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Confrontar Para Recuperar

El endeudamiento insostenible llevado a cabo durante los años 2016, 2017, 2018 y 2019 tuvo su correlato en una fuerte correlación directa vinculada al engordamiento de riqueza financiera escondida en guaridas fiscales en el exterior, pertenecientes a argentinos residentes. La deuda es insostenible e impagable y sería totalmente injusto que la pague el pueblo argentino, que se empobreció y se desorganizó. Claro, para que unos pocos incrementen su riqueza tan rápido es porque nuestra sociedad fue saqueada. Por tanto, en realidad ya la pagamos y sería aún más injusto que sigamos pagándola.

El Frente de Todos ha presentado un Proyecto de Ley para constituir un Fondo para pagarle al Fondo, a partir de cobrarle impuestos a aquella enorme cantidad de dinero. Además, esa plata evadió impuestos y no fue declarada, por cuanto conforma un fraude al fisco. Tal es así que importantes organismos internacionales que combaten contra la creciente desigualdad en el mundo, como Oxfam y Red de Justicia Fiscal, apoyaron la propuesta argentina de imponer cargas fiscales sobre los activos extraterritoriales no declarados, que fueran constituidos por miles de millones de U$D fugados sin pagar.

En realidad, cuando los más ricos del mundo evaden impuestos, el peso de los mismos recae más fuerte sobre el conjunto del pueblo, que son los no ricos, ya que alguien tiene que pagar los impuestos. Así, el sistema tributario se vuelve más injusto y más regresivo, que significa que más lo sufren los que menos tienen. Por eso, estos prestigiosos organismos han resaltado que “se trata de ir en busca de una solución al problema de la desigualdad frente a esta estafa tributaria a escala global”.

En un mundo inequitativo en el cual el 10% más rico posee el 76% de la riqueza del planeta, y las 10 personas más ricas acaban de aumentar sus ganancias en 400.000 millones de dólares, se conoce que el 8% del producto mundial – 7 billones de U$D – se esconde en centros financieros “secretos”, gran parte de lo cual procede de actividades ilícitas o, cuanto menos, de no pagar impuestos. Para el caso argentino, cuyo PBI está cerca de los 500.000 MU$D, la cantidad de dinero escondido en las guaridas fiscales supera los 400.000 MU$D, es decir, casi iguala a lo que produce el conjunto del país cada año. Miren si no sería totalmente justo cobrar un poco de esa plata mal habida para reparar parte del enorme daño causado. Se trataría de un 20%, que se eleva al 35% luego de 6 meses, recordando que el impuesto a las ganancias está en el 35%. O sea, ni siquiera es un castigo sino más bien algo de reducción de la injusticia.

Durante los años 2014 y 2015 Cristina Fernández y Axel Kicilloff, les explicaban a los máximos mandatarios de todo el mundo cómo se resuelven los problemas de deudas internas en nuestro país. Esto es, cuando una empresa entra en convocatoria de acreedores, si acuerda con las dos terceras partes (67%), la minoría disidente tiene que acatar el consenso de la mayoría. Sirve para que los sectores más ricos no puedan ejercer un exceso de poder, imponer condiciones y, a través de vulnerar a los menos fuertes, quedarse con los bienes y la riqueza de quienes están solucionando urgencias. De esa forma, hubiésemos evitado el saqueo a manos de los Fondos Buitres, que pertenecían a un pequeño 7% que no había ingresado a la reestructuración de deuda argentina con privados, que había alcanzado el 93% de adhesión entre los acuerdos del 2005 y 2010. Otra vez, Argentina enseñándole al mundo a resolver problemas, aunque fue una pena que la nueva regulación todavía no estuviese en vigencia internacionalmente.

Sin embargo, ciertamente, tenemos muchos problemas que aún no pudimos revertir de la doble crisis. La ocasionada por el último gobierno liberal – libertario – liberal, bajo la presidencia de Macri (2015-2019) y la sufrida por la pandemia del coronavirus, que contrajo nuestra actividad en cerca del 10% como en casi todos los países. En indicadores, la pobreza que en 2015 era del 27%, ascendió para 2019 al 41%, subiendo en 2020 al 45% y se está reduciendo hacia la mitad del 2022 al 37%. El desempleo, que el gobierno de Macri subió del 6 al 11%, ahora está bajando a cerca del 7%. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, había subido durante el gobierno de Macri desde 0,41 hasta 0,45 y tan sólo el año pasado (2021) bajó a 0,43. Pero la inflación, que durante el gobierno de Macri subió desde el 25 al 55%, constituye el adversario más complicado, e indudablemente complejo.

El salario real y el poder adquisitivo de las jubilaciones bajaron a su tercera parte durante el gobierno liberal macrista, pero con esta tan elevada inflación no consigue recuperarse, y sólo consiguió dejar de reducirse. La participación del salario en el producto interno era del 54% en 2015, bajó al 45% para 2019 y ahora se contrajo aún más, al nivel del 43%. Esto constituye la principal preocupación para el gobierno, ya que el deterioro del salario genera profundos disgustos. Cristina Fernández de Kirchner así lo expresó: “gobernar consiste en enfrentar intereses del poder económico y dirimirlos a favor de sectores vulnerables. Por lo tanto, las medidas para atender a las urgencias económicas deben necesariamente afectar privilegios”.

