Economía

Reflexionando para elegir

Lo que se conoce como “elecciones de medio término”, que nos pone en situación de votar, nos convoca ineludiblemente a todos, aún a los más descomprometidos con las cuestiones y discusiones políticas, a pensar y tomar decisiones. Estas elecciones legislativas, que renuevan bancas de diputados y senadores en el Congreso, por estar a mitad del mandato del presidente electo dos años antes, al cual le restan dos años por delante, propician un momento oportuno para elaborar conclusiones. Lamentablemente, para analizar estos dos años, debe recordarse su punto de partida, por cuanto es inevitable reiterar algunas cuestiones que fueron mencionadas en otros escritos previos.

Se conoce perfectamente, que el período Macri – Vidal – Larreta (diciembre 2015 – diciembre 2019) aplicó un modelo económico y financiero que sin posibilidades de equivocarse traía como resultados exactamente los que trajo. La liberación y desregulación del comercio exterior e interior de la nación y del dólar, la aplicación periódica de tarifazos acompañando las violentas devaluaciones, y la elevación de las tasas de interés para favorecer al mercado financiero especulativo, ocasionaron la disminución de la actividad productiva con aumento del desempleo del 6 al 11%, de pobreza del 27% al 41%, de inseguridad alimentaria del 4% al 11%, al tiempo que ascendieron la tasa de inflación del 25% al 55% y la deuda externa en moneda extranjera del 11% al 45%.

Pero como a los tres meses de iniciado el presente gobierno de Alberto Fernández, el mundo entero fue azotado por una devastadora pandemia, es indispensable también hacer presente en la memoria, que el anterior mandato desfinanció la salud, así como la educación, la ciencia y la tecnología, además de reducir a su tercera parte el poder adquisitivo de salarios, jubilaciones y todos los demás ingresos. De hecho, no se considera inoportuno recordar las palabras de Vidal, la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, quien dijera que no iba a inaugurar nuevos hospitales, aún sabiendo que el gobierno de Cristina Fernández los había dejado casi terminados.

Por el lado de la educación, luego de que el período kirchnerista (2003-2015) inauguró 2.100 escuelas en el país, dentro de las cuales 280 se ubican en la Provincia de Buenos Aires, así como adicionalmente creó 17 universidades públicas, entregó computadoras para todos los alumnos que viven en hogares carenciados a través del Plan Conectar Igualdad, otorgó becas a quienes no hubiesen podido seguir estudiando por carecer de recursos con el Plan Progresar, creó el Plan Fines para que adultos con educación incompleta puedan terminar, etcétera, el gobierno de Vidal en la Provincia de Buenos Aires cerró 17 escuelas, el gobierno de Larreta en la Ciudad de Buenos Aires disminuyó el presupuesto en Educación del 28% al 17% y el tándem destructivo de los tres discontinuó los Planes Progresar y Conectar Igualdad, al tiempo que desfinanciaron el Plan Fines, se enfrentaron a los docentes con violentas represiones policiales y también discontinuaron el Plan Qunitas.

Sobre aquel estado de cosas, entró la Pandemia, que nos podría haber ocasionado un catastrófico desborde sanitario, con enfermos sin camas ni respiradores y con gente muriendo en la calle, como ocurrió aún en países desarrollados como Estados Unidos de Norteamérica e Italia. Ante esto, el Gobierno de Alberto Fernández reaccionó imponiendo una cuarentena que consiguió evitar el mencionado desborde, mientras fue recuperando el sistema de salud.

Por cierto, desde el principio, el gobierno de Alberto Fernández recuperó la estatura de Ministerio para Salud, Trabajo, Ciencia y Técnica y otros a los que el gobierno de Macri había degradado, bajó las tasas de interés especulativas para eliminar la bicicleta financiera y retomar el sendero productivo, le devolvió los medicamentos gratuitos a los jubilados y las computadoras a los chicos, congeló las tarifas, y paulatinamente consiguió logros sin los cuales no se podría haber afrontado la terrible pandemia. Pues bien, se terminaron los hospitales y se amplió casi al doble la capacidad del sistema de salud, casi duplicando las camas de terapia intensiva, fabricando respiradores, consiguiendo vacunas y comenzando a fabricar vacunas dentro del país. Esto último, es un orgullo argentino, que nos convierte en uno de los doce países del mundo que producimos vacunas. No olvidar que se reestructuró un paquete de deuda externa de cerca de 100.000 millones de dólares, se volvieron a aplicar políticas proteccionistas que aún en pandemia, reactivaron sectores de la industria llevándolos a niveles de actividad superiores a los que tenían en 2019 sin pandemia, y también se reactivó el Plan Qunitas.

En este momento somos el país número 18 en vacunas cuando somos el número 31 en población, lo cual nos deja en una buena posición relativa. Hasta este momento se cuenta con más de 45 millones de vacunas aplicadas, que consiguió tener a más de 15 millones de personas con las dos dosis, que es la tercera parte de la población total.

