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No habrá más penas ni olvido: a 47 años del primero de mayo de 1974

Se cumplen cuarenta y siete años de aquel primero de mayo de 1974 en donde se produjo un quiebre fundamental entre el General Juan Perón y la izquierda peronista, en ese entonces hegemonizada por la organización político-militar Montoneros. Intentaremos hacer un repaso histórico que desemboque en aquel día del trabajador, para intentar entender cómo se llegó a ese momento.

Desperonizar la Argentina

El 16 de septiembre de 1955 las Fuerzas Armadas derrocan el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, quien tenía mandato hasta el año 1958 y había sido reelecto por mandato popular en el año 1951 por el 63,4% de la ciudadanía. Apenas tres meses antes las mismas Fuerzas Armadas encabezadas por la Marina habían querido derrocar y matar a Perón arrojando bombas a la Plaza de Mayo desde aviones que se calculan le costaron la vida a entre 300 y 800 argentinos y argentinas. Aquel golpe de estado de septiembre del 55 se autoproclamó “Revolución Libertadora” y aunque en sus primeros días fue encabezado por el General “moderado” Eduardo Lonardi, quien al asumir dijo la histórica frase “ni vencedores ni vencidos”, en poco menos de dos meses viró a una dictadura cruel cuyo único objetivo fue desperonizar la Argentina y devolver el poder real a los sectores históricamente acomodados del país. Su presidente y líder fue el General Pedro Eugenio Aramburu.

La “Revolución Libertadora” vino a devolver el poder a las oligarquías locales y terminar con una década de ascenso social para los sectores populares y medios del país. Y esto no tiene nada de subjetividad, así lo afirmó el Contralmirante y Subsecretario de Marina del gobierno de Aramburu, Arturo Rial en un discurso: “Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este bendito país el hijo del barrendero muera barrendero”. Pero eso no fue todo, el Gobierno Militar de Aramburu y Rojas (vicepresidente), tuvo como objetivo borrar de la memoria popular cualquier vestigio del “antiguo régimen”. En este marco y a través del decreto 4161 de 1956, se prohibió en toda la Argentina, en cualquier circunstancia y bajo la posibilidad de quedar detenido, nombrar a Perón, a Eva Perón, cantar la Marcha Peronista, utilizar cualquier símbolo peronista, entre otras tantas cosas que referían al presidente derrocado, su esposa fallecida y a su movimiento político. La Revolución Libertadora por lo tanto se propuso eliminar para siempre el Peronismo de nuestro país. Les salió mal, las paredes de Villa Manuelita se lo hicieron saber desde los primeros días: «Los yanquis, los rusos y las potencias, reconocen a la libertadora. Villa Manuelita no”.

Menos de un año después del golpe se produce un levantamiento encabezado por el General leal a Perón, Juan José Valle, que desencadenaría en uno de los hechos más trágicos de la historia argentina. El 9 de junio de 1956 por la madrugada y tras sofocar el levantamiento leal a Perón, la dictadura de Aramburu de forma clandestina fusila en los basurales de José León Suárez a militantes peronistas que se habían adherido a la gesta de Valle. Algunos logran escapar y viven para contar la historia. El general Valle también fue fusilado por la Revolución Libertadora el 12 de junio de ese año. En su carta a Aramburu, Valle escribiría una frase que la historia se encargaría de guardar: “Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse”.

Dedicamos tantas líneas a un golpe de estado ocurrido casi veinte años antes del hecho a analizar por dos razones, la primera para sentar posición acerca de que la violencia política en Argentina no comienza en los años 70 como muchos analistas intentan establecer y la segunda, porque es importante entender que los años 70 en nuestro país, en realidad comenzaron en 1955.