Argentina creció durante el año pasado (2021) un 10,3%, recuperando con creces lo perdido por la pandemia durante 2020, se llevan creados más de un millón de puestos de trabajo, se desactivó la bicicleta financiera que sólo enriquece a los poderes financieros trasnacionales, se restableció la categoría de Ministerio para Trabajo, Salud, Ciencia y Tecnología, se restablecieron los remedios gratuitos para los jubilados, que el gobierno de Macri había quitado, lo mismo que las computadoras a los escolares, las cunas a los bebés y el proyecto de país satelital, se diseñaron medidas de asistencia para proteger durante la pandemia a nuestro tejido social y productivo, tales como el ATP, el IFE o la tarjeta Alimentar, y se logró la temporada record de los últimos seis años para múltiples rubros de comercio, industria, turismo y gastronómicos, que no se veían así desde el 2016. Pero el salario no puede recuperarse medido en términos de bienes.

La reestructuración de deuda con el sector privado y el acuerdo con el FMI han servido para no caer presos de la incertidumbre extrema causada por no poder hacer frente al endeudamiento insostenible, y la firmeza del gobierno para sostener el precio del dólar oficial en su sendero previsto, han evitado la devaluación pretendida por el poder concentrado desestabilizador. Es obvio, si sube el precio del dólar los únicos que se benefician son los que tienen y manejan dólares, y eso lo sufre el conjunto de la sociedad por el alza de todos los precios, sabiendo que la causa inflacionaria más determinante es la cambiaria, es decir, la que sigue al dólar.

La brecha entre el dólar oficial y los paralelos bajó desde el 150% al 70%, causando una pérdida a todos los especuladores que pensaron que ganarían con el dólar. Pues no, ganaron los que apostaron a la producción y compraron mercadería. Y no ganaron los que compraron dólares. Esto es lo que se llama pérdida por costo de oportunidad, ya que por comprar dólares dejaron de ganar lo que hubiesen ganado si apostaban por la actividad productiva.

Pero por si fueran pocos los problemas, la guerra entre la OTAN manejada por EEUU y Rusia, localizada en Ucrania, a cerca de 15.000 km de nuestro país, elevó el precio de los alimentos y la energía en todo el planeta, fogoneando una inflación infernal en la mayoría de los países. La tasa de inflación mensual pasó desde antes de la guerra a la actualidad, en Alemania del 0,5% al 2,5%, en Francia del 0,6% al 1,5%, en Italia del 0,3% al 1,2%, en España del 1 al 3%. Argentina es productor y exportador de alimentos, por cuanto todo lo que comemos los argentinos lo producimos nosotros, pero la inflación se importa por dos razones fundamentales: las expectativas y la avaricia de las corporaciones exportadoras, que se quieren quedar con todo.

La inflación en su expresión de puja distributiva está teniendo como claro ganador al sector empresario en detrimento de los ingresos de los sectores populares – trabajadores jubilados, titulares de AUH y de programas sociales –. Se conoce que gracias a las bondades de nuestros variados climas y suelos, el costo de producción en alimentos es muy bajo en Argentina, en relación con el resto del mundo, lo cual ocasiona una Renta Agraria Diferencial, que es una ganancia extraordinaria para nuestro país. Eso ya se lo querían quedar las corporaciones exportadoras, pero ahora también se quieren quedar con la Renta Extraordinaria Inesperada a causa de la guerra, ya que el alza de precios internacionales no fue producto ni del trabajo, ni de mayor inversión, ni de mayor esfuerzo. Es solo una renta extraordinaria percibida por los aumentos de precios de nuestros productos de exportación. Entonces, nos pertenecen a todos los argentinos y no a unas pocas corporaciones exportadoras. Por esto, el gobierno ha comunicado que está diseñando un mecanismo para redistribuir esa renta extraordinaria que, debería incluir tanto a la renta inesperada por la guerra como a la renta agraria diferencial por las bondades y variedades de climas y suelos.

Asimismo, la creación de un gasoducto que une de sur a norte nuestro extenso país, permitirá aumentar la producción, bajar los costos, aumentar la competitividad, y con ello ordenar los sectores externo y fiscal. Se conoce que la construcción del gasoducto fue financiado con el Aporte Solidario de las Grandes Fortunas, mostrando que cuando los más ricos pagan, la situación mejora para todos, además de volver la estructura tributaria más justa y progresiva. Entonces, sería momento para transformar el aporte extraordinario en un impuesto que se pague todos los años, de manera justa, como un porcentaje del incremento patrimonial desmedido de esas fortunas, y sería momento también, para emplear las herramientas disponibles por el Estado para reducir al mínimo posible la evasión, la elusión fiscal y el contrabando, tanto de nuestra pampa húmeda como de nuestra pampa azul, además de fortalecer y sacar rédito económico de nuestro plan satelital.

Author Details
Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros.

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