El análisis del 2020 resulta importante para analizar qué pasó. Es sabido que en todo el mundo hubo gente que se murió de causas distintas al Coronavirus, que se supone no hubieran fallecido en condiciones normales. Por ello, se diseñó un índice en el mundo que se conoce como “Exceso de Mortalidad 2020”, que compara la cantidad de fallecidos en 2020 contra el promedio de los cinco años anteriores. El promedio mundial nos muestra un incremento de mortalidad del 14,3%. Argentina se encuentra por debajo del promedio mundial, con el 12,6%. Países como Alemania con el 5,7%, Francia con el 10,6% o Canadá con el 11,7% se ubican en los mejores lugares, considerando que mejor es menos malo, dejando en claro que se trata de una tragedia. Pero al enunciar países desarrollados con mayor exceso de mortalidad que nuestro país, de algún modo nos indica que hicimos las cosas bien. Inglaterra tuvo un 13,7%, Italia 15,4%, Bélgica 16%, Chile 17%, España 18%, Brasil 20%, Estados Unidos de Norteamérica 20,5%, mientras que hubo casos alarmantes como México 51%, Ecuador 63% o Perú 93%.

Con todo esto, sumando datos, se atrajo a que más de 900 empresas incrementen su nivel de inversiones en nuestro país, a pesar de que los medios se la pasan diciendo que las empresas se van del país. Sí, se fueron 19, pero las inversiones les ganan por goleada. Además, la recuperación del Superávit Comercial desde el primer día de gobierno, también colabora con generar buenas expectativas, pronosticando que las exportaciones le ganen a las importaciones por más de 10.000 millones de dólares.

El futuro aún está por escribirse, pero sepamos que los mismos que destruyeron la salud, la educación, el empleo, la industria, la ciencia, la tecnología, las comunicaciones y además endeudaron al país, votaron en contra de la declaración de internet, telefonía y televisión como servicios públicos esenciales, se opusieron a los impuestos a las grandes fortunas que financiaron la construcción de viviendas y gasto social por más de 200.000 millones de pesos (el autor de este escrito confiesa que sabe que son aportes extraordinarios pero desea que sean impuestos que se paguen todos los años). Y ellos mismos también votaron en contra de la ley de zona fría para que las familias que viven en regiones que padecen bajísimas temperaturas paguen un porcentaje mucho menor de los servicios que calefaccionan sus hogares, y fueron los mismos que se opusieron a la recuperación de los fondos previsionales, Aerolíneas Argentinas e YPF.

Sobre el cierre de la presente nota, se considera oportuno tratar dos asuntos adicionales que en este momento están agitados. Por un lado, se sabe que el poder concentrado, aliado con el imperialismo colonialista anglosajón, disgusta de gobiernos industrialistas e inclusivos. En consecuencia, las corporaciones dominantes en la cadena de alimentos estuvieron intentando desestabilizar la calma inflacionaria formando precios especulativamente, ejerciendo abuso de su posición dominante. Frente a esto, Roberto Feletti, quien está al mando de la Secretaría de Comercio, procedió a implementar un congelamiento de precios con retroactivo al 1 de octubre y con vigencia de 90 días hasta el 7 de enero. El monitoreo a través de un trabajo conjunto con gobernadores, intendentes, ONGs y cadenas está siendo decisivo para el complimiento. Este período de tranquilidad generará una brecha de tiempo suficiente como para investigar la formación de precios a lo largo de toda la cadena de producción, distribución y comercialización, con vistas a eliminar los abusos concentradores. Por supuesto, cada vez que se lee concentración se está implicando a mecanismos que enriquecen a los sectores dominantes y empobrecen al conjunto de las sociedades.

Y véase cómo son las cosas, que todo el conservadurismo ortodoxo de derecha – Macrismo, Juntos, Libertarios, Radicalismo Pro – se enfrentó a los controles de precios pronosticando que no funcionaría. Más bien, deseando que no funcione. Pero cuando advirtieron que no podrían evitar que el gobierno actual de carácter nacional y popular baje la inflación, entonces comenzaron a fogonear el dólar ilegal (blue) a través de los medios de difusión, intentando generar expectativas devaluatorias que se traducen en incrementos precautivos y especulativos de precios.

Pues claro, todo esto es apenas un resumen. Sin embargo, las reflexiones que son necesarias para evaluar mandatos, también son oportunas para comprender el trasfondo de las elecciones. No son iguales los resultados generados por un modelo económico u otro. Reflexionar sobre todos los aspectos permite comprender mejor las elecciones que se toman. Estas deben ser pensadas y elaboradas, no conducidas por impulsos irracionales carentes de análisis y comprensión histórica y coyuntural.

Tal como se ha planteado numerosas veces, existe estar en el medio entre estas dos fuerzas? Si la respuesta lógica es negativa, sería inteligente reflexionar de qué lado uno se encuentra, así como pensar cuál de las dos fuerzas es más favorable para uno mismo, y también para el conjunto del país.

Julián Denaro
Author Details
Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

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