Géneros

Hacia nuevas políticas públicas para el goce y la salud sexual

No hace mucho tiempo fui a una de mis citas ginecológicas anuales en un hospital de alto prestigio en Buenos Aires y le pregunté al ginecólogo de turno de qué manera podemos cuidarnos las personas con vulva en nuestras diversas prácticas sexuales. “Es que no pueden cuidarse”, me contestó, “no hay manera”.

No dijo más. Su respuesta fue taxativa. No se molestó en explicar las posibilidades que existen para que las personas con vulva puedan tener sexo sin riesgo y presumo que tampoco se preguntó sobre las (in)voluntades políticas que existen detrás de esa negación tan tajante. Una negación que invisibiliza cualquier tipo de deseo disidente y toda práctica sexual que no tenga al placer peneano como epicentro de su órbita.

Hasta el momento en Argentina no existe ningún mecanismo de cuidado seguro, eficaz y diseñado para garantizar el placer y el goce sin riesgo en el sexo entre personas con vulva. Esto también significa que, ante la ausencia de políticas públicas y el desconocimiento de gran parte del sistema médico, hay personas expuestas a Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). A su vez, a nivel epidemiológico, el grupo “mujeres que tiene sexo con mujeres”, como se nombra a la población de personas con vulva en el sistema médico, es el menos estudiado y existe, en torno a este grupo poblacional, un mayor desconocimiento por parte del personal de salud acerca de métodos de prevención y cuidado.

Hay, sin embargo, algunas alternativas que existen y que no se nombran puertas adentro del consultorio por no ser tan eficaces (ni populares): los guantes o dedales de látex, la barrera bucal (dental dam), o el preservativo peneano. El problema de todos estos métodos de profilaxis es que ninguno está pensado para cuerpos con vulva. Ya sea por la incomodidad que implican para ser usados en ciertas prácticas sexuales como el tribadismo; ya sea porque están hechos con otros fines, como el dental dam que fue pensado y desarrollado para cumplir con ciertos cuidados odontológicos y solo se consigue en comercios especializados en ortodoncia; ya sea por la violencia simbólica que implica para personas con vulva tener que cortar un preservativo peneano para ajustarlo a la forma de sus cuerpos (ya que no existe aún una producción industrial nacional de campos de látex). A esto se suma que, salvo el preservativo peneano, los métodos de protección mencionados son “anti-populares”: no se distribuyen de manera gratuita, no están financiados por las campañas del Ministerio de Salud de la Nación y no se fabrican de manera industrial en nuestro país. Por esto, un gran porcentaje de la población sexualmente activa queda fuera de las posibilidades de acceso a ellos.

La primera conclusión que cae de todo esto es que, en los preservativos tradicionales, existe una visión falocéntrica, cisheteronormada, binaria y centrada en la prevención del embarazo. ¡Si no hay posibilidad de embarazo, para qué cuidarse! Esto evidencia el triunfo del discurso de la reproducción sexual, necesario para la (re)producción de una sociedad que jerarquiza la cisheterosexualidad por sobre otras identidades/subjetividades, el discurso de la reproducción sexual por sobre el discurso del placer, el goce y el cuidado en las prácticas sexuales, disidentes o no. A su vez, esta visión excluyente se extiende a los programas de Salud Sexual y Reproductiva y al Programa Médico Obligatorio, que tampoco contemplan estas diversas prácticas sexuales por fuera del sexo heterosexual reproductivo.

Con todo esto en la cabeza, en el año 2018 un grupo de lesbianas, bisexuales, pansexuales, trans y no binaries se reunió para pensar la (im)posibilidad que existe a la hora de cuidarse en sus relaciones sexuales, particularmente cuando se practica sexo entre personas con vulva. Y en el contexto de reclamo por la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas, crearon el Proyecto Preservativo para Vulvas.

Con el propósito de garantizar que todas las identidades puedan disfrutar de su sexualidad de manera libre y placentera, de que los centros de salud se eduquen y se informen para romper con los tabúes que aún (re)producen este orden binario y falocéntrico, este proyecto autoconvocado visibilizó la ausencia de políticas públicas para el cuidado de lxs cuerpxs de lesbianas, mujeres y varones trans, y personas no binarixs en las prácticas sexuales. Y, finalmente, propuso la necesidad de crear un preservativo integral que contemple deseos y prácticas sexuales diversas.

A partir de entonces comenzó una campaña que terminó con la presentación de un proyecto de Ley de “acceso y promoción de profilaxis inclusiva” presentado por la legisladora porteña Lucía Cámpora y en redacción colaborativa con el colectivo Proyecto Preservativo para Vulvas. Actualmente, el proyecto se encuentra en evaluación en la comisión de salud de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Su principal objetivo es garantizar el acceso a métodos profilácticos que se adapten a los distintos tipos de prácticas sexuales y lograr que el Ministerio de Salud de la Ciudad asegure el acceso igualitario a la salud sexual, es decir, que distribuya estos métodos de prevención de forma gratuita mediante convenios con empresas. Este proyecto también propone reforzar la formación sobre métodos profilácticos diversos en el marco de los programas de la ESI para que se capacite a lxs profesionales de la salud y para fomentar su investigación, desarrollo y producción en el ámbito público y privado.

El horizonte es la creación de un preservativo que además de eficaz, seguro y gratuito, sea atractivo. Que no sea restrictivo, ni incómodo, ni ajeno al cuerpo. Un método de protección que contemple diversas prácticas sexuales, que ayude a la erotización del cuidado y que fomente la investigación para terminar con la desinformación del sector médico que (re)produce la invisibilización de las relaciones sexuales entre personas con vulva. En definitiva, que cuidarse puede ser erótico.

El fin es garantizar la salud, pero también garantizar nuestro derecho al placer.

Alex Zani
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Becaria doctoral en Estudios de Género (UBA/CONICET), Mg. en Periodismo (El Mundo, Madrid) y Lic. en Cs. de la Comunicación (UBA). Poeta, periodista y docente en FLACSO y UNM.

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