Editorial

La foto: entre la política de la transparencia y la ética pública

Hay una agenda que no se interrumpió a pesar de que el Frente de Todos ganó en el 2019: la agenda pública como civilización vs la barbarie planteada por el Macrismo, a veces pornográfico, a veces con disfraces de republicanismo; y por el otro lado, una agenda oficialista de recuperación de lo público en su sentido más amplio. En esa retórica, se intentará ahondar en dos categorías: la transparencia y la ética pública.

Sobre transparencia en el ámbito público hay una definición clásica: refiere al deber de los poderes públicos de exponer al análisis de la ciudadanía la información de su gestión, el uso de recursos, los criterios con que toma decisiones y la conducta de sus funcionarios.

Uno de los lemas más rimbombantes que nos presentó la alianza Cambiemos durante su campaña y gobierno del 2015-2019 fue la famosa llamada transparency tomada por los grandes foros internacionales, que lejos de hacerla un valor tan necesario para la democracia la transformó en una imagen. Los jueces federales visitando la Quinta de Olivos, la licitación del Paseo del Bajo, los Panamá Papers involucrando al propio presidente y funcionarios, el intento de salvar a la familia presidencial de la enorme deuda por la privatización del Correo Argentino, los aportantes truchos en la campaña de “La Leona” y la toma de deuda más grande con el Fondo Monetario Internacional que terminó en una fuga de dólares inconmensurable y un peso inigualable para el pueblo argentino, dan cuenta sólo de algunos hechos y políticas llevadas a cabo por dicho gobierno.

El gobierno del FDT triunfante en las últimas elecciones venía a bajar el velo de quienes habían creído que dicho principio estaba siendo cumplido –entre otras tantas promesas-. El relato oficialista en el fondo basó su plataforma electoral en la importancia de lo público, es decir, lo colectivo vs la meritocracia, las pymes vs el mercado, más hospitales vs menos hospitales, más escuelas/universidades vs cierres de instituciones y desfinanciamiento educativo, los y las jubiladas vs los bancos. Sin perder de vista la singularidad, es decir, las trayectorias y experiencias de las personas, que no es lo mismo que la individualidad, los globos de colores y las frases de autoayuda “Para ser feliz hay que dejar de estar triste” del ahora candidato radical Manes.

La foto y ahora video de la primera dama festejando su cumpleaños con diez personas en plena pandemia y en confinamiento junto al presidente y amigos puede ser leído no sólo como una equivocación por demás grave y que se encuentra en el medio de la tormenta mediática acusatoria por parte de la oposición, que ni lenta ni perezosa se llena el pecho hablando de juicio político y la fiesta de Olivos, sino que además hizo mucho ruido en los propios electores y adeptos como una falta a la promesa general del cuidado de lo público, es decir, del pueblo. Muchos no pudieron velar a sus muertos, cuidar a sus enfermos, incluso ir a trabajar. El acto sumamente egoísta de un presidente que puede –sin certezas aun- generar una crisis en el pacto que realizó con los ciudadanos y con su propia tropa. La profundidad o superficialidad de la herida la veremos en lo sucesivo, pero hay algo dando vueltas en el ambiente: era una cuestión de ética pública y nadie más que el presidente de la nación debía dar dicho ejemplo. La salud pública vs festejar un cumple.

Desde otro ángulo la política de la transparencia aparece como imagen, como ícono, como exposición, como pornográfica.

¿Qué quiere decir esto? Retomando al filósofo Byung Chul Han, la transparencia es mucho más que develar la corrupción y ejercer la libertad de información, sino que es una “coacción sistemática que se apodera de todos los sucesos sociales y los somete a un profundo cambio.” La transparencia como aquello que debe ser uniforme, igual y que niega todo aquello que le es extraño, es decir, que niega lo singular, lo que de hecho hace al otro. Desde las relaciones personales pasando por las redes sociales hasta la propia política pública chocan indefectiblemente con esta ola del Ser transparente que se traduce en una supuesta deshonestidad o abandono de la vida privada, para hacerlo “todo público”.

Las redes sociales, especialmente las que priman en la imagen como Instagram, nos invitan todo el tiempo a una coacción sistemática de la exposición, donde no existe lo negativo, ni el dolor, ni el sufrimiento, ni el cansancio, ni la depresión, y donde el valor de la exposición depende sobre todo de lo “bello”.

Reitero en Manes: “Para ser feliz hay que dejar de estar triste.”

Crea el mandato del valor de lo visible y no deja lugar a lo invisible, al interior, a lo singular, a lo extraño, por tanto, al otro. Impera una sociedad uniformada, positiva y “cercana”. Tal como plantea el filósofo surcoreano, lo problemático no es el aumento de imágenes sino la coacción icónica de convertirse en imagen. Hay que entregar todo a la hipervisibilidad, hipercomunicación, de allí que la denomine “pornográfica”, no hay distancia. Y todo/todxs lo/s que se encuentra/n invisible/s se torna/n “sospechoso/s”.

Existe aún una oportunidad para volver sobre la palabra empeñada para el oficialismo en el marco de la pandemia: detenerse, tomar distancia, reflexionar, acercarse al otro desde su singularidad, comprender sus contextos, empatizar de nuevo y accionar en la política pública en pos de las mayorías, allí reside la disputa con la propuesta de la oposición pro/republicana/libertaria, que uniforma, vacía, niega al distinto y dice que todos los políticos son iguales. Si el oficialismo quiere ganar las elecciones legislativas no sólo debe generar trabajo para quienes lo han perdido sino debe demostrar que empatiza con la situación compleja que están atravesando los trabajadores. Debe volver visible aquello por lo que la ciudadanía lo votó y creyó que era posible estar mejor.

La respuesta fue unas disculpas endebles y otra foto que se repite frente a las crisis oficialistas: la de la unidad del frente electoral y gubernamental. No es menor, pero veremos si con eso alcanza.

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