Economía

Desarmando la bomba

La bomba dejada por el gobierno de Macri ha estado constituida por distintos focos calientes. El modelo económico de la valorización financiera necesita incorporar combustible tanto desde el interior como desde el exterior para acumular a toda velocidad capital en dólares, o transformable rápidamente en ellos. Resumiendo, en conocidos términos, se alimenta de obtener recursos de la producción, destruyendo la economía real, y del endeudamiento externo. Analizaremos ambos y cómo paulatinamente se está desarmando cada foco de explosión.

Período

Capital Inicial

Cálculo intereses

Intereses

Capital Final

1

200.000

200.000×0,6

120.000

320.000

2

320.000

320.000×0,6

192.000

512.000

3

512.000

512.000×0,6

307.200

819.200

Una cualidad estructural para concentrar riqueza e ingresos velozmente en los sectores dominantes es la elevación de las tasas de interés. Esto es así porque estas colocaciones financieras se multiplican a mayor velocidad cuanto mayor es el porcentaje del capital que genera intereses. Véase que si se colocan 200.000 pesos al 5% (5/100 = 0,05), ese capital engorda 10.000 (200.000×0,05), si la tasa es del 10%, el monto se incrementa en 20.000 (200.000×0,10) y si la tasa es del 60%, esa colocación gana 120.000 en una primera vuelta (200.000×0,6), tras lo que gana 192.000 en una segunda vuelta (320.000×0,6), habiéndose más que duplicado en tan solo dos años, transformando un capital de 200.000 en uno engordado de 510.000 producto de los abultados intereses. Y si lo dejamos otro año al 60%, en tan sólo tres años se cuadruplicó, llegando a 819.000, acumulándose los intereses de 307.200 sobre el capital acumulado (512.000×0,6), tal como lo muestra la tabla.

Para conseguir tan grotescos resultados en la concentración de capital financiero la elevación de las tasas de interés destruye la actividad de la economía real, ya que tanto el consumo en cuotas como la inversión a crédito se obstaculizan. La visualización desde el lado del consumo es muy fácil: si un lavarropa que sale 60.000, se paga en 12 cuotas sin interés, cada cuota es de 5.000. Y si el interés es del 60%, el monto total asciende a 96.000 y cada cuota a 8.000. Pero adicionalmente, la planificación de rentabilidad para las empresas se presenta incidida por un aumento de costos implícito que se traslada irrevocablemente a precios, traduciéndose en una espiral inflacionaria imparable. Otro estorbo más para la actividad productiva, que también fue víctima de la apertura indiscriminada de las importaciones efectuada por aquel gobierno ya que al ingresar productos baratos desde el exterior nuestra industria generadora de empleo queda desprotegida.

Y ahora vamos a exponer otra perversidad imperdonable. Si esas colocaciones a interés son con títulos del gobierno, quien paga los intereses es directamente el Estado, vale decir, todos nosotros con nuestros impuestos. Y como no alcanza, eso se traduce en déficit fiscal, que es cuando el gobierno gasta más que lo que recauda. Y cuando eso no puede sostenerse, se recurre al crédito externo, en otras palabras, aumento de deuda externa. Consecuencias: cae la actividad, cae la producción, cae el empleo, cae la recaudación del gobierno, aumenta la inflación, aumenta el déficit fiscal y aumenta el endeudamiento. Todo para favorecer a la acumulación financiera.

El modo operativo se expone a continuación: cuando uno tiene un pequeño ahorro puede colocar su dinero en un plazo fijo, que significa prestarle plata al banco, que por eso mismo te paga un interés. Supongamos que la inflación es del 40% y que la tasa de interés que el banco te paga por un plazo fijo es del 40%, el banco presta tu plata a otros a una tasa del 60%, obteniendo una ganancia. Bueno, también se le puede prestar la plata al gobierno, a través de los conocidos Bonos, Letras o Títulos Públicos. Lo que pasó durante el gobierno de Macri es que tanto los capitales internos como externos se veían más atraídos por la colocación financiera que por la inversión productiva y se armó el boom de las Lebacs – Letras del Banco Central –. Cada vez más dinero colocado a intereses, cada vez menos en la producción y cada vez más dinero especulativo – no productivo – que ingresaba al país. Esta es la bicicleta financiera.

