Economía

La libertad y ser libres

Conservadores vs. Justicialistas

Cierta corriente de divulgación postula que el Estado asfixia, tras lo cual reclaman libertad. Dicen que quieren ser libres. Algunos se identifican como libertarios, otros con la derecha, muchos con la meritocracia y un porcentaje de ellos como antipopulistas sosteniendo que el Estado no debe “mantener vagos”. Sus argumentaciones parten de premisas o creencias inducidas por intereses. El problema es que esos intereses representan a sectores que no tienden a favorecer a quienes defienden esa postura, sino que son enunciados que favorecen al poder concentrado.

Y precisamente en esta terminología reside el eje de la explicación. Las corporaciones hegemónicas y colonialistas – en el sentido amplio que incluye lo cultural – buscan la concentración de los ingresos del mundo al dominio propio. La penosa consecuencia es que la mayoría de los habitantes del mundo que no son ricos quedan excluidos de la participación en la riqueza total padeciendo una mayor pobreza y sometiéndose a tener que pelear la vida casi sin recursos. Lo opuesto al modelo de concentración de ingresos busca la distribución más justa y equitativa de la riqueza producida, quedando en la disputa el enfrentamiento entre el modelo de concentración de ingresos contra el modelo de distribución de ingresos.

Perón definió el problema con total claridad explicando que la economía no es libre, sino que siempre es dirigida. O la dirige el Estado, es decir, el pueblo a través del Estado para conseguir la grandeza de la Nación y la felicidad del propio pueblo; o, caso contrario, habrá de dirigirla el poder financiero trasnacional destruyendo a las naciones y sometiendo a los pueblos, causando la desdicha de sus habitantes.

Las corporaciones de poder concentrado manejan periodistas, políticos, jueces y medios instalando un conjunto de creencias en buena parte de la sociedad con el objeto de ejercer abuso de su posición dominante y su poder económico sin que los pueblos las controlen. El problema es que lo que a ellas enriquece, a los pueblos los oprime y empobrece hasta niveles escandalosos y escalofriantes. Por eso mismo las sociedades deben organizarse y fortalecerse para, a través del Estado, diseñar herramientas que a ellas controle, con vistas a salir del modelo de opresión diseñado por el poder fáctico. Los pueblos queremos ser libres de pobreza, libres de engaño, libres de saqueo y libres de una deuda generada por los sectores financieros corporativos.

Uno de los mecanismos para someter a los pueblos consiste en endeudarlos. Para que quede claro: las corporaciones de poder concentrado se hacen de importantes montos de capital financiero utilizando herramientas diversas, pero la deuda se la trasladan a los Estados Nación. Luego, a través de los medios de difusión que manejan, le hacen creer a un porcentaje desprevenido y desinformado de la sociedad que los gobiernos son corruptos quedándose con los impuestos que le cobran a la gente de bien que, a pesar de pagar impuestos, es cada vez más pobre.

El Estado recauda impuestos que debería asignarlos a mejorar la distribución de los ingresos y propiciar desarrollo, actividad productiva generadora de empleo y bienestar. Destinos deseados de los recursos son: Salud, Educación, Ciencia y Tecnología, Turismo, Transporte, Vivienda, Urbanismo, Alcantarillado, Agua Potable, Medio Ambiente, Industria, Comunicaciones, Conectividad, etcétera. Pero si el país está endeudado parte de la recaudación debe asignarla a pagar capital e intereses generados por esa deuda que enriqueció a unos pocos.

Vista esta relación se entiende por qué fue tan importante el ciclo de desendeudamiento de 2005 a 2015 que propició un Modelo Nacional, Popular, Inclusivo, Tecnológico y Científico, que podríamos denominar justicialista conforme acerca la organización de la sociedad al ideal de Justicia Social. La deuda externa en moneda extranjera bajó del 160% al 11% de la riqueza producida anualmente por el conjunto del país y de esa manera se consiguió incrementar las partidas para todos los ítems señalados como deseables, logrando reducir la pobreza desde el 54% al 27% y el desempleo del 20% al 5,5%.

Con la misma lógica se comprende por qué fue tan dañino el modelo de concentración de ingresos ejercido por las corporaciones durante el gobierno de Macri, al que se podría denominar conservador, entendiendo que el poder concentrado pretende conservar el poder sin sensibilizarse al ocasionar sufrimiento en el pueblo. La deuda externa en moneda extranjera ascendió al 45%, la inversión pública descendió a menos de la mitad, el desempleo ascendió al 11% y la pobreza subió hasta el 41%.

El modelo justicialista volvió a manejar el Estado desde diciembre de 2019 pero la pandemia que azotó al mundo trajo consecuencias devastadoras en todos los países del planeta. En Argentina la pobreza se agrandó hasta el 44%. Sin embargo, hasta la UCA, claramente anti justicialista, reconoce que de no ser por las medidas aplicadas por el gobierno de Alberto Fernández; tales como IFE, ATP, Subsidios, Tarjeta Alimentar, haber recuperado la estatura de Ministerio para Salud (que el gobierno de Macri había degradado a secretaría) y realizar fuertes inversiones, en complemento con la ampliación del AUH; la pobreza hubiera trepado más allá del 54%, no se hubiese podido evitar el colapso sanitario, que sufrieron países desarrollados como Italia o EEUU, y hubiésemos lamentado muchas más pérdidas humanas.

Entonces podemos identificar claramente que si los pueblos consiguiésemos difundir una más certera información, estimular una más sensible formación y concientizar sobre la relevancia política de estas disputas de fondo, conseguiríamos regular con mayor fuerza el accionar saqueador de las corporaciones y manejaríamos los recursos con vistas a incentivar la producción, el empleo, el desarrollo y el bienestar, además de asistir a los sectores más vulnerables, ya que la pobreza no es culpa de los pobres sino del modelo de concentración de ingresos manejado por las corporaciones.

A quienes vienen con el cuento de la libertad, que entendimos es lo que desean las corporaciones para abusar de su poder económico, debemos explicarles que, para ser libres, nosotros pueblo, debemos estar organizados. Sucede que si los que conservan la libertad son las corporaciones nosotros estaremos siempre sometidos y engañados. Cuando se quejan de que el Estado ayuda a los más pobres debemos mostrarles que el problema es el saqueo de las corporaciones que son las mismas que evaden impuestos. Por su parte, si los pobres están mejor, utilizan sus ingresos para consumir lo que producimos, incrementando la actividad y el empleo. Bienvenido entonces.

Y ahora sí. Los tiempos han cambiado en el mundo. Todas las naciones del planeta reconocieron que Argentina fue el país que más se desendeudó desde el 2005 al 2015 y en todos los países se habló de que Argentina fue el país que más se endeudó desde el 2016 al 2019. Está muy a la vista. Los responsables de este saqueo no se pueden escapar y es inadmisible que esa deuda la paguemos quienes no recibimos sino miseria, pobreza, destrucción y exclusión. Es un tiempo de cambios profundos por cuanto cada uno de nosotros debe comprometerse en contribuir a incrementar el conocimiento, la formación y la información. De cada uno de nosotros depende el futuro para vencer al modelo conservador y expandir el modelo justicialista.

Julián Denaro
Author Details
Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

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