Política

Medicamentos biotecnológicos en la Argentina: desafíos

La pandemia del COVID-19 puso en la agenda pública a la industria farmacéutica. A nivel global, la producción de medicamentos y vacunas se concentra en multinacionales cómo Abbott, Novartis, Amgen, Roche, Pfizer, Merck o Sanofi. Estas compañías desarrollan productos innovadores, basados en inversiones de alto riesgo y largo plazo, que garantizan su participación en el segmento de altas ganancias en el mercado farmacéutico. El sistema de patentes garantiza monopolios, pero a medida que vencen los derechos se desarrollan biosimilares como sucede con los medicamentos químicos genéricos.

En Argentina trabajan 350 laboratorios, la mayoría son empresas de capitales nacionales con plantas industriales radicadas en el país. Los que no poseen plantas tercerizan la producción o importan los medicamentos de algunas de las instalaciones que pertenecen al mismo grupo en el extranjero, y asumen como tarea propia los controles de calidad. Cuatro de los seis mayores productores de medicamentos genéricos en el mundo tienen presencia en el mercado argentino: Teva Pharmaceutical Industries, Sandoz, Fresenius Kabi y Aspen Pharmacare. (CNDC, 2019: 9- 23)

La industria farmacéutica local tiene un déficit comercial que supera los 1.600 millones de dólares. Cerca del 50% de ese déficit se explica por la importación de drogas biotecnológicas. Ese déficit está íntimamente vinculado al comportamiento de las grandes empresas de capital extranjero que asignan al país únicamente el rol de consumidor de importados.

A su vez, hay en el país experiencias de provincias y municipios que participan en el mercado de fármacos con alrededor de 40 laboratorios estatales de fabricación de medicamentos. En su mayoría producen analgésicos y antibióticos de uso habitual y algunas drogas utilizadas para tratar enfermedades crónicas -de baja complejidad tecnológica-, pero no cuentan con unidades de I+D comparables con las de las empresas en el extranjero. (CNDC, 2019:30)

Desde el lado de la demanda, el Estado argentino a través del PAMI (nación, provincias y municipios) concentra más de la mitad del mercado de medicamentos. Ello le otorga una capacidad enorme de priorizar las compras hacia productos nacionales en base a la Ley de Compre Trabajo Argentino (Ley 25.551).

El principal obstáculo para que el complejo farmacéutico argentino se desarrolle de manera independiente y soberana está en la etapa de la investigación y el desarrollo (I+D). Las actividades de innovación de los laboratorios nacionales se destinan fundamentalmente a la fabricación de nuevos productos sobre la base de drogas conocidas y con patentes vencidas. Existe un reducido grupo de unos 18 laboratorios nacionales que elaboran y/o comercializan especialidades medicinales biotecnológicas que se dedican a la investigación, desarrollo y producción de biofármacos o medicamentos biológicos. (CNDC; 2019:7-9)

Los problemas para el avance de la I+D en el sector farmacéutico local están relacionados con altos costos y los largos tiempos requeridos en las fases preclínicas y clínicas limitan la posibilidad de integrar la cadena de valor en el segmento de nuevas drogas para aquellas empresas con menor acceso al financiamiento. Esto se agrava teniendo en cuenta las dificultades que tienen las empresas para conseguir financiamiento, dadas las restricciones en el mercado cambiario, la inestabilidad macroeconómica y las altas tasas de inflación. Por ejemplo, el costo de lanzar al mercado un biosimilar se encuentra entre 100 y 200 millones de dólares, el que si bien es mayor al costo de un medicamento genérico de pequeña molécula, es sensiblemente menor al costo de lanzamiento de una nueva droga biotecnológica (1,2 mil millones de dólares en promedio). Lo que configura un escenario de inversión de alto riesgo, que en general las empresas multinacionales eligen abordar en países diferentes al nuestro.  (Federal Trade Commission; 2009).

Una dificultad asociada es el alto nivel de concentración en las redes de distribución y a las especificidades de las regulaciones nacionales. En estos mercados, las regulaciones referidas a la propiedad intelectual, los estudios clínicos, el lanzamiento al mercado y el acceso a mercados administrados, son los principales determinantes de las condiciones de competencia y del tipo de capitales predominantes. También hay una complejidad derivada de las responsabilidades que implican desarrollar medicamentos, con lo que se configuró en nuestro país -y en el mundo en general– un sistema de regulaciones complejas que constituyen una de las principales barreras a la entrada de nuevos actores en los segmentos más rentables del mercado farmacéutico. Por ejemplo, para la aprobación de los biosimilares se requieren en Europa ensayos clínicos fase III que incluyen pruebas en un elevado número de pacientes que demuestren su eficacia y seguridad en las patologías que la EMEA -la ANMAT europea- ha definido en sus guías de autorización.

En resumen, la industria farmacéutica está conformada por un oligopolio global que se sostiene gracias a la explotación de monopolios por grupo terapéutico garantizados por la regulación internacional, en base a la investigación y el desarrollo de nuevos fármacos de alto contenido nanobiotecnológico. A su vez, hay barreras a la entrada en el mercado, particularmente en el segmento de Investigación y Desarrollo, que están determinadas con el alto riesgo de las inversiones, el control de las cadenas de distribución y la compleja regulación asociada con las responsabilidades de la creación de nuevos fármacos. En Argentina el Estado Nacional es un actor central en el lado de la demanda, y en la regulación. No así en la producción, donde contamos con experiencias de nivel provincial y municipal.

Finalmente, hay un denso complejo farmacéutico con experiencia acumulada en la investigación y producción de medicamentos en general, que en condiciones ideales podría volcarse rápidamente a pruebas, ensayos de tratamientos y escalado industrial para su producción en masa, desencadenando en la sustitución de importaciones de principios activos y drogas biotecnológicas. Sin embargo, el ecosistema para la producción de conocimiento en estas áreas no cuenta con un actor público que conozca y articule el capital humano argentino con el sistema productivo de manera consistente, sostenida y con recursos económicos

La buena de la semana

El MERCOSUR cumplió el 26 de marzo 30 años. Este espacio supranacional, junto con la Unión Europea, es uno de los procesos de integración más complejos del mundo. Además de las cuestiones económicas, se extendió prácticamente a todas las áreas de gobierno, desde la política educativa al ámbito militar. Uno de los logros tácitos del MERCOSUR fue terminar con las hipótesis de conflicto entre Argentina y Brasil, que hasta los años `80 dominaban la doctrina militar en el Cono Sur.

La mala de la semana

El INDEC informó que la tasa de desocupación se sostiene en los dos dígitos, en torno al 11%, lo que representa alrededor de 1.4 millones de desocupados. A pesar de la suba de 2,7% en la tasa de empleo con respecto al trimestre anterior, el empleo continúa 2,9% por debajo del nivel registrado en este trimestre en 2020.

 

Juan Manuel Zanabria
Author Details
Economista por la Universidad de Buenos Aires, especializado en procesos de integración regional y desarrollo económico. Realizó sus estudios de grado y posgrado en la UBA, UNLa, Universidad de San Pablo y Tsinghua Universidad. Es miembro del GICP en Geopolítica y Tecnología en FSOC-UBA, y del Think Tank Ideas por el Desarrollo (IxD).

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