Editorial

Feudalismos

Existe la visión generalizada, que se encuadra en la tesis de “centro-periferia”, de llamar feudalismo a todo lo que ocurre en provincias donde existen procesos políticos duraderos, con fuerte presencia del Estado y cuyas economías son del tipo rural. La cosmovisión política liberal, ilustrada, secular y anglosajona, que es dogma en los principales centros urbanos de nuestro país y que construye hegemonía a diestra y siniestra del arco político nacional, ha establecido por cientos de años un relato que hace foco en el supuesto “atraso” de aquellas provincias. Analicemos entonces las partes para construir el todo.

Lo Liberal

El pensamiento liberal está inscripto en todo el sentido común de nuestro sistema político. La oda a las libertades individuales es la fuerza que impone tendencia en la Argentina desde la batalla de Caseros a esta parte. Su histórico y principal enemigo es el Estado. Pero no solo el Estado en su rol de administrador y planificador de la economía y el sistema productivo, sino también como aquel que regula y organiza a una sociedad. El principal enemigo del pensamiento liberal es aquella capacidad que tiene el Estado para erigirse como articulador comunitario. Por lo tanto, un Estado que organiza es un Estado feudal. Asocian el feudalismo con la idea de organización social. Confunden, algunos por ignorancia y otros por conveniencia política, una cosa con la otra. Porque se sabe, asociar algo con el feudalismo es asociarlo con el atraso, con el no progreso en el sentido positivista de la palabra. Lo cierto que en la Argentina el pensamiento liberal jamás tuvo que lidiar con un Estado de totalidad al estilo de la Unión Soviética. Peor aún, cada vez que nuestro país sufrió un quiebre del sistema institucional (de la propia democracia liberal) fue realizado por los abanderados del liberalismo, que vaya paradoja, tomaron el Estado y rompieron todas y cada una de las libertades individuales.

Lo Ilustrado

La tesis de “centro-periferia” basa muchos de sus argumentos en la idea de ilustración. La ilustración, movimiento político, cultural y estético que nace en el occidente europeo a mediados del siglo XVIII, fue la condición de producción primordial de la Revolución Francesa. Aquella revolución vino a terminar en la otrora Galia (y a partir de allí se expandió por todos lados) con la monarquía absolutista. El feudalismo como tal, hacía siglos que ya no existía en Francia. La Ilustración es siempre relato de progreso como contrapartida al retraso que significa aquello “no ilustrado”. Sin embargo, el pensamiento ilustrado sigue sin poder hacerse cargo de la triada histórica de la Revolución Francesa: igualdad, libertad y fraternidad. La libertad pasó a ser lo único que quedó de aquella consigna, mientras la igualdad y la fraternidad quedaron rezagadas en la construcción del sentido común ilustrado. Todos seremos libres, todos seremos fraternos mientras ninguno cuestione el statu quo, pero nunca seremos iguales, porque nadie se encargará de aquello. Porque de aquello se encarga el Estado, y el Estado como tal, representa el retraso: la monarquía absolutista, el feudalismo ya que estamos.

Pero hay todavía más: el pensamiento ilustrado es también aquél que desemboca en la Academia y en la Enciclopedia. La Academia se ha convertido para el paradigma hegemónico también en sinónimo de progreso. Y desde allí se ataca a todo saber popular, al que se lo califica como arcaico y retrasado. Lo suburbano, lo rural, tiene olor a naftalina para el pensamiento ilustrado y es a partir de esa construcción desde donde se lo deslegitima, se le quita su poder emancipador, para ubicarlo en el cajón de las cosas viejas, usadas y rotas.

Lo secular

Hay una creencia instalada acerca de que el pensamiento dominante en nuestro país es cristiano. Se asocia a la Iglesia católica con las ideas que mandan en la Argentina, con todo aquello que ostenta y tiene poder. Y hay algo de cierto en aquello, la institución más vieja del mundo ha sido parte por acción u omisión de barbaries varias a lo largo de la historia argentina y también del continente americano. Se ha matado, secuestrado, torturado, violado y otras infamias en nombre de dios y esto es innegable. Pero hay sin embargo otro análisis que vale la pena desarrollar. El pensamiento liberal e ilustrado es profundamente secular y los grandes popes argentinos de aquella corriente han sido profundamente anti cristianos. Aprovechando entonces las obscenidades de la que fue parte el clero, han logrado instalar la idea que cualquier asunto correspondiente a la fe, a la conexión de lo popular con lo que no cabe en la razón, en puro atraso cultural, superstición de poca monta, palabrerío irracional. Y entonces otra vez el feudalismo como respuesta a todo lo que no entre en los cánones de progreso iluminista.

Pero claro, no es solo una batalla entre dios y el hombre lo que se nos presenta aquí, es una vez más la batalla liberal contra aquello que genera comunidad, lo que articula sujetos, lo que cimienta las relaciones en una sociedad. Porque qué otra cosa es la Iglesia (o más bien qué otra cosa debería ser) más que un ámbito político, social y económico donde los hombres y las mujeres socializan. ¿Se parece al papel que cumple el Estado esto? Si. Por lo tanto, también la combaten, y no a esa Iglesia de palacios de piedras preciosas y adultos mayores con polleras de seda y anillos fulgurantes, se combate a la Iglesia que empatiza, pero sobre todo que ordena, que regula, que fija caminos, que centraliza información y la hace práctica cotidiana. Desconectar lo comunitario, desmembrar el tejido social es la gran tarea, para aquello el discurso secular es fundamental. Poco importa a esta altura si hay un dios, lo que importa es desorganizar lo organizado.

Lo anglosajón

El pensamiento que hegemoniza las ideas en nuestro país desde siempre ha militado lo anglosajón por sobre lo hispánico. Con aquel comentario de poca monta que sostiene “que país hubiéramos sido si los ingleses se quedaban tras las invasiones” a pensadores liberales de la talla de Sarmiento, se ha construido una anglofilia que adhiere a todo lo que se produce en Estados Unidos, en Inglaterra y en Francia. Otra vez el progreso de un lado y otra vez el feudalismo hispánico y católico por el otro. El pensamiento liberal ha borrado toda huella de nuestro origen español. Lo ha identificado como la suma de todos nuestros fracasos, muy especialmente haciéndolo cargo del retraso industrial argentino y la cultura rural que hay en la mayoría del territorio nacional. Cierto es que España fue, de los países europeos, el que más tarde llegó a las revoluciones industriales. Pero más cierto es aún que la clase dirigente de nuestro país jamás tuvo un proyecto económico industrial al estilo anglosajón. Desde el puerto se dedicaron a exportar toda la materia prima para que vuelva a la Argentina hecha manufactura, mientras tomaban leche de vaca ordeñada especialmente para ellos. El único que tuvo un proyecto industrialista en nuestro país fue Perón, que claro, abogaba por la línea hispánica.

Formosa

Hace algunas semanas los principales dirigentes de la oposición, los medios de comunicación centrales y algún sector de la coalición de gobierno, vienen llevando a cabo una sistemática campaña de desprestigio contra el gobierno provincial de Gildo Insfrán, un gobierno que vale la pena decirlo, se reivindica como estatista, católico, anti liberal y sobre todo peronista. Un gobierno que sin dudas (y lo que viene es dato no opinión) ha mejorado las condiciones de vida de unas de las provincias más históricamente postergadas de nuestro país. Un gobierno que, como todos, seguramente comete errores y no está libre de pecado. Lo llaman anti republicano, anti democrático, despótico. Lo llaman feudal, como hacen hace cientos de años, con todo lo que desafía y no se adecúa el orden establecido imperante.

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