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“Se re jerarquizó la relación entre Argentina y China”: entrevista con Gustavo Girado

Charlamos con Gustavo Girado, economista y director de posgrado sobre Estudios en China Contemporánea de la Universidad Nacional de Lanús. Hablamos sobre la relación entre Argentina y China, sus tensiones con Estados Unidos y las repercusiones que pueden tener en nuestro país.

¿Cuál es la relación actual entre Argentina y China?

La relación se está re-jerarquizando por varios motivos. Primero, porque había tenido un alcance muy importante hace década y media atrás, a principios del siglo XXI y la relación fue madurando. También China al desplegarse en Argentina y todo el hemisferio sur en general, se fue entrelazando en sus vínculos culturales, no sólo comerciales, China se compromete con muchas economías en vías de desarrollo y paulatinamente, al ser un gran consumidor de sus productos, pasa automáticamente a ocupar el podio en la relación comercial de productos del sector de agro-alimentos y agroindustriales.

A principios del siglo XXI, Argentina encuentra un canal de financiamiento que no tenía antes, en virtud de que la Unión Europea y básicamente Estados Unidos y Canadá le habían cerrado todo el grifo de ayuda financiera cuando salimos del segundo quiebre macroeconómico más fuerte en el 2001 con la salida de la convertibilidad. Con el gobierno de Néstor Kirchner había apuntalado el vínculo ya que China es un gran demandante de lo que hacemos y se convirtió en el proveedor con mejor financiamiento y muy buen servicio posventa. Esto era algo que no tenía, ya que las trasnacionales se radicaron allí. Esto quiere decir que muchas empresas producen en China, pero no todo lo que viene de China significa que sean productos chinos.

Desde el punto de vista comercial China necesita conseguir socios confiables, a largo plazo y de productos de calidad, de allí viene el enlace con África y Latinoamérica. Se va convirtiendo esta relación comercial en el año 2014, en una relación política estratégica de tipo integral.

Durante la gestión Macri esta relación se desmerece bastante, ya que es explícito por parte del gobierno argentino reorientar el foco de las relaciones exteriores al hemisferio norte, abrigando la agenda norteamericana como nuestra. Eso no implicó romper la relación con China, quiero ser justo con esto, pero sí- según palabras del propio ex presidente Macri-, revisar los 54 contratos que estaban vigentes porque estaban “plagados de corrupción” del gobierno anterior. Por lo tanto se enlentecen las obras de infraestructura, entre ellas las represas de la Patagonia y otros tipos de vínculos.

El ejecutivo chino se llamó a silencio como corresponde cuando son tratados de esa manera y varios meses después el ejecutivo argentino tuvo que admitir que la única fuente de financiamiento era la República Popular de China y que el único en condiciones de abastecer con tecnología e infraestructura sin pedir de un requerimiento del FMI antes. Es de ahí que después, el ex ministro Frigerio, se fue a China con los distintos proyectos para buscar financiamiento y que al final del gobierno macrista la relación China vuelve a tener una importancia relativa tal como la había tenido con el último gobierno kirchnerista. Y esto se relaciona con que ni de la administración Trump ni de la Unión Europea habían tenido respuesta política a la demanda argentina.

Con la actual administración Fernández-Fernández se re jerarquiza la relación porque hay una disposición muy clara del gobierno argentino de que la política exterior vuelva a darle la importancia que tiene que tener, en términos macro, a la economía más grande del mundo, que es la República Popular China. Asimismo, ésta deposita en Argentina claramente un eje importante en su despliegue político en el hemisferio sur. Argentina sabe que es la economía más complementaria con la china de todas las economías de la zona del sur y el Caribe. Y por los últimos movimientos y demostraciones de la política exterior argentina con el marco de cooperación no solo por la pandemia sino también por las donaciones, darían cuenta que hay una re- jerarquización en la relación, un vínculo más afín del que había.

