Internacional

Tornero mecánico

«Cometí el crimen de poner pobres y negros en las universidades, pobres y negros comiendo carne y viajando en avión. Por ese crimen me acusan» Luiz Inácio Lula da Silva

Los ojos de la región esta semana están, sin dudas, puestos en la anulación de las sentencias contra el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

La anulación es producto de la decisión de unos de los integrantes el Superior Tribunal Federal brasileño, Edson Fachin, de considerar al ex juez Sergio Moro incompetente para el juzgamiento de las causas por corrupción en el denominado “Lava Jato”.

El Juzgado Federal 13 de Curitiba había condenado a Lula en dos de los cuatro procesos en los que se encontraba imputado: el caso de un apartamento triplex en la ciudad balnearia de Guarujá y el de una casa de campo en la localidad de Atibaia. Los otros dos procesos inconclusos son sobre presunta percepción sobornos de la contratista Odebrecht, y de lavado por medio del Instituto Lula, liderada por el exmandatario. Vamos por puntos.

Las causas:

Guarujá: Lula fue acusado de recibir sobornos de la contratista OAS a modo de renovación de un departamento en la localidad paulista. El inmueble nunca estuvo a su nombre, pero la justicia afirmó que habían realizado el traspaso de la propiedad una vez evidenciada la maniobra. Por este hecho, en 2017 fue condenado a nueve años y seis meses de prisión por el entonces juez Sergio Moro. El Tribunal Superior de Justicia confirmó la sentencia y redujo la pena a ocho años y diez meses en abril de 2019.

Fue por este proceso que estuvo preso durante 580 días en el año 2018, inhabilitándolo para presentarse a las elecciones presidenciales en las que resultó vencedor Jair Bolsonaro. En 2019 la Corte Suprema determinó que no debía hacerse efectiva la prisión hasta que la condena quedara firme. Para ese entonces, las elecciones habían ya sucedido.

Atibaia: Acusado de recibir sobornos de las contratistas OAS y Odebrecht también a modo de renovaciones de una casa de campo en la localidad de Atibaia en el año 2010, Lula fue condenado a dos años y once meses de prisión por corrupción activa y pasiva, y lavado de dinero. Aunque la propiedad pertenecía al empresario Fernando Bittar, el Ministerio Público Federal afirmó que el líder del Partido de los Trabajadores era el propietario real y quien hacía uso del lugar. La condena fue confirmada en segunda instancia y elevada la pena a 17 años y un mes.

Cabe recordar que en la causa de Guarujá, el fiscal Deltan Dallagnol admitió estar falto de pruebas, pero con “firmes convicciones” sobre la culpabilidad del expresidente para sus acusaciones.

Ahora, con el fallo contra la competencia de Sergio Moro, Lula da Silva vería reestablecidos sus derechos políticos, lo que lo pondría en carrera para disputar la presidencia de Brasil en 2022.

Resuena el hecho de que la decisión no resuelve la cuestión de fondo ni significa una absolución para Lula, pero a los fines electorales se encuentra habilitado para candidatearse. Mientras tanto, la Procuraduría General ya trabaja en una apelación.

En caso de que la decisión de Fachin aún prevalezca, toda la causa Lava Jato volvería atrás y debería haber una nueva denuncia por parte del Ministerio Público Fiscal que sea tratada ahora por los Tribunales Federales de Brasilia.

No es novedad que toda esta trama judicial se trata de una estrategia política de anulación de quien sacó de la pobreza a más de 30 millones de brasileños y que expuso las operaciones político-empresariales que sumían en la miseria y en el despojo de los derechos elementales a dos tercios de la población del país. El caso de Brasil quizás sea la expresión más voraz del famoso lawfare que asola a la región como una suerte de Plan Cóndor de toga, martillo y horas pantalla. Pero lo cierto es que esta noticia provocó aturdimiento en todos los sectores que componen el amplio y complejo tablero del gigante sudamericano.

Sectores de la centro derecha, siempre con la carta de la lucha contra la corrupción populista, alertan sobre una posible desestimación de toda la operación Lava Jato por el cuestionamiento a Moro. Quien fuera su operador visible, hoy es blanco de acusación: Arthur Lira, el presidente de la Cámara de Diputados, dijo mediante su cuenta de Twitter, “Mi mayor duda es si la decisión monocrática fue absolver a Lula o Moro. Lula puede incluso merecerlo. Moro jamás”.

Por otro lado, sectores afines al PT ven con suspicacia la maniobra de Fachin tanto por lo inesperado de su pronunciamiento como por la imposibilidad de prever la decisión del Superior Tribunal Federal de Brasilia en caso de que se realice una nueva denuncia. Una especie de movimiento distractor para “salvar” el Lava Jato tras el cuestionamiento a Sergio Moro.

El equipo defensor del exmandatario pidió cautela al conocerse la anulación de las condenas: “Resulta el momento de celebrar esta victoria de la justicia, pero sin bajar la guardia ante enemigos. La Campaña Lula Libre y Anula el STF seguirán activas y ampliando sus movimientos hasta que las farsas contra el expresidente sean definitivamente enterradas”, afirmaron en su comunicado oficial.

Aún así, la política petista y sus aliados latinoamericanos se mostraron entusiastas y el discurso de Lula ante este suceso fue fuertemente de campaña, declarándose víctima de la mayor mentira jurídica de los últimos 500 años, denunciando la devastación que sufre el pueblo de Brasil por una desastrosa administración de la pandemia, arremetiendo expresamente contra un Bolsonaro ya sin Trump meciendo la cuna. ¿Para concluir? “No desistiré. La palabra desistir no está en mi diccionario”. La carne, o el peixe, al asador.

Resta ver la conclusión de esta contienda en la que la posibilidad de una vuelta al poder del tornero mecánico convulsiona todo el escenario político de un país ya por demás complejo. Con los protagonistas de siempre, con actores emergentes, con un norte famélico y un sur de aspiraciones europeas, con una pandemia.

Habrá que ver también, si esta vez son los tiempos de, más que paliar la emergencia, generar la base de apoyo que habilite la permanencia y profundización de los proyectos emancipatorios latinoamericanos que sugieren una resurrección.

Sí, no parece en principio ser ese tiempo, pero es fácil expresar deseos y plantear exigencias a los irreverentes de la historia desde la trinchera del homeoffice. Y también es lindo cuando la política vuelve a enamorar.

Corina Vera
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Comunicóloga

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