Editorial

Coronavirus segunda temporada

Si tenemos en cuenta que la serie del apocalipsis zombi The Walking Dead, ya lleva diez extensas temporadas, en donde los protagonistas han surfeado innumerables dificultades para simplemente sobrevivir, poca cosa parece un año y medio de pandemia en donde (por ahora) nadie se ha convertido en zombi. Se puede decir que el Coronavirus está en su segunda temporada. Una temporada que había arrancado suavecita, con un verano que prácticamente nos había hecho olvidar que existía y en donde salvo por el barbijo que molestaba por el calor, hicimos nuestra vida casi normal; mutó para ofrecernos capítulos repletos de angustia y zozobra.

Al lector sensible tal vez le parezca frívola o irrespetuosa la comparación entre una serie de televisión y una pandemia real que está produciendo una tragedia humanitaria en todo el mundo. Puede que tenga razón, puede que sea frívola e irrespetuosa, sin embargo nos sirve para graficar el horror que por estos días vive el mundo y en donde la Argentina no es la excepción.

Dicotomía

Ante el aumento desmedido de los casos de Covid-19, el Gobierno Nacional decidió hace menos de una semana volver a tomar medidas restrictivas. Esta vez la respuesta no fue de corte total, lo que se hizo fue prohibir la circulación luego de las 0 horas. El presidente no lo llamó toque de queda, pero en los hechos es lo mismo. El argumento entre catacumbas que enmarca esta decisión sería la idea de que a la noche la gente se relaja y aquello propicia el contagio. Puede que sea cierto, aún no lo sabemos, en algunas semanas la disminución o no de los casos nos dará una respuesta. De lo que si estamos seguro que estas nuevas restricciones afectarán el repunte económico que había empezado hace algunos meses, luego de un 2020 catastrófico en términos económicos y sociales.

Y entonces otra vez la eterna discusión que ya tiene más de un año en nuestro país: ¿salud o economía? ¿Es esta una falsa dicotomía? Pues no parece. Nadie puede negar, ni los más acérrimos defensores de la cuarentena, que los largos meses de encierro y de cuasi paralización del sistema productivo causaron un recrudecimiento de la crisis social y económica, que vale la pena mencionarlo, el gobierno de Alberto Fernández heredó de la administración anterior. Más allá de todo el esfuerzo que el Gobierno Nacional hizo para intentar palear el parate económico, que de no haber existido hubiera empeorado aun más la situación, el 42% de los argentinos vive hoy bajo la línea de la pobreza y seis de cada diez niños y niñas son pobres. Ahora bien, también es cierto, que aquella cuarentena larga, dura y fría salvó vidas, salvó muchas vidas. Sólo hace falta ver lo que está ocurriendo en Brasil por estas horas para hacer la comparación.

Sin camas no hay paraíso

Cuando allá por mediados de marzo del año pasado, se impuso una cuarentena estricta en todo el país, el principal motivo explicado por la autoridades, era el hecho de que Argentina gane tiempo restringiendo la circulación y pueda de esa forma fortalecer el sistema de salud. En la Argentina para aquella época no había más de doscientos casos positivos y la letalidad era de sólo una persona. Ha pasado más de un año de aquello y por estos días se dice que el sistema de salud está a punto de colapsar y que las camas de terapia intensiva empiezan a escasear de forma más que preocupante. Surge pensar entonces que el sistema de salud no fue fortalecido y que estamos en una situación semejante a marzo de 2020. Sin embargo no es así. Desde que arrancó la pandemia el gobierno nacional a través del Ministerio de Obras Públicas, conducido por Gabriel Katopodis (de los funcionarios que funcionan) construyó 12 hospitales modulares de emergencia para pacientes con covid, en distintos puntos del conurbano bonaerense, en la ciudad de Mar del Plata y en las provincias de Chaco, Córdoba y Santa Fe. Estos hospitales son módulos de construcción rápida de mil metros cuadrados y cuentan con más de 800 camas de terapia intensiva entre todos. Estas camas en hospitales modulares más las que se agregaron en los hospitales comunes, dan por resultado que la Argentina en un año aumentó un 37% las camas de terapia intensiva en todo el país, pasando de 8521 a 11668, un 37% más. De la misma forma los respiradores que para antes de la pandemia eran 6211, hoy son 8602, un 38% más.

Los datos y los hospitales son de acceso público, están allí para quien guste mirar. Sin ideologizar el ojo se puede observar que hubo y todavía hay un esfuerzo económico gigante del Estado Nacional para combatir de la mejor forma posible la pandemia. Pero no alcanza. Y no alcanza acá como no alcanza en todo el mundo. No hay sistema de salud del mundo, por más desarrollado que sea, que aguante una pandemia con tamaña capacidad de transmisión.

A New Hope

Todos los médicos infectólogos (o al menos todos los serios), siguen sosteniendo que la única forma de disminuir la velocidad de contagio es el auto aislamiento y que la única esperanza que tiene la humanidad de poder terminar con esta pesadilla es la vacuna. Después del escándalo que significó el vacunagate, el gobierno pudo reencauzar el operativo vacunatorio y con mayor o menor dificultad ya se ha dado al menos una dosis a casi el 10% del país, entre ellos el 90% del personal sanitario.

Argentina administró casi 5 millones y medio de vacunas desde que empezó el proceso, España cuya población es similar a la de nuestro país, administró unas 10 millones. Es cierto, es casi el doble, pero también es cierto que España es parte de la comunidad europea, nosotros no.

Mientras tanto

Así y todo y con un proceso de vacunación que parece encaminado, el mismo sigue siendo lento y la cuestión sigue siendo el mientras tanto. El mientras tanto es lo que seguramente no deja dormir al presidente. Porque en el mientras tanto están las muertes que ya tocan las 60 mil en nuestro país. Y cada muerte vale, cuenta y duele. Se dice que las últimas medidas restrictivas tuvieron buena aceptación en la sociedad. Las encuestas muestran que la gente estaba esperando que el gobierno tome otra vez el timón en lo que se refiere a la pandemia. ¿Pero será igual si finalmente se decide volver a una cuarentena total aunque sea menos prolongada? ¿Se banca este país con 42% de pobres volver a paralizar la economía? Hace algunos días los movimientos sociales le pidieron al presidente que por favor no tome más medidas restrictivas porque en los barrios “no dan más”. El modelo chino parece difícil de aplicar nuevamente. No parece haber margen otra vez. Encima es un año electoral y es difícil de imaginar que el relato de salud sobre economía pueda seguir primando en el discurso oficialista, aun para los que lo creemos sincero.

La responsabilidad social y cierta guía del Estado parece ser la única forma de intentar pasar la segunda ola. Sí, aunque estemos hartos de la responsabilidad social, no parece haber otro camino. Injusto seria pedir recetas mágicas que no existen y que a nadie se le han ocurrido. Países gigantes como Francia, Alemania o Inglaterra, cerraron todo cuando les vino la segunda ola. Injusto, imposible e irresponsable. Las segundas partes, se sabe, nunca fueron mejores.

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