Ingresaban dólares libremente, se cambiaban por pesos para colocarse en operaciones financieras a elevadas tasas de interés y una vez engordado el capital se volvían a cambiar por dólares libremente y con total libertad para poder retirarlos del país libremente y con total libertad. Así, los capitales financieros trasnacionales fueron agigantando sus cuentas en el exterior. Pero si por cada 100 millones de dólares que entran, luego se retiran 130 millones, eso tiene que ser financiado por alguien. Y sí, esa fue la multiplicación de deuda externa en moneda extranjera desde 70.000 millones de dólares (11% de un PBI de 600.000 millones) hasta 200.000 millones de dólares (45% de un PBI de 450.000 millones). Se ve con claridad que los 130.000 millones de aumento nominal de deuda externa en moneda extranjera para el conjunto del pueblo argentino, tuvo su contracara en formación de activos externos. Las cuentas de argentinos en el exterior aumentaron aproximadamente desde los 400.000 millones hasta los 500.000 millones en el mismo período.

El endeudamiento insostenible explotó durante el 2018 cuando le dejaron de prestar al gobierno de Macri y entonces fue a pedir auxilio al FMI, al cual no le debíamos nada desde el 2005. Pero la continua alza de la inflación, precio del dólar, riesgo país, desempleo, pobreza y descontento social, ahuyentaron a los especuladores financieros que empezaron a retirar la plata del circuito argentino. Para hacerlo, demandaban dólares para fugarlos, entonces el precio del dólar aumentaba, ante lo que el gobierno intentaba contener la fuga aumentando las tasas de interés a cerca del 80%. Aunque claro, al subir el precio del dólar rápidamente, ninguna colocación en pesos conservaba su atractivo, tras lo cual el gobierno de Macri transformó las Lebacs en pesos por Leliqs – Letras de Liquidez – en dólares. Una bomba, literalmente.

Antes de las elecciones presidenciales del 2019 Alberto Fernández explicaba que se podía devolver los medicamentos gratuitos a los jubilados, que les había quitado el gobierno de Macri, sólo con la plata de intereses de los títulos del gobierno. Así fue, el gobierno de Alberto Fernández volvió a administrar el comercio exterior, bajó las tasas de interés y congeló las tarifas, que fueron otra de las causas inflacionarias durante el gobierno macrista. Pero claro, el desarme de las colocaciones no fue rápido sino lento. Durante el desarme, los operadores fueron comprando dólares en el mercado cambiario ilegal, fogoneando al alza de su precio. En este marco, Martín Guzmán, permitió una brecha de casi el 100% entre dólar oficial e informal, pero nunca cedió a subir el dólar oficial. Lentamente, las colocaciones en letras se fueron desarmando porque la tasa de interés ya no los favorecía, ya que se volvió a la celosa administración del mercado cambiario complementada con impuestos y aranceles. Sin embargo, quedan aún cerca de 6.000 millones de dólares para terminar de desarmar este tipo de colocaciones.

Empero, aún es complicado dominar la inercia inflacionaria activada por el gobierno de Macri, que la elevó desde el 25% al 55%. La inercia significa que la inflación presente viene determinada por los comportamientos de precios durante momentos inmediatamente anteriores. Entonces, los agentes económicos y los operadores que conforman el poder hegemónico proceden a formar precios con tendencias alcistas para, además de engrosar sus ganancias, intentar debilitar un gobierno que no quieren, ya que el mismo procura restablecer el orden y mejorar la distribución del ingreso. El poder gusta del desorden, haciendo honor a la frase que dice: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Pues claro, cuando todo está descontrolado, los más fuertes y poderosos sacan provecho, abusándose mucho más sencillamente de su posición dominante.

