Editorial

Medio tiempo

La conformación de las listas del oficialismo y la oposición y la polarización por momentos asfixiante que se vive en nuestro país demuestran, por si quedaba alguna duda, que Argentina continúa en su camino sin fisuras hacia la institucionalización de dos frentes a diestra y siniestra del espectro político nacional. Al margen quedan pequeñas expresiones a esta altura testimoniales por derecha y por izquierda que, según todas las encuestas, poca posibilidad tienen de pasar el corte electoral que imponen las PASO.

De “el candidato es el proyecto” a “el candidato es la unidad”

El Peronismo es históricamente frentista. La clave de su éxito electoral se basa en tener a todas sus partes conformando un todo que haga que el gigante invertebrado no se destruya. En los momentos donde no ha llegado a una síntesis de unidad, lo pagó perdiendo el manejo de los resortes del Estado. Si en el 2015 los sectores más duros del Kirchnerismo decían que el candidato era el proyecto, por la aversión que les daba la figura de Daniel Scioli, en el 2021 el candidato es la unidad. Una unidad que se hace praxis en la figura de Cristina y de Massa y que tiene en el presidente Alberto Fernández a su equilibrista o conector entre ambas partes. A la fecha Alberto no ha dado ni una sola muestra de querer convertirse en el jefe político del Peronismo. Acepta el rol institucional que le toca y tal vez con esto le alcance para volver a ser candidato en el 2023.

El objetivo del oficialismo, según dejaron transcender sus voceros, es pasar los 40 puntos a nivel nacional, ganando con contundencia la provincia de Buenos Aires. Para ello puso a encabezar la lista a Victoria Tolosa Paz y a Daniel Gollan. Ambos candidatos tuvieron en el último año y medio una exposición mediática grande. La primera por ser tal vez el mejor cuadro que tenga Alberto Fernández para defender su gobierno en los medios de comunicación y el segundo por ser el ministro de salud bonaerense en el marco de la pandemia del Coronavirus. Sacar más de 40 puntos en la provincia no parece una tarea titánica para el peronismo, con sólo asegurarse una victoria contundente en la primera y la tercera sección el objetivo parece cercano

En la Ciudad de Buenos Aires el panorama es bien distinto. Allí el Peronismo perderá. Más allá del entusiasmo que puedan tener los militantes porteños antes de cada elección, las cartas están echadas desde el vamos. Una buena elección sería repetir los 32 puntos que sacó Matías Lammens en la elección pasada, pero la empresa parece difícil, en aquella ocasión la boleta estaba pegada a la de presidente. Para encabezar la lista se utilizó el mismo criterio que en la provincia, personas que tengan fluida relación con los medios de comunicación. Leandro Santoro es otro de los alfiles que el presidente tiene para ir a defender su gestión a los canales de televisión. El politólogo es también uno de los que se desenvuelve bien en los medios. Por su parte Gisela Marziotta, que ocupa el puesto número dos, tiene al periodismo como profesión de origen. El dato de color a esta lista lo agrega que tanto el uno como el dos de los candidatos a diputados nacionales del peronismo en la Ciudad se han reivindicado radicales de la línea Alfonsinista en reiteradas oportunidades.

El de Alberto Fernández es un gobierno que no despierta pasiones como los anteriores gobiernos kirchneristas, pero sí despierta los mismos odios que aquellos. Teniendo en cuenta que no hay terceras opciones con potencialidad electoral que puedan sacarle muchos votos al peronismo, no parece muy difícil que el oficialismo haga una buena elección. Se supone que ganará donde gana casi siempre y perderá donde pierde siempre. Pero en cantidad de diputados y senadores seguramente será positiva la cuenta ya que tiene que renovar la peor elección en mucho tiempo que fue la del 2017. Para mostrar tiene en el haber el hecho de conseguir mucho antes de lo previsto que la mayoría del país esté vacunado. Y aquello no es poco. En el debe seguramente estará el aumento de la pobreza que hubo en este año y medio producto del parate económico que provocó en todo el mundo la pandemia.