Crear uno, dos, tres Vietnam

Los primeros años de la autodenominada Resistencia Peronista fue encabezada por los trabajadores, fueron los sectores populares los que se cargaron al hombro esos primeros momentos de opresión. El hecho más significativo de aquella resistencia fue tal vez la toma de los Frigoríficos Lisandro de Latorre por parte de los trabajadores, ante el intento del presidente de facto Arturo Frondizi de privatizarlo. Pero aquella resistencia se caracterizó por ser inorgánica. El Movimiento Peronista a pesar de seguir representando a las mayorías populares había sufrido una tremenda derrota política. Su líder en el exilio, las peleas internas que empezaban a tomar un color cada vez más oscuro, el peronismo proscripto y el postergado retorno de Perón que nunca se terminaba de materializar, no permitieron que esa resistencia torciera el rumbo de las cosas. Pero fue en ese mismo 1959 donde sucedió un hecho fundamental para la historia de nuestro continente y que tendría una trascendencia notable también en la política argentina: la Revolución Cubana. Su figura estelar, el argentino Ernesto Guevara, inauguró una época en dónde la utopía socialista y muy especialmente el sueño emancipador de los países semi coloniales como el nuestro, parecían al alcance de la mano.

El peronismo y el propio Perón jamás se habían declarado socialistas, la idea de la tercera posición entre los dos polos hegemónicos de la época siempre había sido dogma dentro del Justicialismo. Sin embargo, si hay algo que siempre fue el ex presidente es pragmático y entendió rápidamente que la mejor forma de atraer a esa juventud, hija de la clase media acomodada gorila, a su Movimiento, era reperfilar su doctrina y convocar a ciertos sectores de la izquierda al Peronismo. Aquella juventud de mediados de los 60 se convenció rápidamente que el Peronismo era en la Argentina la única vía al Socialismo. Cuando muere el “Che” en Bolivia en 1967 y Perón en una carta dice “ha muerto el mejor de los nuestros”, a nadie le quedó dudas: “el General estaba por el Socialismo Nacional”.

Que Dios nuestro señor se apiade de su alma

El primero de junio de 1970 ocurre un hecho que aceleraría la historia y haría estallar todas las contradicciones: el secuestro y fusilamiento de Pedro Eugenio Aramburu por parte de Montoneros. Un puñado de jóvenes de no más de 25 años, pertenecientes a la clase media argentina, y encabezados por Fernando Abal Medina, secuestraron y mataron a la cara principal de la Revolución Libertadora. Lo acusaron de derrocar un gobierno popular, de secuestrar el cadáver de Evita y de fusilar militantes peronistas en José León Suarez. La reconversión “democrática” que Aramburu había intentado en sus últimos años de vida no le alcanzaron para lavar su cara. La carta de Valle le caía como un mazazo justiciero catorce años después.

A partir de ese momento Montoneros tomó una preponderancia inusitada en la política nacional. Miles y miles de jóvenes se sumaron a sus filas, Perón los llamaba sus “formaciones especiales”, dirigentes de la Organización eran recibidos por el propio Perón en su exilio de Madrid, a donde antes sólo entraban viejos dirigentes peronistas o líderes sindicales. La “M” se convirtió en la guerrilla urbana con mayor despliegue territorial tal vez del mundo. Pero además había militantes de superficie, medios de comunicación, trabajadores de muchos sectores productivos y por supuesto también estudiantes universitarios y secundarios. Al grito de “Perón o Muerte” y de “la Patria Socialista”. Montoneros en tan sólo tres años se convirtió en la conducción indiscutible de la Juventud Peronista, que para esa época no era otra cosa que la Tendencia Revolucionaria dentro del Movimiento Nacional Justicialista.

Luche y Vuelve

El 17 de noviembre de 1972, Perón retorna al país después de 17 años. La JP conducida por Montoneros fue la principal artífice de ese primer retorno. Además, y en ese marco, Lanusse había autorizado que el Peronismo se presente a elecciones por primera vez en 18 años, pero con el asterisco de que para determinada fecha todos los candidatos deberían estar en la Argentina. Perón decide no presentarse y elige como delfín a un antiguo dirigente peronista que no se había destacado demasiado durante los 18 años de proscripción: Héctor Cámpora, “el Tío”.

El 11 de marzo de 1973 el Peronismo vuelve a ganar una elección en nuestro país, la formula del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), encabezada por Cámpora y Solano Lima, obtiene el 49,56% de los sufragios. A pesar de que se necesitaba el 50% más 1 de los votos para convertirse en presidente, el 30 de marzo Ricardo Balbín, candidato radical que había quedado a casi 30 puntos del FREJULI, decide no presentarse, consagrando a Cámpora nuevo presidente. El Peronismo asumió formalmente el gobierno el 25 de mayo de 1973 en una plaza repleta de militantes y en donde por ejemplo estuvieron los presidentes de Chile y Cuba, Salvador Allende y Osvaldo Dorticós. La primera medida del gobierno de Cámpora fue liberar a todos los presos políticos de la dictadura, la mayoría de ellos militantes Montoneros.