Retomando lo de la complementariedad, ¿Cómo respondes a ciertas críticas que hacen algunos sectores cuando hablan que esa complementariedad es de alguna manera el mismo papel que ha tenido Argentina siempre, solo que ahora en vez de ser con países occidentales es con China?

Es lícita la pregunta y es bueno que los países en vías de desarrollo se lo cuestionen, lo analicen, lo debatan. Pero creo que se traza un paralelo erróneo desde mi punto de vista del debate. Parten desde una mirada homogénea entre la Inglaterra de hace dos siglos atrás con la China de hoy y lo que pudo haber sido los Estados Unidos después de la primera guerra mundial. Si uno se pone a llenar casilleros en referencia a lo que puede ser un imperio, no sólo China no invadió a nadie, sino que su presencia exterior sólo está en Somalia a pedido de ese gobierno. En cambio, si ves todas las locaciones militares de Estados Unidos e Inglaterra por fuera de su territorio nacional, prácticamente te queda todo el hemisferio iluminado.

En cuanto a la actitud del capital, y no precisas a Lenin para esto, para mantener su tasa ganancia no hay ni un ápice de comparación con lo que han hecho EEUU e Inglaterra. Para decirlo en cuestiones concretas, China tiene la mayor cantidad de pobres después de la India; segundo, es una economía aún en vías de desarrollo, y, en tercer lugar, su PBI per cápita no supera los 10 mil dólares. No cabe ninguna comparación como punto de partida con otras economías que han tenido un gesto imperial histórico.

Ahora, si Argentina y las restantes economías en vías de desarrollo no discuten para sí qué es lo que quieren hacer con este tipo de economías, ese es otro tipo de discusión y es muy válido. Hay que pensar que Argentina es competidora natural con Estados Unidos como proveedor y exportador de productos alimenticios de climas templados, y es por eso que Argentina jamás progresó, porque ellos siempre han buscado mercados con sus trasnacionales y no socios. No hay comparación histórica como punto de partida para ese análisis.

Ahora si Argentina quiere seguir siendo proveedor estrictamente de materias primas a China e importador de manufactura es claramente una decisión de Argentina. Porque el capital inversionista chino no le pide no tener déficit fiscal u otras demandas que te piden otros entes de financiamiento como el Banco Mundial –brazo financiero europeo-o el FMI- brazo financiero norteamericano-. Eso no lo tenés con China, sí está el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, China es el titular del 51% del capital con sede en Shangai y ese banco tiene dos años de existencia, así que es incomparable con el BM o BIRF.

Por eso creo que es válido plantearse hacer acciones conjuntas para quedarse con parte del conocimiento como lo han hecho ellos durante los últimos 48 años para incorporarse a las cadenas globales de valor y así hacerse cargo de algo que no tienen que es el conocimiento.

Recientemente hubo un cambio con respecto a la política norteamericana en relación a la posición china en Latinoamérica, ¿qué se puede esperar con el gobierno de Biden respecto de esto?

Fue muy explícita la posición del gobierno de Donald Trump respecto de China. Me han consultado en la previa de las elecciones si creía que iba haber cambios en la política exterior norteamericana respecto de China. Yo siempre dije que no lo vislumbraba porque Biden señalaba quiénes iban a ser los representantes que iban a llevar adelante la política exterior, sus antecedentes y el grado de conocimiento que tenían sobre China, sospeché que no iba a haber cambios.

Y en los hechos se confirmó, en todas las comisiones tanto con mayoría republicana como demócrata en las que haya intereses sobre la política china, no han cambiado su postura respecto de la posición del parlamento anterior. Con respecto a Biden, ha ratificado que China es el enemigo a vencer. Las declaraciones han sido funestas y en la reunión de Alaska reciente del P2, hace dos meses atrás, fue patética por el grado de brutalidad demostrado por los representantes norteamericanos que, en una supuesta reunión de conocimiento de funcionarios de ambas partes, comenzaron la reunión con un monólogo de todo lo que estaba mal en la República Popular China. Les recuerdo que ellos dos firmaron un acuerdo llamado de fase 1, el 22 de enero de 2020, en donde China se comprometía a comprar 200mil millones de dólares de productos norteamericanos por dos años. Y en pleno proceso de este acuerdo salen con los tapones de punta a ser tremendamente críticos de la política de derechos humanos en el Tíbet, Hong Kong, en el sur del mar de China. La verdad que fue patético, no sólo por la ausencia de delicadeza sino porque se suponía que era un encuentro para revisar el estado de ese acuerdo para llevarlo a fase 2. Por tanto, si este es el comienzo no tengo por qué pensar que habrá algún cambio. Si no hay una reubicación de la política exterior norteamericana va a ser muy difícil recomponer esto.