Del Macrismo al Larretismo

El principal mérito que tiene el partido político que formara Mauricio Macri, entre otros, hace ya casi veinte años, es el hecho de haber constituido el gran frente de centro derecha argentino. Históricamente a la derecha le costó mucho ensamblar un gran frente electoral. Episodios como la Unión Democrática fueron coyunturales y partidos como la UCEDE nunca terminaron de ser ese gran aglutinador de la derecha argentina. El PRO, a fuerza de dedicación, lo consiguió y en aquello hay un mérito.

El pos 2019 fue duro para la coalición que hasta hace no mucho encabezaba Macri. Venían a gobernar veinte años y se fueron en cuatro perdiendo en primera vuelta por más de ocho puntos. Las derrotas siempre hacen crujir y los pases de facturas se hacen más evidentes. Tanto es así que hoy el liderazgo de Juntos por el Cambio es del alcalde de la ciudad, Horacio Rodríguez Larreta. Fue él quien decidió que María Eugenia Vidal deje de ser orgullosamente bonaerense y pase a ser primera candidata a diputada nacional en la Ciudad. Y fue también él quien definió que su vicejefe de gobierno sea el primer candidato en la provincia de Buenos Aires. Lo de Vidal parece tener que ver con la necesidad de dejar a alguien de su riñón instalada de cara a las elecciones del 2023. Los radicales de la mano de Lousteau quieren hacerse con la Ciudad en dos años y con atino el Jefe de Gobierno y seguro candidato a presidente en el año 23 no se las piensa regalar. Por lo tanto, la leona bonaerense volvió a su ciudad natal, obligó a bajarse a Patricia Bullrich que representaba a los sectores más duros del PRO y si no pasa nada raro como una improbable catarata de votos “libertarios” ganará con holgura la elección.

En la provincia la situación es otra. Allí Larreta decidió pisar tierras bonaerenses con fuerza para consolidar su proyecto presidencial. Y lo logró. El propio primo del ex presidente, el jefe comunal de Vicente López Jorge Macri, que quería encabezar la lista a diputados nacionales, decidió bajar su candidatura en “pos de la unidad”, cuando todo el mundo entendió que la bajó porque no le quedó otra opción que disciplinarse ante el alcalde porteño. Y aunque el radicalismo levanta la figura del neurocientífico Facundo Manes, que sin dudas cuenta con muchas posibilidades económicas de pagar pauta en los medios y aparecer en ellos, no parece que vaya a sacarle demasiados votos a Santilli. Una excelente elección sería ganar la provincia. Difícil. Una buena, perder por poco. Y el peor escenario sería perder por diez o más puntos.

Más allá que Juntos con el Cambio insiste con una publicidad que exalta supuestos valores morales, republicanos y de cercanía con el ciudadano de “a pie”; cuestión que le dio sendos dividendos electorales en el 2015; el recuerdo fresco de un gobierno tan malo como fue el de Macri, que salvo los ultras ya nadie defiende al interior de la coalición, le hace difícil la tarea de ganar en lugares donde todo no se define por si querés u odias a Cristina y a lo que ella representa para unos y otros.

Hay 2021

La fantasía de una Argentina de unidades casi totales duró muy poco. Fueron sólo un par de meses de aquél inolvidable 2020 donde nadie sabía bien para dónde iba el mundo. Rápidamente la grieta volvió a ser la protagonista de la política nacional. Es una lástima, de la polarización permanente no suelen surgir cosas demasiado productivas. Salvo una. La grieta dio la posibilidad de delinear sin problemas los dos grandes frentes políticos argentinos. Por primera vez en la historia, los sectores más conservadores y los más progresistas (sin que en estas palabras haya un juicio de valor) de la sociedad tienen bien identificado su lugar de pertenencia política y, además, y esto no es poco importante, vamos definitivamente hacía un bipartidismo que en la Argentina sería más bien un bifrentismo. Y esto, aunque conservador, es sin dudas saludable para una democracia que se precie de tener sus cimientos sólidos y fuertes, los países grandes en donde se da esta situación son la muestra de aquello.

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