Aserrín Aserrán…

Para hablar del 1 de mayo del 74 primero hay que mencionar el 20 de junio del 73. Aquella fatídica fecha se produjo el definitivo retorno de Perón a su patria. Lo que iba a ser una fiesta popular de la que participaron aproximadamente tres millones de personas terminó en una mascare con cientos de muertos. En medio del ya desatado enfrentamiento entre la izquierda y la derecha peronista, que empezaba a cobrarse muertes de ambos bandos, pero muy especialmente del sector a la izquierda, se produce el regreso de Perón en aquel trágico día en Ezeiza. Los días previos Montoneros había planeado copar los primeros 300 metros con vista al palco donde se suponía Perón daría un discurso al bajarse del avión. Pero aquella estrategia falló, la derecha peronista conducida por el Ministro de Bienestar Social y secretario privado de Perón, José López Rega, disparó al público desde la situación de privilegio que tenían por estar subidos al palco y asesinó a cientos de manifestantes, la mayoría de la Tendencia. Perón nuca bajo en Ezeiza, su avión fue desviado al aeropuerto de Morón.

La masacre de Ezeiza fue el principio del fin de la relación entre la “juventud maravillosa” y el General. Para peor, Perón culpó en un comunicado por la violencia a la izquierda y habló de infiltrados en el Movimiento Nacional. Cámpora decide renunciar poco después, habiendo perdido la batalla con López Rega y llama a elecciones.

A pesar de la violencia inusitada que los sectores parapoliciales y paraestatales aglutinados en la tristemente célebre Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) habían desatado, el extraordinario triunfo de la formula Perón-Perón con casi el 62% de los votos el 23 de septiembre de 1973 aquietó un poco las aguas. Perón presidente nuevamente la Argentina, era el sueño de tantos cabecitas negras que después de años de proscripción casi que habían perdido las esperanza. Los días más felices parecían por fin retornar.

Sin embargo, todo se oscureció de nuevo cuando apenas dos días después del abrumador triunfo de Perón en las urnas, Jose´Ignacio Rucci fue asesinado. Montoneros jamás reconoció el crimen, pero a pocos les quedó dudas que ese inexplicable hecho de violencia, luego del triunfo popular había sido obra de la “Orga”. A nadie le quedo dudas, a Perón que quería como un hijo a Rucci, tampoco.

Llegamos entonces a ese primero de mayo de 1974. Un día del trabajador que después de 19 años iba a estar encabezado por Perón, hablándole al pueblo desde el legendario balcón de la Casa Rosada. Pero el clima era tenso. Las festividades populares y la elección de la “reina del trabajo” no gustaron a la Tendencia. Montoneros quería que se hable de sus intereses, “la patria socialista” y sobre todo quería que quede claro que en esta etapa histórica conducían Perón y ellos: “Conducción, conducción, Montoneros y Perón”.

Cuando los jóvenes militantes empezaron a cantar “No queremos carnaval, asamblea popular”, Perón se hartó y dijo la histórica frase “esos imberbes que gritan”. Era el final. La última canción que cantó la JP fue “Aserrín, Aserrán, es el pueblo que se va”. Y se fueron.

No habrá más penas ni olvido

La experiencia revolucionaria que llevó a cabo Montoneros en nuestro país fue única y tal vez irrepetible. En pocos años alcanzaron un volumen político que a otras experiencias políticas les cuesta décadas, su irrupción en la escena nacional todavía no encuentra equivalencias. Sin embargo, tal vez cometieron el grave error de creer que podían conducir el movimiento nacional. Tampoco entendieron que ni Perón ni el Peronismo son socialistas.

El Peronismo es un movimiento popular de movilidad ascendente y sobre todo gradualista, no hay lugares para aventuras izquierdistas y para el desenfreno que significan las armas. Pero sobre todo cometieron el pecado de la soberbia de pensar que el pueblo los había elegido a ellos como nuevos líderes. Pero el pueblo siempre esperó a su “Pocho” en el avión negro, para que retornara con él, la dignidad perdida.

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