Economía

Inteligencia Vs Poder

Se sabe perfectamente, y se ha repetido a lo largo de la historia, que la ausencia de regulaciones y controles permite una inaceptable libertad para que los sectores de poder ejerzan un abuso de su posición dominante. La consecuencia es siempre la misma, un ensanchamiento de la brecha de desigualdad, a través de un veloz incremento de riqueza por parte de los sectores hegemónicos que sólo tiene su origen en el aumento de la pobreza, el hambre y la exclusión de los sectores desprotegidos que, por cierto, incluye a la clase media que disminuye su nivel de vida.

Aunque a veces parezca repetitivo nunca es inapropiado insistir, para no olvidar, que si la cantidad de riqueza que produce una sociedad es la misma, y las mayorías viven peor, es porque los sectores más ricos desplegaron mecanismos de concentración de riqueza. Es una cuenta simple, por supuesto. Si se producen 500.000 millones dos años seguidos y la pobreza aumentó, es porque los ricos son más ricos y se apropiaron de lo que antes estaba distribuido más equitativamente.

Cuando nos vienen con el cuento de que un mundo libre es generado por una economía libre, nos quieren engañar, porque son los núcleos de poder que pretenden libertad de acción para sus propios intereses. Cuando el gobierno de Macri devaluó y liberó tanto el mercado cambiario como el comercio exterior, además quitando impuestos a los sectores concentrados, lo que consiguió fue bajar el costo laboral para las corporaciones amigas y permitir el auge del saqueo financiero con fuga sistemática que se sostuvo con endeudamiento. Exactamente el mismo plan llevado a cabo por la dictadura (1976-1983) y el menemismo (1989-2001).

Teniendo en claro el trasfondo de los enunciadores libertarios, que denigran los valores de una sociedad que procura organizarse socialmente para una mejora conjunta con menor pobreza, menor inequidad y una distribución más justa e inclusiva, se considera oportuno desarrollar una serie de cuestiones a fortalecer como estrategia. En principio, tomar nota de que el gobierno de Alberto Fernández está sosteniendo una serie de medidas que consiguen desacelerar la inflación, desactivar las expectativas devaluatorias y reducir la operatoria de la formación especulativa de precios. Programas tales como Precios Cuidados, Súper Cerca, Ahora 12, más el incremento tarifario por debajo de la inflación y la inminente Ley de Góndolas, son algunos de los mecanismos que lentamente se van imponiendo frente a la voluntad desestabilizadora de aquellos grupos de poder concentrado.

Pues claro, es evidente que estamos atravesando un momento histórico muy propicio para poner en marcha modificaciones significativas en lo que concierne a la administración de la riqueza total producida. Vale decir, que deje de ser manejada por unos pocos, para que, progresivamente, sea conducida hacia el objetivo de formar una estructura económica diversificada, integrada, dinámica, compleja, y por ende desarrollada, lo que conduce naturalmente a una más justa y equitativa distribución.

En primer lugar, tener presente que ningún país desarrollado logró industrializarse y constituir una balanza de pagos superavitaria sin medidas proteccionistas, que por cierto son contrarias al librecambismo sugerido por los libertarios. Dicho de otro modo, en vez de poner en práctica una economía libre, nos conviene en su lugar una economía administrada y planificada. Más aún, considerando que nuestro país posee una increíble abundancia y diversidad de recursos.

Planteada la postura, resáltense datos comunicados por Martín Ayerbe, acerca de que si se aplicase un impuesto del 2% a todos los fletes del comercio exterior, se recaudarían 400.000 dólares por día, lo que sumaría 150 millones de dólares anualmente. Con esta sola medida, se obtendría una suficiente financiación para los Talleres Navales y Astilleros, para que compren chapa, máquinas y trabajen. Con esto, nuestra Industria Naval podría generar 150.000 nuevos empleos y nuestra propia marina mercante conseguiría una soberanía capaz de lograr una independencia económica y financiera mucho más rápido que de otro modo, estando en condiciones de construir decenas de barcos y miles de barcazas, consolidando una valiosa y prestigiosa autonomía.

Al mismo tiempo, un plan que incluya la Industria Ferroviaria conseguiría emplear medio millón de personas, al tiempo que la Industria Aeronáutica emplearía 150.000 argentinos más. Es indispensable que aprovechemos nuestras potencialidades para tener un país integrado.

La entrevista que le hiciera Gabriel Fernández a Martín Ayerbe en Radio Gráfica el 30 de julio pasado nos convoca a tomar conciencia de que somos uno de los pocos países del mundo con desarrollo en la Energía Nuclear, que no requiere de financiación externa para aprovechar esas condiciones que ya fueron creadas. Por cierto, la Revolución Electrónica viene de la mano, ya que los tipos de reactores que poseemos permitirían una prolífica producción de Microprocesadores y Discos Rígidos para Computadoras. Es decir, combinando inteligentemente nuestros recursos con nuestra estructura productiva, energética y científica, podríamos proyectarnos como un país desarrollado, soberano y superavitario, lo que resultaría en acercarnos a la Justicia Social.

En artículos anteriores se ha destacado el potencial de ARSAT e INVAP, Argentina Satelital e Investigación Aplicada, a lo que este escrito le suma la participación de la Comisión Nacional de Energía Atómica, creada por el gobierno de Perón, y la atención puesta en que el manejo del excedente generado por nuestras exportaciones deje de ser manejado por corporaciones concentradas para ser aprovechado por el conjunto de la sociedad.

Julián Denaro
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Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

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