¿Qué nivel de desarrollo militar tiene China hoy? ¿Ves algún escenario parecido a lo que fue la guerra fría en donde EEUU y la URSS peleaban en otros territorios?

Las fuerzas militares de uno y otro son diferentes, en lo único que gana China es en la cantidad de soldados, pero la hegemonía norteamericana no sólo se ve en el conjunto de las cuestiones tecnológicas –hightech- más allá de la industria militar, sino en toda su industria, las finanzas globales, la penetración cultural y la moneda aún hegemónica, está a todas las luces del lado norteamericano. Otra pregunta sería si China quiere ocupar ese rol. Pero la norteamericana es muy superior. Y de hecho más que guerra fría, se está más cerca de una guerra abierta, dado que la flota norteamericana está muy cerca del mar de China y todos los días sobrevuelan el estrecho de Taiwán y todas esas islas donde hay una disputa de soberanía muy importante. Todo lo demás es más una discusión sobre derechos humanos como en el Tíbet que hasta los ingleses dicen que es chino y ningún país reconoció su independencia, creo yo que es más una discusión para la tribuna, más exclusivamente para los medios occidentales. Ese debate allí no existe.

Hong Kong y Taiwán son los dos aspectos medulares de un eventual conflicto. Todas las tensiones están en China ni en San Francisco ni en otro lado de los Estados Unidos; son fuerzas occidentales disputando territorios que China considera como propios y son intereses también de otras economías aliadas a las norteamericanas que les conviene frenar el avance de China como Japón, Australia o Corea.

La verdad, la política norteamericana nos dejó boquiabiertos, pero parece ser que necesitan estar mostrando los dientes todo el tiempo dado que la otra disputa que es la hegemónica, es decir, la tecnológica, no parece tan sencilla de ganar.

El mundo de la guerra fría es muy diferente al nuestro dado que ya los productos no se hacen en una sola economía, sino que se hacen a través de las grandes cadenas de valor y tanto los capitales chinos como norteamericanos son interdependientes.

Para América Latina, ¿qué consecuencias ves en esta tensión entre EEUU y China?

No sé lo que puede pasar. Pero esto de que el hemisferio norte siga buscando un enemigo después de la guerra fría ha hecho que tomen relevancia algunos hechos que no lo son, que a través de los medios cobren relevancia que no lo son en los hechos concretos. Y la presencia de China en América Latina desde el punto de vista comercial está muy vinculada a los intereses norteamericanos, entonces en realidad está más vinculada a lo que se llama las hojas de balances comerciales de las empresas norteamericanas. Porque las trasnacionales de ellos hacen mucha plata con los negocios de China en América Latina, por ejemplo. Y respecto de lo otro, es muy incipiente y en todo caso está más interesado en las materias primas que Estados Unidos no requiere. Entonces generar un problema por la inversión de capital chino en Sudamérica no es un problema económico sino en el avance y despliegue de sus intereses en estos territorios. Es más bien generar un problema al interior de China para que no se pueda abastecer y crecer, más que un problema en Latinoamérica. La disputa es otra, por la cuestión del avance tecnológico que está desarrollando China y Sudamérica es un territorio hegemónico estadounidense. Quizás haya habido una sobre reacción desde la administración Trump en adelante, pero siempre muchos de estos gestos hay que leerlos en clave doméstica, necesitaban los votos.

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