Economía

El conocimiento como clave de la reconstrucción

La superación de un período de cinco años continuos de destrucción del empleo, la industria y el poder adquisitivo, conlleva múltiples interrogantes y desafíos. El período macrista elevó la inflación del 25% al 55%, el desempleo del 6% al 11%, la deuda externa en moneda extranjera del 11% al 45%, el precio del dólar de 9,50 a 65, las tarifas de servicios se incrementaron un 3000% en promedio, se quitaron los remedios a los jubilados y las computadoras a los chicos, el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones se redujo a su tercera parte y la inseguridad alimentaria subió del 4% al 10% de la población. Pero seguido a esto vino una pandemia que obligó a reducir la circulación, extendiendo la contracción económica por un período más largo. Aunque luego de la reducción del PBI del 10% en 2020 le sigue un 2021 que promete un incremento superior al 7%, por cuanto se presenta como el año inicial de un nuevo ciclo beneficioso para el conjunto del país.

Ciertos sectores de la economía, tales como alimentos, metalmecánica, siderúrgica, química, plásticos, telecomunicaciones, textiles, automotrices y otros más, exhiben un notable crecimiento interanual que los posiciona en niveles de actividad superiores a los prepandemia. Es decir, están produciendo más que en 2019. Por otro lado, el mercado cambiario ha sido atemperado, traduciéndose en una calma cambiaria que no amenaza con devaluaciones futuras, a pesar de que no les guste a los dueños de los dólares y a quienes desean desestabilizar al gobierno. Mientras tanto, las tarifas de servicios suben por debajo de la inflación y los mecanismos de control de precios tales como Precios Cuidados, Programa Super Cerca, Plan Ahora 12 y la inminente ley de góndolas están consiguiendo aquietar la suba de precios de los alimentos. Tras esto, la inflación se va reduciendo mes a mes y se espera que este sea el primer año de un prolongado período de continua recuperación del poder adquisitivo de los ingresos, tras cinco de caída continua.

Sin embargo, no pareciera quedar claro el terreno sobre el cual construir optimismo, ya que algunas veces ocurrió que el crecimiento fue apropiado por parte del poder concentrado corporativo, dejando por fuera de una justa y equitativa distribución al completo conjunto de la sociedad, excepto los poquitos aliados con ese poder enlazado con los imperialismos colonialistas, que nunca desaprovechan las oportunidades para saquearnos y endeudarnos para someternos. Aunque claro, siendo un país tan rico y diverso, el potencial de recuperación puede ser utilizado en nuestro favor.

En este momento se prevé un superávit comercial muy alentador que calcula un ingreso neto de divisas por más de 20.000 millones de dólares, y esto viene a dar cuenta que además de ser uno de los principales productores de alimento del planeta, se están reduciendo las importaciones prescindibles a consecuencia del oportuno manejo de las políticas externas del gobierno. El progresivo control a las importaciones tanto de bienes transables como de insumos industriales que nuestra propia industria puede producir achica el flujo de salida de dólares al tiempo que vuelve a estimular la producción, que es la principal generadora de empleo genuino. Pero en simultáneo, es tiempo de considerar algunos aspectos claves y estratégicos.

Es sabido que nuestra producción agropecuaria es la principal fuente de divisas, pero existen otras industrias en expansión que se postulan como complementarias para construir de una buena vez una estructura productiva equilibrada. Antes que nada, es imprescindible recordar que la incorporación de valor agregado en nuestras exportaciones es primordial para no depender de las oscilaciones de precios internacionales respecto a nuestros productos primarios. Vale decir, desarrollar tanto la agroindustria como la industria pesada son indispensables para un modelo de país inclusivo e integrado. Pero las Industrias del Conocimiento, Tecnológica, Científica y Satelital, están propulsando un desarrollo muy particular en nuestro país.

Las exportaciones de la industria del conocimiento en el año 2019 superaron los 6.000 millones de dólares, quedando a la vista que ofrece un potencial de medidas incalculables. Por esto, el gobierno de Alberto Fernández, a través del Ministerio de Desarrollo Productivo, creó el Programa Potenciar Economía del Conocimiento, con vistas a generar una inversión que consiga crear más de medio millón de puestos de trabajo y elevar su caudal de exportaciones sectoriales por encima de los 10.000 millones de dólares cada año. Es de destacar, que sus actividades están asociadas a empleos de calidad, registrados, de ingresos medio – altos, y que transfieren competitividad al resto de la economía. Además, conlleva una solución a problemas de federalismo, empleo y restricción externa. Esto es, la agregación de valor en nuestras exportaciones consigue financiar las importaciones que son necesarias para estimular el crecimiento y desarrollo de otros sectores de la industria.

Se conoce que a través de INVAP (Investigación Aplicada) Argentina está exportando radares, con lo cual se está posicionando como proveedora de tecnología hacia el mundo. Asimismo, ARSAT (Argentina Satelital) recibirá un importante financiamiento del BID – Banco Interamericano de Desarrollo – para ampliar la Red de Fibra Óptica y así avanzar sobre soluciones impostergables de conectividad. Además, la vuelta a la actividad satelital, interrumpida durante el gobierno de Macri, es previsible que conduzca irreversiblemente a una soberanía en comunicación satelital, garantizando la red de comunicaciones, internet y televisión de libre acceso, para todos los habitantes del territorio nacional, sin depender de corporaciones multinacionales que sólo buscan enriquecerse asfixiando a los pueblos.

Adicionalmente, Argentina se ha erigido en uno de los pocos países en producir vacunas. Pues claro, no es descabellado, luego de conocerse que la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) fue declarada la mejor universidad de habla hispana del mundo, ubicándose en el puesto 69 dentro de las más de 24.000, pero dentro de las cuales es la única pública, masiva, intensiva en investigación y gratuita que se ubica en puestos de excelencia, con altos puntajes en reputación académica, internacionalización, aporte a la ciencia, investigación y desarrollo, posgrado y doctorados. Todo esto honorifica la quita de aranceles que hiciera el gobierno de Perón en 1949, explicando que, de esa forma, la educación superior ya no sería privativa de los sectores ricos, propiciando que el principal logro de la gratuidad es que las universidades se llenaron de hijos de obreros. Como consecuencia, la movilidad social ascendente se puso en marcha para el pueblo argentino.

En el mismo sentido, es pertinente recordar, que durante el período kirchnerista se inauguraron 16 universidades en el conurbano bonaerense, justo en el territorio en el cual Vidal fue gobernadora durante la presidencia de Macri y de quien se recuerda decir que esas universidades no sirven porque los pobres no llegan a la universidad. No resulta inoportuno hacer énfasis, justo en un artículo que refiere al conocimiento y al desarrollo, la diferencia entre los dos modelos de país. El tándem Macri – Larreta – Vidal recortó el presupuesto a educación, trabajo y salud, además de bajarlos de categoría. Mientras que el Peronismo, volvió a ubicar en categoría de Ministerio a Salud, Trabajo, Educación, Ciencia y Tecnología, y sin excepción aumentó su presupuesto relativo.

Queda en evidencia que la política es la herramienta transformadora de las sociedades. Por eso mismo se revela como urgente que esos poderes que quieren desarticularla, instalando un falso sistema de creencias a través de los medios que manejan, encuentren a las sociedades preparadas, formadas e informadas. Es el gran desafío.

Julián Denaro
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Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

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