es decir, para tratar de contener la diseminación del virus. Y llegaban solo algunos a presentar cuadros graves, con requerimiento de terapia intensiva. Los números nos decían que el 80 por ciento de los pacientes tenían cuadros leves, el 15% cuadros más severos, con neumonía que requería internación en sala, y solo un 5% cursaba cuadros graves con necesidad de terapia intensiva y respirador. De ellos, la mitad no sobrevivía.

Se plantearon muchas alternativas para el tratamiento, como por ejemplo, antiretrovirales, hidroxicloroquina, remdesivir, plasma, ivermectina, por citar a los más conocidos. Los estudios científicos y la experiencia clínica nos fueron mostrando que ninguno de ellos cambiaba la evolución de los pacientes. Posiblemente la administración temprana de plasma, o de suero equino podían torcer un poco la evolución en los pacientes con mayor riesgo. Aprendimos que algunos factores como la edad avanzada, la obesidad, la hipertensión arterial o el EPOC aumentaban considerablemente la mortalidad.

Un párrafo aparte merecen los equipos de salud. Los médicos, enfermeros, kinesiólogos, personal de limpieza, bioquímicos, psicólogos, y muchos otros, dejaron realmente (y en ocasiones lamentablemente también literalmente) la vida por sus pacientes. Recuerdo esos días en los que a las 9 de la noche estallaba espontáneamente el aplauso de toda la sociedad para expresar su agradecimiento para esos héroes. Es verdad que con el tiempo este hábito se fue apagando, pero el reconocimiento para los trabajadores de salud de todo el país permanece en el corazón de todos los argentinos. Me consta en primera persona: día a día recibo mensajes de pacientes que pasaron por nuestra sala de terapia intensiva, solo para saludar, ver cómo andamos y preguntar si necesitamos algo.

Pero no podemos hacer una evaluación de la pandemia de COVID-19 si no nos referimos a los cambios que generó en nuestra vida de todos los días. Con la instauración del ASPO todo cambió: los chicos dejaron de ir al colegio, los grandes pasaron a trabajar en casa, dejamos de ver a nuestros familiares y amigos… Se puede discutir si en nuestro país la cuarentena fue adecuada, oportuna, favorable, demasiado larga, etc. Todas las opiniones pueden ser válidas. Como infectólogo considero que la instauración temprana de la cuarentena, los equipos de salud tuvieron tiempo de armarse, de equiparse, de prepararse. En nuestro hospital organizamos cursos de capacitación para médicos generales o kinesiólogos en temas de terapia intensiva, para aumentar el recurso humano tan escaso y necesario. Y pudimos incrementar como nunca la proporción de respiradores, monitores y otros instrumentos. En la Argentina, nadie se murió en un pasillo por falta de espacio en una terapia intensiva. Y eso es algo positivo que debemos rescatar. Pero también se puede discutir si finalmente la duración de la cuarentena resultó adecuada. El impacto sobre muchos sectores de la economía fue muy importante. Y la demora en reiniciar las clases motivó mucho debate. Es posible que se hubieran podido plantear en su momento otras alternativas.

Hoy, a un año del inicio de la pandemia, y con más de 2 millones de casos y 52 mil muertes, estamos frente a un momento en el que la esperanza parece estar asomando de la mano de las vacunas. Como nunca en la historia de la medicina, el mundo ya cuenta con varias vacunas para intentar cambiar el curso de la pandemia. En nuestro país ya comenzó la Campaña Nacional de Vacunación contra la COVID-19, coordinada por el Ministerio de Salud Nacional, con la participación y colaboración intersectorial de otras carteras del gobierno nacional, las 24 jurisdicciones y expertos de diversas áreas.

Debido a que la disponibilidad de dosis de vacunas con la que se contará en el transcurso de la Campaña es gradual, es necesario establecer el orden de prioridad de los grupos de población a vacunar en cada una de las etapas establecidas. Es por esto que, Argentina al igual que otros países del mundo, implementará una estrategia de vacunación escalonada y en etapas, en la que se irán incorporando distintos grupos de la población definidos como “población objetivo a vacunar” en forma simultánea y/o sucesiva, sujeta al suministro de vacunas y priorizando las condiciones definidas de riesgo. Los grupos a vacunar se definieron según el riesgo de exposición (principalmente personal de salud) y según el riesgo de enfermedad grave (adultos mayores, personas con factores de riesgo, etc). Ya se inició la inmunización con la vacuna Sputnik V, y, más recientemente, con la vacuna deOxford/ Astra-Zéneca y la vacuna de origen chino Sinopharma. El gran desafío es vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, a fin de limitar la diseminación de la enfermedad.

Las vacunas han sido uno de los grandes hitos en la historia de la medicina. Enfermedades muy virulentas como la viruela y la poliomielitis han sido erradicadas de la faz de la tierra por acción de las vacunas. Otras como el sarampión, la rubéola y la rabia son hoy en día muy poco frecuentes también debido a las vacunas. Con esta pandemia, la esperanza está puesta en las vacunas. De su administración rápida, justa y equitativa dependerá la evolución de la enfermedad en nuestro país.

Lautaro De Vedia
Author Details
Médico Especialista en Enfermedades Infecciosas. Médico Especialista en Medicina Crítica y Terapia Intensiva. Jefe de la División Asistencia Especial del Departamento de Terapia Intensiva, Hospital Francisco J. Muñiz, CABA. Ex presidente de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI)

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