Respecto al endeudamiento externo, lo podríamos dividir en dos. Por un lado, un paquete cercano a los 100.000 millones de dólares conformado por el sector privado. A eso se le dio tratamiento de restructuración con quita de capital e intereses, incluyendo postergación de vencimientos, a razón de que nuestra sociedad quedó sumergida en elevadísimos niveles de pobreza y exclusión social, que son primordiales de resolver para este gobierno actual. Por otro lado, el desembolso de 44.000 millones del Fondo Monetario Internacional.

Esta bomba es más complicada porque el Fondo está financiado por casi todos los países del mundo, incluidos nosotros mismos, pero asimismo, la legitimidad del préstamo está floja de papeles. En principio, nuestra propia Constitución Nacional expresa que el endeudamiento externo debe ser tratado en el Congreso de la Nación, dando cuentas de los efectos sobre la Balanza de Pagos, que es el balance financiero de nuestro país en relación con el resto del mundo. Nada de esto ocurrió, por cuanto está viciado de nulidad desde un principio. Adicionalmente, el estatuto del Fondo manifiesta que no se le puede prestar a un país para pagar deuda insostenible, financiar fuga de capitales o para el destino de la formación de activos externos. La deuda había sido ya declarada insostenible y el mayor préstamo de la historia se comprobó que fue utilizado para fuga y colocación en guaridas fiscales. Por tanto, se puede considerar ilegal e ilegítimo.

Mientras tanto, el expresidente Mauricio Macri confesó que el préstamo del Fondo fue para evitar que los bancos se vayan del país, lo cual fue el resultado de la explosión del modelo de valorización financiera aplicado a inédita velocidad. En suma, y ante los ojos del mundo, el FMI no tuvo más remedio que anunciar que el préstamo a la Argentina será evaluado e investigado.

Una cuestión primordial es que no corresponde, y no sería justo, que el pueblo argentino pague una deuda que no contrajo sino que fue utilizada por el gobierno de Macri y el enriquecimiento del sistema financiero y que, por el contrario, nos sumió en un incremento de la pobreza del 27% al 41%, del hambre del 4% al 11%, de la inflación del 25% al 55%, del desempleo del 6% al 11%, etcétera. Pero lo que es más grotesco aun, ante la mirada global, es que el préstamo no fue decidido por los países, por ejemplo, Alemania, Francia, Italia, España, Japón, China, Rusia, etcétera, sino que fue decidido por parte del presidente de EEUU, Donald Trump y dirigido directamente hacia su amigo Macri con vistas a apoyar su reelección. Entonces, acá tenemos, el mundo, otro problema: cómo el presidente norteamericano usó la plata de los países para prestarle a su amigo.

A través de un contundente documento en el que se analizan las violaciones que cometió el FMI, Soberanxs, el espacio político que conducen Amado Boudou, Alicia Castro y Gabriel Mariotto, propone al gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández solicitar a la Asamblea General de las Naciones Unidas que le pida a la Corte Internacional de Justicia una Opinión Consultiva en la que se expidan sobre la forma discrecional y arbitraria en la que se celebró el acuerdo y establezcan las responsabilidades así como evalúen la reparación por los daños ocasionados. Pero por si fuera poco, el máximo monto que se le podía prestar a la Argentina, en virtud de nuestra cuota parte en el organismo, ronda los 21.000 millones, por cuanto esta megaestafa casi lo triplica, ya que Macri firmó por 57.000 millones, de los cuales se desembolsaron 44.000 millones, haciendo aun mayor el fraude en cuestión.

No podemos permitir auditoría del FMI exigiendo políticas de ajuste sobre nuestro pueblo cuando urgentemente debemos salir de este enorme nivel de pobreza y recobrar estabilidad, previsibilidad y confiabilidad de nuestra economía, lo que se vuelve requisito irrenunciable para restaurar el equilibrio social, además de recuperar la soberanía política, con vistas a recuperar la independencia económica y conducirnos hacia la justicia social.

Author Details
Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

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