Editorial

La posibiidad de ser un mejor gobierno

Pasaron las elecciones de medio tiempo en la Argentina y como se esperaba el Gobierno perdió. Sí perdió. Nadie pierde pero gana, más allá de lo que intente argumentar Victoria Tolosa Paz, se pierde o se gana. Sin embargo las sensaciones son muy distintas a las de las PASO, la sensación que quedó en el aire es que en el 2023 serán dos fuerzas las que se disputen el Estado Nacional y no que nos encaminamos hacia dos años de transición, como argumentó el ex presidente Mauricio Macri el domingo pasado luego de votar. El domingo 14 mostró al Peronismo competitivo una vez más de cara al futuro, aunque tenga, por cierto, varios problemas a resolver de acá a dos años. Veamos.

Frente de todo el Conurbano

Recién terminadas las elecciones el ex intendente de San Antonio de Areco y actual senador provincial del Frente de Todos, Francisco Durañona, a quien si hubiera que ubicar dentro de un sector de gobierno diríamos que pertenece a “los duros”, fue muy crítico con el actual desempeño electoral del FDT. Se preguntó con cierta legitimidad si el Peronismo se ha convertido en un movimiento del AMBA y al mismo tiempo sostuvo que el Frente de Todos ha abandonado al interior de la provincia de Buenos Aires, agregamos nosotros también, que parece haberse olvidado del interior del país.

Dicho esto, hagamos una salvedad: el mapa de la provincia toda pintada de amarillo y en donde el azul apenas se distingue que se virilizó en estos días, es en parte engañoso. Porque por un lado es cierto que la inmensa mayoría de los municipios y partidos del interior los ganó Juntos, pero también es cierto que la mayoría de la gente en la provincia vive en el conurbano, y es aquel conurbano en donde el Peronismo, como es lógico mientras sea un movimiento político que representa a los trabajadores, tiene su mayor caudal de votos.

Sin embargo ganar en el conurbano no puede ocultar que en el interior de la provincia, hace ya muchas elecciones el Peronismo pierde por goleada. El campo no es sólo el lugar donde los dueños de las tierras se juntan para despotricar contra Cristina, es también lugar de cientos de miles de trabajadores rurales con los cuales el Peronismo debe darse una tarea. El Movimiento que implementó el estatuto del peón en nuestro país, no debería darse el lujo de no tener política para aquellos sectores. De esto habla Durañona y tiene razón.

Lo mismo ocurre con el interior del país. El Frente de Todos es prácticamente un gobierno del AMBA. El presidente, que dijo cuando asumió que era el más federal de los porteños, pocos no porteños o bonaerenses tiene en su gabinete y eso en el interior se siente. La aparición de Manzur como Jefe de Gabinete tras el cataclismo al interior de la coalición de gobierno que trajo la derrota en las PASO parece ir hacia la dirección de intentar corregir aquello, pero aún no alcanza. Si el peronismo no puede enamorar al resto del país que no vive en el Conurbano, difícil será que pueda sostener el gobierno dentro de dos años y peor aún que lo electoral, dejará de ser poco a poco, un movimiento nacional.

Un movimiento de mayorías

De un tiempo a esta parte la centro izquierda ha tomado y hegemonizado la agenda del Peronismo y la cuestión identitaria de las minorías se ha transformado en el valor supremo a reivindicar sobre las demandas de las mayorías. Esto no es patrimonio argentino solamente, en mayor o menor medida ocurre con las izquierdas en todo el mundo. Desde el Partido Demócrata en los Estados Unidos, hasta Podemos en España han tomado las agendas de las minorías como razón de ser de su proyecto político. En los Estados Unidos la popularidad abrumadora que aún tiene Donald Trump entre los vastos sectores empobrecidos del centro estadounidense es una respuesta a esas agendas de los liberales. A decir del politólogo norteamericano Mark lilla: “Uno de cada cuatro estadounidenses son pobres, blancos y bautistas. No salen en las películas”.

El Peronismo que bien hizo en tomar agendas de minorías como fue en su momento el matrimonio igualitario, ha dejado que su proyecto político deje de hablar para las grandes mayorías. Cuestiones que sólo importan a una minoría ilustrada, urbana y secular, han pasado a ser la hoja de ruta de un gobierno que se precia de popular.

Las agendas de Noruega en un país con pobreza de Angola, no parecen ser las importantes hoy en día. O al menos no deberían ser las que hegemonicen la política pública.

Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista

La idea de que el Peronismo unido no puede ser derrotado voló por los aires el domingo pasado, es cierto que las elecciones de medio tiempo y las presidenciales son distintas y en principio no deben compararse, pero lo cierto es que el Peronismo unido perdió.

Tal vez ya no funciona para ganar la idea de la unidad por la unidad misma, tal vez lo que se necesita es un mejor gobierno que el que el Peronismo hizo en estos dos años desde el 2019, que al menos el que escribe, lo entiende como un gobierno de los posibilismos. En el medio de una pandemia brutal que trastocó al mundo se hizo lo que se pudo. Está claro, no alcanzó.

Ahora lo que es seguro es que sin unidad las chances que tiene el FDT de ganar son ínfimas, por no decir nulas. Que un movimiento en el que se cobijan vastos sectores de la política como es el Peronismo cruja es normal. Lo que no debería ser normal es que este crujir ponga en jaque la gobernabilidad de un gobierno peronista. Si algunos advenedizos piensan que lo mejor es transformar al Peronismo en un movimiento del 15% de los votos, pero con un sistema de pensamiento puro y cristalino al estilo Podemos en España, deben saber que de eso no se trata el movimiento popular y que la posibilidad de que aquello genere expresiones profundamente corridas a la derecha del espectro político, se vuelve más cercana.

Sólo en clave de unidad y con la premisa de hacer un mejor gobierno para las grandes mayorías populares es que el Peronismo tendrá chances claras de conservar el estado en el 23. De otra forma, cualquier sea la elegida, volverá al lugar en donde el Peronismo de la pos democracia no sabe estar: fuera del Estado.

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